Cronistas con pinceles entre dos continentes



Miércoles, víspera de Todos los Santos en España y de Halloween en Estados Unidos. Había quedado con Sofía y Rúas para ver la inauguración de la exposición de pinturas de los artistas urbanos andaluces y marroquíes en la sede de la Fundación Tres Culturas, institución bendecida por la rosa. Hombres y mujeres artistas de Andalucía y Asilah han unido sus inquietudes para desde su mirada pictórica ofrecernos su visión de las tierras andaluzas y marroquíes que han visitado durante varios fines de semana.
        La primera impresión que extrae Sofía es que entre aquellos pintores urbanos hay material para decorar con elegancia y originalidad una casa, bien con los cuadernos de viaje totalmente desplegados, bien tomando algunas escenas concretas formando un único cuadro. Sofía aprovecha la ocasión para entablar contacto con algunos de ellos de cara a tenerlos como ilustradores de los libros que edita. Aprecia sensibilidad, visión lúcida, calidad, una trayectoria fecunda y vocación en varios de aquellos cronistas urbanos del siglo XXI.
      La variedad de estilos también queda manifiesta en los expositores. Encontramos la sencillez de quien prefiere centrarse en unas pocas escenas de Cádiz y Asilah, permitiendo que cada una destaque por sí misma y la visión de quien la contempla pueda saborear cada detalle y descansar entre cada fragmento de la realidad retratado. También quien se detiene no solamente a radiografiar con sus tintas y acuarelas las ciudades de partida y destino, sino también Conil, Algeciras y Tetuán que sirven de hermosas paradas entre ambos puntos. Quien así lanza sus pupilas tiene una lupa larga, profunda y concreta de cada una de las estaciones.
        Rúas se acerca hasta mí y me indica que le llama la atención como en esta ocasión Ana Triano ha tomado su cuaderno como un laboratorio de pruebas. Las pocas escenas que tiene terminadas las ha mezclado en posiciones vertical y horizontal, lo que invita al coleccionista a quedarse con una de esas escenas llenas de luz y colores en las que la naturaleza a través de las palmeras y los pavos reales está muy presente.
     Por mi parte, observo como los artistas marroquíes juegan en sus composiciones con los símbolos caligráficos y el respeto hacia la tradición árabe que retrata los oasis y la naturaleza a través de sus pinturas y de sus azulejos. En este intercambio de ideas, estilos y contenidos que es la pintura, como cualquier arte y ocupación humana, capto también como cronistas de ambos lados van fusionando elementos comunes. Y si de fusión hemos de hablar, llama poderosamente la atención la obra de Rosa María de Trías, quien tiene la originalidad de combinar recortes de revistas y diarios para combinarlos con sus trazos y acuarelas, y montarnos composiciones llenas de fuerza, fragmentos plenos de significado y encanto.



        Rúas, como quien ha descubierto un detalle cargado de contenido, se acerca hasta Sofía y un servidor. Nos dice ­–venís, quiero que veáis un detalle.
        Nos acercamos hasta el cuaderno expuesto que le ha llamado la atención, y se fija en una escena colectiva. En las palabras que acompañan, hay una frase cargada de simbolismo The Boss. El siglo XX, en pleno veintiuno, con sus yoes está muy presente. Y tras echarnos unas sonrisas de complicidad, nuestras tres mentes se fusionan en una y preguntan al público ¿será posible que La Jefatura sea rotatoria y cada uno comparta con el otro?
Sofía, Rúas, yo y Perenne –quien no ha podido acompañarnos por estar de guardia en el hospital– estamos desde tiempo inmemorial acostumbrados a trabajar en equipo, todo un logro en esta España y en este Mundo que exalta la vanidad de vanidades. Por eso nos llama la curiosidad o no tanto que existan puentes por construir entre pinceles, desde luego hay cuadernos y espíritus dispuestos a ello. El progreso, la evolución personal y colectiva auténticas vienen por ahí. Será entonces cuando las Tres Culturas y las otras que se sumen, florezcan a nivel individual, interpersonal, intergeneracional y social.
      Acompañados de otros amigos, Sofía, Rúas y yo nos despedimos hasta pronto del bellísimo Palacio sede de la Fundación Tres Culturas. Merece la pena cruzarse el Guadalquivir y transitar por la Cartuja para adentrarse por esta obra de arte arquitectónica que Marruecos legó a España tras la Expo 92. Mientras transitamos hacia algún punto del Aljarafe para dar cuenta del buen tapeo, pienso en la posibilidad de que en esta u otras exposiciones el artista dedique un día a explicar y dialogar con los espectadores acerca de su obra. Es una manera de establecer vínculos, de acercarse unos a otros. Quede ahí la sugerencia. Y te deseo, os deseo, una buena semana. 

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