Cervantes, clave española 1


Cervantes está presente en nuestras vidas. Mi primer encuentro con él acaeció cuando siendo un niño mi tío Pedro me regaló una edición para niños del Quijote. Su cubierta de pasta dura, fondo celeste, venía ilustrada maravillosamente para atraer la atención de los más pequeños, al igual que el interior para estimularnos y facilitarnos su lectura y comprensión. Poco tiempo después, nuestra generación pudo disfrutar de la serie de dibujos animados que Televisión Española emitía los sábados al mediodía. Las voces de Fernando Fernán Gómez y de Antonio Ferrandis en los papeles de Don Quijote y Sancho Panza forman parte de nuestra memoria sonora. Recuerdo que a raíz de aquella serie, los empresarios avispados sacaron figuras de los dos personajes y maletas decoradas con escenas quijotescas. Cervantes seguía generando riquezas para su país y sus compatriotas. Curiosidades de la vida, en Europa, España y el Mundo hoy una de las partidas que más recortes sufren son las relacionadas con las actividades culturales, y éstas por el contrario cuando las analizamos con detenimiento y honradez resultan que son de las que mayor riqueza generan. Fijémonos sencillamente en lo que hasta aquí hemos presentado, un cuento, una serie de dibujos animados, una colección de muñecos y materiales escolares para los críos. En esas actividades, participaron actores, ilustradores, artistas, equipos audiovisuales, toda la cadena del mundo de la edición, …
        Años después, la escuela y la biblioteca del abuelo me hicieron reencontrarme de nuevo con Cervantes y su obra. La edición magnífica, todo un clásico, con cubierta de piel cuyas letras y dibujos  están grabadas combinando el papel oro y el rojo sangre. En el interior, las ilustraciones de Gustave Doré. Aquella lectura suponía entrar en conciencia con la serie de historias de vida que aquel escritor había ido recopilando. La mirada ya tenía que ser otra. Una visión que se fue enriqueciendo durante la etapa universitaria. Fue poco antes cuando fui descubriendo la presencia de Cervantes en el territorio español, y de modo muy significativo en la ciudad de Sevilla. Primero, un busto que se encuentra en la calle Entrecárceles. Por cierto, que para muchos pasa desapercibido. Su ubicación en ese lugar tiene su razón: Cervantes estuvo preso en el edificio contiguo, que fue en su momento Cárcel Real. Curiosidades de la vida, desde hace años, esa edificación es sede de Cajasol, hoy Caixabank, unas de esas cajas de ahorros que por arte de trileros, corruptos y maleantes políticos y sindicales, han provocado el agujero en las finanzas españolas. Y Cervantes que era hombre honesto y valiente, como nos recuerda Julián Marías en su ensayo Cervantes, clave española, pasó por la cárcel. Eso sí, afortunadamente, solo pasó y no se quedó. Esperemos que esos maleantes después de haber rendido cuentas con la Justicia y de devolver lo robado con sobrecarga a la Hacienda común, conozcan la morada.
Pero continuando con la ubicación del monumento a Cervantes en ese enclave sevillano, me pregunto dada la sencillez del mismo, si es que ¿Sevilla aún se siente avergonzada de lo que se le hizo a Cervantes en la época? Da la impresión de que esa vileza cometida por las autoridades de aquel tiempo estuviera presente. Si pensamos, por ejemplo, en la grandiosidad y posición central del monumento a Cervantes y a sus personajes en la madrileña Plaza de España, el contraste es acusado. Dejo ahí lector, a vosotros lectores, la pregunta. El monumento sevillano se erigió en 1974, cuando la Transición estaba prendiendo, en ebullición. Parece que solo en los imaginarios colectivos de los que le pusieron más tarde rúbrica legal en papel, pero no en su imaginario real, en su conciencia de acción. El peso de la culpabilidad que algunos beatos con cargo tanto promovieron entre la gente, adeptos al antiguo régimen dictatoriaL, está presente. Pero también el de los falsos conversos que luego les sustituirán en las poltronas políticas al calor de la partitocracia. 
        Ya en plena navegación universitaria, una mañana en la que la madrugada festiva había conducido a esas horas de vuelta a casa tras saborear un buen chocolate con churros, al pasar por una librería que entonces se encontraba a escasos cincuenta metros del monumento sevillano a Cervantes, vi en su escaparate central un ensayo del profesor Gaspar Garrote titulado Quijote versus Sancho. Dos visiones del mundo (Ediciones Temas de hoy). Cuando ya había descansado de la farra de la noche anterior, vivencia universitaria imprescindible, me hice con el libro. Con su lectura entendí algo que había intuido en mi niñez al ver la serie de dibujos animados: cómo ambos personajes se habían hecho injertos el uno al otro en sus formas de comportarte e ilusiones, así como también en poner los pies en el suelo, conforme habían ido conviviendo y teniendo aventuras. Por tanto, como Don Quijote había hecho cambiar la forma de vivir y su visión del Mundo a Sancho, y viceversa.
Años después, en el cine viendo la película Mejor imposible, con las interpretaciones geniales de Helen Hunt, Jack Nicholson y el resto del equipo, hay un plano en el final de la película en que el espíritu de Cervantes reapareció de pronto: cuando el histriónico escritor que encarna Nicholson va a cerrar la puerta de su vivienda después de un maravilloso viaje con su amada camarera (Helen Hunt) y con su vecino homosexual (Greg Kinnear), de pronto se para y decide no echar el seguro de la misma. El propio Nicholson se sorprende a sí mismo y se lanza una sonrisa irónica cargada de una gran fuerza terapéutica. Se ha dado cuenta de que con el trato que está teniendo con su personal Dulcinea y con su vecino, los fantasmas y las preocupaciones que le angustiaban desde que se había convertido en un literato reconocido comenzaban a desaparecer.
En este tiempo en el que tantos miedos se azuzan por intereses de unos pocos, bien merece la pena que nos acerquemos a Cervantes y a sus personajes reales para ahuyentar los prejuicios, los temores y las preocupaciones. Gracias a nuestros 125 000 lectores por estar ahí cada jornada. Seguiremos hablando de Cervantes pronto, hasta entonces ponle, ponedle, una sonrisa a este jueves lluvioso.

Comentarios

  1. En Zaragoza tampoco te creas que somos mucho más espléndidos con Cervantes que en Sevilla.

    Por cierto, el libro de Marías me parece una joya.

    Un abrazo.
    Rafael (Polizón y Náufrago)

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  2. Estoy pensando en una entrevista a los autores de Crispín y el Dragón Agamedón.

    El libro de Marías extraordinario.

    Un abrazo

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