El Don de la Batalla, poesía de las entrañas



Sí, de las entrañas, le ha salido a María Luisa Mora su poemario El Don de la Batalla, Ediciones Vitruvio, galardonado con el X Premio Nacional Cieza del Manzanares. De las entrañas de la vida y de las experiencias vitales. De haber perdido en esta vida a su hija Verónica, a quien está dedicada la obra, y de haberse reencontrado con ella a través del papel, de los versos y de dialogar a diario con su espíritu. Un alma que a diario vuela y sobrevuela junto a ella, en sus piernas, haciendo posible una nueva relación que nos comunica a través de estos versos.
El proceso de valentía que ha desarrollado Luisa es extraordinario, porque ha sido capaz de transmutar la más dolorosa experiencia vital en un canto sereno y poderoso hacia el amor, la comprensión y la esperanza. Y lo pone al servicio de los lectores, de cualquier hombre y mujer que puede vivir esa realidad. En este sentido, esta obra poética contiene una profunda carga terapéutica. En estos últimos años en los que los cuadros médicos están empezando a integrar en sus equipos a profesionales del mundo de la Psicología o la Filosofía para el tratamiento de los pacientes oncológicos y de sus familiares, El Don de la Batalla es un ejemplo claro a ser tenido presente en ese tipo de situaciones. Está escrito desde la experiencia vivida y compartida. Y nos lanza a todos un claro mensaje de superación y esperanza. De recuperación de las ilusiones, ese auténtico motor de la vida personal y colectiva.
        Por todo ello ya merece la pena que te acerques a la librería que te gusta y hacerte con un ejemplar de El Don de la Batalla, bien para tu biblioteca particular o para la de un amigo. Pero es que cuando uno tiene este libro entre sus manos se percata de otros detalles de edición que lo hacen especial. Su cubierta blanca de un material de cartón rugoso, la sencillez de su dibujo central, la limpieza de la tinta negra, invitan a tenerlo y acariciarlo. Cuando abrimos sus páginas y las vamos pasando, el papel es suave, delicado. El diseño y la presentación claros y elegantes, ayudando al lector a su lectura, ya que los ojos leen con facilidad los poemas. La vista no se cansa.
        El Don de la Batalla está magníficamente estructurado. Lo hace Luisa desde la sabiduría que dan los años bregando con los versos, puliéndolos en el calor del hogar mientras se prepara un cocido o se da ese toque familiar a la casa esperando a que el compañero vuelva de su batalla laboral cotidiana. Un compañero muy presente en el mismo y con quien ha tenido que luchar codo con codo para superar el viaje de Verónica hasta volver a reencontrarse ambos con ella. Recurre Luisa a los versos de Santiago Sastre, Ángel González, José Agustín Goytisolo, Luis Cernuda y Gabriel Celaya para ir cohesionado y presentando cada una de las partes de este poemario. Y en los versos de aquellos otros poetas que reflejan la duda, el dolor o la dificultad, Luisa nos invita a dar batalla, a asimilar ese don y esa actitud ante los avatares de la vida. Se rebela y le presenta cuartel a los sinsabores hasta lanzarnos este canto ilusionado y esperanzado que es El Don de la Batalla.
         Y también lanza ese canto a hombres y mujeres que cada jornada dedican un tiempo, esfuerzo y una vocación a la poesía y a la escritura. Se rebela ella contra la soledad y la incomprensión que sufren esos artistas de vecinos y medios de comunicación oficiales, del star system establecido de plumas pagadas al servicio del politiqueo, de ciertas editoriales. Y su obra demuestra, como la de otros clásicos, que esa batalla se gana, como la ganó Cervantes.   

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