Cambiar uno y el vecindario



En esta época que estamos viviendo, cada vez más personas se están sumando a un proceso de reflexión, evolución y toma de decisiones que le permitan vivir más armoniosamente consigo misma, con sus semejantes y su entorno. El hecho está cargado de una profunda importancia porque supone reconsiderar las trayectorias vitales que ha seguido hasta ahora y mirar al futuro cotidiano con una nueva perspectiva. En el fondo late un cuestionamiento de cómo ha estado viviendo y si realmente le merece la pena seguir ese modelo y proyecto vital, o bien se hace necesario realizar una serie de modificaciones que le permitan lograr ese encuentro con su equilibrio personal. En función de la coherencia y de la honestidad que haya seguido hasta ahora en su vida, esos matices implicarán menor o mayor grado de cambios. Por tanto, en ese detalle ya descubrimos algo importante para dotar de cordura a una vida: descubrir cómo se quiere vivir y luego a continuación ponernos manos a ello para intentar superar las circunstancias y que éstas remen a nuestro favor. Julián Marías, en diversos momentos de su obra filosófica, nos recordaba en este sentido la actitud de los románticos. Les aplaudía el entusiasmo que aquellos pusieron para hacer sus trayectorias a partir del amor, la ilusión y la fuerza hacia un proyecto personal, la búsqueda de esa libertad que tanto ansiaban. Y, sin embargo, se percató de que cometieron el error de dejar una buena casa o una digna casa por intentar construir otra suntuosa, y al final, sobre los cimientos y escombros de la primera no pudieron edificar la otra. Ese hecho real nos ha de hacer meditar sobre la importancia de saber valorar lo que tenemos y a partir de una mirada sensata y tranquila tomar decisiones que sí nos sean favorables y propicien la consecución de nuestra meta.
        Para que se produzca ese avance propio y ajeno, para que la convivencia sea mejor y, por tanto, supere las diferencias o los desencuentros del pasado, es imprescindible hacer ejercicio honesto de conciencia personal y colectiva. Y cuando cada uno alce su mirada y también se proyecte la visión del grupo hacia la lontananza que se pretende alcanzar, será clave dejar a un lado la autarquía y el ombliguismo. No pensar que uno, nosotros o nuestro barrio es el centro del mundo, aunque sí evidentemente sea nuestro entorno cotidiano. Es obvio también decir que cada avance que logremos dar a nivel propio y cívico contribuirá a enriquecer a las personas e instituciones implicadas y a proyectar una energía y unos hábitos favorables a otros lugares con los que nos relacionemos. Ese influjo positivo también lo recibiremos cuando nosotros y nuestro mundo reciban los injertos valiosos de otros pueblos.
        A veces, como en más de una ocasión he comentado con mis contertulios Sofía, Rúas y Perenne, miramos hacia fuera, hacia los grandes entramados públicos y privados internacionales, para apuntar a sus responsabilidades en las dificultades que estamos viviendo. Siendo real las mismas y, por consiguiente, necesario que la ciudadanía de nuestro país y de la mayoría del Mundo exijan el cumplimiento de las mismas y la preservación de sus derechos, hay realidades de ese mundo cotidiano que es el barrio de cada persona que requieren cambiar si es que se quiere de verdad convivir mejor. Y ahora paso a exponeros dos casos que Rúas y Perenne me han hecho llegar en los últimos días y que ejemplifican con claridad lo que os estoy argumentando.
El primero viene de la mano del curioso Rúas quien me comentaba como en el último mes había ido en varias ocasiones a la papelería que frecuentaba desde hacía años para encargar un libro. Se trata de un ensayo que ha escrito Perenne y ha editado la amiga Sofía en su empresa. Curiosamente el papelero le decía que sí que iba a llamar a la distribuidora para pedir el ejemplar y poner otros a la venta. Así ocurrió en las dos primeras ocasiones, es más, llegó a preguntarle a Rúas en su primera visita tras encargarle el ejemplar para él, que si aquel ensayo se estaba vendiendo bien. Rúas, irónicamente sorprendido, le respondió que allí estaba él encargándole un ejemplar. En la tercera de sus visitas, ya un poco cansado de la actitud del papelero más próximo de su barrio, le indicó que hablara con el distribuidor. Rúas sencillamente se despidió y decidió que pasaría mucho tiempo hasta que volviera a entrar en aquel negocio.
        El segundo de los casos reales me lo presentaba el Dr. Perenne, ya recuperado de su gripe, y le había ocurrido con la pastelera de su barrio. Llevaba el bueno de Perenne comprando dulces, pastas, tartas y baguettes en aquel horno desde hará unos veinte años. Pues aquel mediodía de sábado cuando llegó a él para comprar unos pasteles para el café, aquella le comentó que se había enterado de que había publicado un nuevo ensayo sobre la Sanidad.
Así es, le confirmó Perenne a su pastelera.
Aquella mujer le pidió un ejemplar dedicado.
Unos días después la mujer de Perenne, Sara, fue a llevarle el ejemplar dedicado a la pastelera. Ésta al verla entrar con el libro en la mano se apresuró a decirle que ahora no podía pagarle los 15 euros del ensayo hasta que no pasaran las fechas de Navidad y la campaña de los Roscos de Reyes.
Sara respondió con sorna y le comentó que volvería el día de Reyes para dejarle el regalo en forma de libro. 
        Sofía, editora del ensayo de Perenne, alemana de origen y española de sentimiento, alzó levemente su voz para decirnos: ni todas las multinacionales son diabólicas ni todos los vecinos santos. Hay que quitar las máscaras.
        Seguiremos mañana aquí contigo, con vosotros, en el Rick´s Café. El fin de semana nos espera.  

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