Bajo el Sol, amor y pasión



El lunes pasado, la 2 nos regalaba la proyección de la película sueca Bajo el Sol. Como en otros artículos sobre el Séptimo Arte, siguiendo a Julián Marías, recordamos ahora la importancia que éste ha tenido en la formación de una educación sentimental entre las personas y las generaciones que nos hemos ido sucediendo desde que el cine se convirtiera en el siglo veinte en una de las principales actividades de afición y ocio. El origen de todo ello radica previamente en la influencia que a su vez la literatura, especialmente a través de la novela, el cuento y la poesía, ha ejercido sobre el cinematógrafo. Al haber un número importante de producciones que se han filmado a partir de una obra novelada, ese injerto del contenido novelado ha arraigado y se ha expandido. Y a través de esa correa de transmisión, se han ido formando unas imágenes, unos comportamientos y unos símbolos que han prendido en hombres y mujeres cuando han contemplado una cinta y la han asimilado. Eso explica en parte el hecho de que determinadas escenas de películas las asociemos inmediatamente al vínculo amoroso, a la pasión desatada entre los amantes. Recordemos por unos momentos escenas de besos como los de Casablanca, El último tango en París, o El mismo amor la misma lluvia.
        La película Bajo el Sol retrata la realidad cotidiana de un granjero sueco que vive ocupado en sacar su granja adelante sin que haya una mujer en su vida. Al principio de la misma, cuando él va al periódico de su ciudad a poner un anuncio por palabras para buscar un ama de llaves, nos recuerda al inicio de Siete novias para siete hermanos. Un personaje que sale de su encerrado micro mundo interior para intentar comunicarse. Sin embargo, el guiño que hace el equipo de guionista identificando a esa mujer con la figura del ama de llaves, nos comienza a revelar que realmente Olof lo que está buscando es a una fémina que le abra el candado de sus sentimientos. Quiere compartirlos, necesita de ello, nunca lo ha compartido con ninguna mujer y está emocionado soñando en poder hacerlo. Necesita liberarse, encontrar la libertad emocional, y lleva nombre y cuerpo de mujer. Este hecho introduce un nuevo elemento importante en la trama de la obra: la realidad de aquellas personas que por sus circunstancias y decisiones viven en soledad, y esa les pone trabas para algo tan decisivo como conocer y desarrollar una relación sentimental, una razón vital clave en la vida de cualquiera. Sin embargo, Olof se ha percatado de ese vacío, otros se pasan su vida sin darse cuenta o sin querer dar una respuesta valiente a pesar de estar rodeados de mucha gente con la que podrían intentarlo, y se lanza a su búsqueda. En este sentido, nos recuerda a un náufrago en su isla personal que lanza un mensaje en una botella esperando a que alguien lo halle, lo lea y salga a salvarle. En buena medida, con el personaje de Olof se constata la máxima de Ortega y Gasset quien decía que solamente creía en los pensamientos de los náufragos. La trama de esta película, sustentada en la realidad de la vida, nos muestra que el filósofo español dio con la tecla.
Olof vence al cotilleo de sus vecinos, azuzado por el párroco del municipio que se convierte en el principal cotilla. Olof vence a la incomprensión y al espíritu libidinoso de su joven amigo Erik, quien trata por todos los medios a su alcance de llevarse al huerto a la bella, intrigante y seductora Ellen. Cuando ella entra en escena, el mundo de Olof se mueve, como la Tierra sobre el Sol. También, a pesar de ciertos rancios y necios inquisidores, Galileo tenía razón. El universo amoroso se va tejiendo poco a poco, a fuego lento. Ellen sabe que su carácter y su belleza despierta el deseo de Erik, quien desde el comienzo intenta atraerla sin tapujos. Y, sin embargo, es la ternura, la inocencia y la bondad de Olof las que van atrapándola día tras día.
Los primeros planos de las miradas de Olof son un canto a la fotografía que combina psicología, arte y literatura. Se funden en esos fotogramas la mente, la belleza y las vivencias para mostrarnos cómo va evolucionando la historia entre sus personajes. Y los silencios desempeñan su papel, manteniendo el tiempo de la cinta, haciendo que el erotismo y la tensión se fusionen. Algo parecido pudo ser el Big Bang hasta que la conjunción de todos los elementos en el momento preciso hizo posible que todo se desencadenara. Y cuando eso se produce en Bajo el Sol, el erotismo lleno de deseo, de emociones, se desata. Esas escenas están rodadas con el mejor de los gustos, despertando los instintos más sublimes del espectador. Eso es posible dada la excelente mezcla de la interpretación de los actores, los juegos de luces, los escenarios elegidos y la música que lo envuelve a todo, dejando su espacio a los silencios interrumpidos por los sonidos de los protagonistas.
El desenlace de la cinta está lleno de tensión y a su vez de profunda meditación sobre las dificultades que los amantes tienen que vencer como consecuencia de su pasado. La sucesión de planos cargados de emotividad y silencios hablan por sí solos. ¿El final? Siéntate y descúbrelo por ti mismo y en buena compañía.   

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