Casablanca, setenta años después



Se celebraba el pasado lunes, la séptima década del estreno de Casablanca. Aún recuerdo la primera vez que la vi, era una noche de sábado de aquellas en la que solo había dos canales en España, la 1 y la 2. Entonces, tendría unos cinco años, las películas se clasificaban por rombos, costumbre que procedía de los tiempos de la censura, y que luego se recondujo para clasificar los films según las edades. La verdad no recuerdo los rombos que le podrían al clásico de Michael Curtiz. En mi memoria aún revuela la primera impresión que me llamó la atención mientras la veía: ella, Ilsa Lung
–interpretada por Ingrid Bergman–, se iba con su marido y no con Rick. En mi cabeza se quedó rondando la pregunta ¿por qué?
        A partir de aquel momento, me hice seguidor de Bogart. Menos mal que en muchas otras cintas, acababa bien acompañado, sobre todo en aquellas en las que aparecía en escena la bellísima Lauren Bacall, la mujer de ojos y mirada felina. Humphrey no solo fue inteligente en la pantalla sino también fuera de ella, y no dejo que la rubia se fuera de su vida. Como ella le decía en alguno de los diálogos de las obras cinematográficas que compartieron, solamente sílbame y allí estaré.
        Años después, en tiempos universitarios, recuerdo que hice un trabajo muy celebrado para la asignatura de Historia del Mundo Contemporáneo. ¡Qué gozada estudiar y analizar la historia a través del cine clásico! Llegué durante aquella etapa a recitar de memoria todos los diálogos de Casablanca. Sencillamente son magistrales. Cada frase, cada expresión, es una sentencia llena de vida, de aprendizaje para ella. Un estímulo para torear los avatares que a cada uno se le presentan. De hecho, entre los motivos que hacen de Casablanca un clásico está la capacidad de mostrarnos cómo cada personaje va afrontando las vicisitudes y circunstancias de sus trayectorias vitales. Ese hecho demostraba lo que en este blog o en el Literaventuras del profesor Garrote hemos comentado en otras ocasiones: la importancia de la literatura, de las bellas artes, para entender las historias de vida de cada persona y de los pueblos. Así la presentación del escenario principal en el que se desarrollan los acontecimientos, el Rick´s Café Americain, es magistral. Con un barrido primero general y luego ya en planos detalle, el equipo de rodaje nos sitúa ante la realidad de la trama: gente de aquí y de allá comerciando con oro, joyas, dinero, información estratégica o ellos mismos con el único propósito de lograr los visados que les permitan salir de Casablanca e ir a América, previo paso por Lisboa. El final de esa escena es sublime, Rick jugando una partida de ajedrez con él mismo o con un rival desconocido, alguien que iremos descubriendo a lo largo de la cinta.
        Dentro de cada personaje, de cada relación, que se nos presenta a lo largo de la misma, hay una serie de símbolos y de códigos que ayudan a explicarnos los entresijos que los envuelve. El pasado de cada uno y de todos no solamente se muestra a través de los flashes backs que el director y los guionistas compusieron desde el inicio de la misma. También a través de otros personajes cuya entrada en la trama sirven para reconducir las posiciones de los intérpretes principales y los cambios en las tomas de decisiones que van a ir adoptando sobre la marcha. Por ejemplo, la joven pareja búlgara que busca desesperadamente cómo hacerse con los visados que le permitan salir de Casablanca y viajar primero a Lisboa y luego a Estados Unidos. Desesperados, ella, sin que su joven marido lo sepa ni intuya, está dispuesta a ceder a los deseos sexuales del corrupto prefecto Renault para lograrlos. Ellos representan una proyección del matrimonio que forman Víctor Laszlo e Ilsa Lung. Pero también, simbolizan ese amor auténtico que brotó entre Rick e Ilsa en París cuando ella creía que era viuda.
La decisión de Rick de dejarles ganar el dinero que necesitan en la ruleta de su Cabaret es decisiva a la hora de ir dando coherencia a las decisiones posteriores y al desenlace de la trama.
        Un par de cursos después de aquel primer trabajo sobre Casablanca, volví a retomar su estudio para hacer un análisis entre la misma y el clásico literario Werther de Goethe. Entonces y después de haber visto la película en incontables ocasiones y de haberla analizado a partir de cada diálogo y secuencia, llegué a la conclusión de que la salida final de Rick está llena de sabiduría de la vida. Y además entroncaba perfectamente con una visión sobre las relaciones de pareja que se tenía en aquella época cuando las mismas eran fruto del amor. Él se da cuenta de lo que simboliza Ilsa en la vida del líder checo de la resistencia europea Víctor Laszlo y sacrifica aquella pasión sincera de París por otros ideales propios, que además son cómplices de aquella emoción. En el fondo son complementarias maneras de manifestar y vivir el amor; amor hacia la amada; amor hacia la amistad (el pianista Sam); amor hacia los valores de la democracia (por eso mata al general nazi Strasser). Y al sacrificar ello, gana porque poniéndose en la posición de cada uno y de los otros, él se salva. Recupera el camino vital que había llevado hasta que se había dedicado a ser empresario de un cabaret. Recupera la ilusión y la creencia de que se volverá a enamorar, y que sí será plenamente correspondido sin que exista un tercero en discordia. La lección de vida en este sentido de Casablanca es extraordinaria. Desgraciadamente, todavía hoy, cuando han pasado setenta años de su estreno, mucha gente de varias generaciones no se han percatado de esa realidad vital, no la han asimilado. Si lo hubieran hecho, aprenderían algo decisivo en la vida de una persona: saber terminar una relación cuando esa no le aporta el equilibrio ni la alegría cotidiana. Romper con los lastres del pasado que evitan a más gente de la que en un principio se pudiera pensar, a vencer esas rémoras de antiguas relaciones, a limpiarse y volver a amar cuando se presente la persona con la que merece la pena intentarlo.
        Os dejo con una escena de Casablanca:

Comentarios

  1. Tienes toda la razón. Hizo lo correcto. Pero yo aún espero cada vez que veo Casablanca que ella no suba a ese avión.

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  2. Gracias Gabba, todos nos lo hemos preguntado tantas veces. Encantado de verte por el Rick´s Café.

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  3. http://www.youtube.com/watch?v=AoFi4UdLK0w

    Mi escena favorita :Rick era un alma cuya nobleza estaba en cada nota musical de las partituras de Sam, Era un hombre justo lleno de valor y coraje, Nada que ver con la egolatría la soberbia y el cinismo.

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  4. Es otro momento decisivo de la película, Rick se va tornando hacia la Resistencia cuando da el ok a que toquen la Marsellesa tras las indicaciones de Laszlo.

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