Viendo llover desde una terraza




Después de que has superado el lunes, de que lo hemos dejado atrás, con lo que supone iniciar una nueva semana y retomar el camino de la vida cotidiana, os escribo esta meditación para que el cuerpo, la mente y el espíritu reciban una especie de masaje que ayude a armonizar tus fuerzas e ilusiones, que impulse vuestras energías y proyectos, de cara a que cobren vigor y agilidad. Es posible, vamos a ello. Días atrás, la lluvia necesaria ha hecho presencia en España. Salvo las desgraciadas muertes y desaparecidos, o los daños materiales –que estos sí afortunadamente tienen solución–, la lluvia está llena de energía positiva.
       Cuando te sientas en una terraza a ver llover mientras hace otra acción, por ejemplo, corregir un texto, observas los diferentes planos de la lluvia. A través de esos múltiples enfoques captas también las distintas perspectivas que asumen las personas y las que desde nosotros tienen los objetos o los elementos de la naturaleza circundante. Miro y aprecio a un cuarteto de trabajadores terminando de montar una serie de jaimas para un evento social. Se les ve a gusto, relajados, mientras realizan su tarea profesional. Trabajan sin padecer estrés, sus rostros transmiten alegría y cordialidad pese al esfuerzo. Entonces, mi amigo el Rúas, periodista de la calle, se pregunta ¿por qué trabajan a gusto esos hombres? Las posibles respuestas se le vienen a la mente al Rúas: les gusta el trabajo que realizan. Si es así, hace tiempo que descubrieron su vocación profesional, lo que muestra a su vez su inteligencia ya que descubrieron y tomaron la decisión de dedicarse a una profesión que les llenaba. Aún siendo conscientes de que todo no era un camino de rosas.
       Pero el Rúas que le gusta además de su quehacer periodístico, la sociología y, sobre todo, la Filosofía de la Razón Vital, se sigue haciendo cuestiones. E indaga que te indaga como un chiquillo detrás de una ristra de caramelos el Día de Reyes. Y se percata de que aquel cuarteto de hombres es consciente del valor de su quehacer laboral. Ellos saben que están aportando valor añadido con su tarea diaria, están facilitando a las entidades que requieren de sus servicios un trabajo necesario. Por tanto, con su trabajo remunerado están aportando a las entidades, a los grupos sociales, que les contratan. Pero es que además con sus nóminas y seguros sociales, por un lado, sacan sus vidas adelante, y contribuyen a la hucha común de la Hacienda pública. Esa que tan cervantina se hizo por profesión ejercida por el bueno y genial Don Miguel; esa que Cervantes convirtió en objeto de su mirada literaria y, por tanto, de su observatorio para la vida.
       Y el Rúas, que es colega antiguo de Sancho Panza, sigue pacientemente mirando. En su niñez, ahora querida lectora que nadie nos escucha, te diré que se dedicó a bucear entre las aguas más profundas para conocer los icebergs. Le acompañaba un discípulo aventajado del gran Jacques Cousteau, que fue su maestro de buceo entre icebergs y atolones. Y ahora el Rúas cae en la cuenta de que ese póker de hombres sabe trabajar en equipo. Se trata de un gran descubrimiento, sobre todo en un mundo en el que ha primado desde finales de los setenta hasta recientemente el individualismo ególatra. Ese grupo de personas ha sabido aportar su talento, su capacidad de trabajo, su sentido emocional, para que el quehacer colectivo salga adelante de la manera menos trabajosa posible. Cada uno de ellos se ha facilitado el trabajo a sí mismo y a sus otros compañeros.
       Y el Rúas coge su copa, la alza en honor de su colega Sancho, e invoca al espíritu de Don Quijote. Llama al sin par Alonso Quijano para que aparezca en esa fiesta improvisada que ha montado mientras llueve copiosamente. Y al llegar Don Quijote, le susurra cómplice al oído: viejo maestro, ¿y si nos vamos por las carreteras, autopistas, cielos, líneas férreas y campos de España y vamos enseñando el espíritu del buen trabajo en equipo a hombres y mujeres de España? Tal vez, solo tal vez, el de Móstoles deje de rivalizar torpemente con su vecino de Alcorcón. Tal vez, el andaluz y el vasco dejen a un margen los tópicos sobre sí mismos y sus paisanos de otras regiones.
       Don Quijote, que ya ha recorrido el mundo varias ocasiones, se queda pensativo. Medita largamente, es lo que tiene la suma de la experiencia de la vida, que acaba convirtiéndose en sabiduría vital. Se azuza su cuidada barba. Mira las jaimas sabedor de que son jaimas y no molinos de viento. Se le viene a la memoria Lepanto, pero también los cuentos de su niñez que le contaba su abuela. Aquella abuela, que también había escuchado aquellos relatos de sus antepasados, le decía al pequeño Alonsito Quijano, mi niño, que hubo un tiempo en que cristianos, musulmanes y judíos convivían en paz y armonía por estas tierras.
A Don Quijote, aquella tarde de otoño, junto a sus amigos el Rúas y Sancho Panza, se lo confirma al observar que en una de las jaimas ondea en su vértice más alto la bandera de España. ¡Qué curiosa es la causalidad!, medita ahora el hidalgo clásico. Aquel día por la patochada del niño consentido catalán y sus absurdos comentarios, la deuda española se ha disparado cuarenta puntos. El niñato, dícese del petulante y presuntuoso, que se ve abocado a solicitar el mega crédito de casi 5000 millones de euros por los desmanes y tejes y manejes de su partido y de los restantes que han estado al frente de la partitocracia andante y tunante, ha vuelto a sacar los pies del tiesto. Es lo que tiene pedir nada más que derechos y no asumir responsabilidades.
       Y entre charla y charla del Rúas, Sancho Panza, Don Quijote y un servidor, aparece Cervantes con su capa elegante y nos remata la faena: han salido Rossell, presidente de los empresarios españoles y catalán, y Lara nacido en Cataluña, propietario del mayor grupo editorial en lengua española del mundo, diciendo que Cataluña es España, y que quien lo dude no cuente con ellos ni sus empresas ni socios ni trabajadores. Don Miguel que es español universal y eterno, mira en su agenda documentada y dice: esto ya le pasó al PNV e Ibarretxe.
Buen martes, paisano. 

Comentarios

Entradas populares