Cuando Roma calla...



… el escritor habla. Como lo hace Fausto Antonio Ramírez en su novela, Ediciones Ushuaia, a partir de un análisis riguroso de la documentación y del resto de sus fuentes consultadas, de su mirada con perspectiva y distancia de la Curia Vaticana. Una visión la del literato nacido en Málaga y afincando en Santa Cruz de Tenerife, está claro que el mar le inspira y le seduce para vivir, nacida de sus estudios en Teología Bíblica, que posteriormente desarrolló como docente y director editorial. Y que tiene en sus inquietudes espirituales una clara continuación en esta obra.
La trama que crea Fausto Antonio nace de meter su lámpara en los entresijos más escabrosos y espurios de la actual cúpula dirigente de la Iglesia Católica. En este sentido, resulta muy llamativa la figura del Sumo Pontífice, Julio IV, alter ego de otro Papa, quien se mantiene en un discreto segundo plano observando y dando beneplácito a que se realicen las pesquisas para desentrañar la corrupción financiera y sexual que se ha desatado entre ciertos personajes y miembros de la curia con la intención de que se descubra y se resuelva. En este sentido, la novela Cuando Roma calla, nos hace recordar a otro clásico de la literatura como es El nombre de la rosa. En ambos textos se aprecia nítidamente las luchas de poder que en el seno de la Iglesia Católica se vienen desarrollando desde hace demasiado tiempo. Si en el libro de Eco, el héroe proviene desde el interior de la Iglesia, concretamente desde la orden franciscana a la que representa Guillermo de Baskerville; en la novela de Ramírez surge desde la policía vaticana en la figura de la bella y elegante Gina Cavallo. La investigadora italiana simboliza ese acceso a los puestos de dirección que cada vez más mujeres están logrando en el Mundo en las últimas décadas, y supone una continuación de célebres inspectoras como Miss Marple. Encima Gina es de esas femeninas a las que cualquier hombre con sentido común se girará al verla pasar, dado su porte y elegancia.
La escritura de Ramírez atrapa al lector porque, además de mantener el interés a lo largo de su desarrollo, es capaz de hacer algo complicado desde el punto de vista de la técnica: los capítulos son micro relatos a través de los cuales se nos van presentando los personajes, nuevos elementos para ir haciendo más compleja la suma de intereses enfrentados e ir dándonos pistas para ir desenmascarando a los responsables del blanqueo de dinero y de los abusos sexuales cometidos. Y en la lontananza, desde Castelgandolfo, la bella localidad del Lacio conocida por ser la residencia habitual del Papa durante sus vacaciones veraniegas, aquel observa y se informa sobre cómo se van desarrollando los acontecimientos, siempre teniendo una posición clara de que los trapos sucios se lavan en casa.
En el transcurso de Cuando Roma calla se lanza un nítido mensaje crítico a esa realidad de la casta vaticana y de sus grupos de interés, y un posicionamiento a favor de acabar con ellas y renovar la actitud y el compromiso de la Iglesia Católica con los valores del Concilio Vaticano II. Nuevamente, se hace una llamada a reivindicar la figura de Juan XXIII y su manera de proceder que supuso un soplo de aire fresco, sereno y necesario. Siempre ese mensaje fue imprescindible, pero en tiempos de dificultades como los que vivimos en el plano de la persona, de la sociedad y de la convivencia entre pueblos, aquel comportamiento de Juan XXIII se vuelve más actual y con visos de futuro. Recordemos que Juan XXIII luchó por acercar nuevamente el papel de la Iglesia Católica a la comunión y al diálogo con las otras confesiones religiosas y con agnósticos y ateos. Con el Concilio Vaticano II se lanzó un mensaje explícito de cada día trabajar por la utopía cotidiana de favorecer la vida de todas aquellas personas con problemas de cualquier índole, desde económicos a educativos, pasando por los espirituales. ¿Dónde quedo aquello? Está claro que en ciertos sectores de la curia vaticana, no.
Si en el artículo de ayer, con el que comenzábamos esta semana en el Rick´s Café, hacíamos una apuesta por el florecimiento del talento español entre las nuevas generaciones, y defendíamos la necesidad de apoyarlas, hoy rememorando aquellas palabras, podemos afirmar que Fausto Antonio Ramírez merece ese apoyo del mundo editorial y lector para que su obra siga creciendo y expandiéndose. Es una de esas personas con vocación dispuesta a tomar decisiones difíciles con tal de vivir como le ilusiona. En los últimos meses, en las últimas semanas, habréis podido comprobar como otros compañeros de la prensa, se hacían eco de la publicación del nuevo libro de Eric Frattini. El escritor nacido en Lima es todo un clásico ya reconocido universalmente por su larga y fecunda trayectoria. Desde aquí, como decíamos ayer, reivindicamos la necesidad de dar cancha a los nuevos talentos que están floreciendo en España. 

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