Fausto A. Ramírez: “Es el ansia de poder lo que más mueve a la gente de la Iglesia”



Su novela Cuando Roma calla, Ediciones Ushuaia, no deja indiferente a quien la lee. Los temas tratados, la corrupción financiera y los casos de pederastia en el seno de la curia vaticana, son asuntos de enorme trascendencia humana y cívica. Después de haberlo reseñado en el día de ayer aquí en el Rick´s Café y con esta entrevista, se le viene a uno la figura del escritor Emile Zola con su célebre “J´acusse” que ayudó a cambiar la realidad manipulada entorno al injusto trato dado a Dreyfus.
La documentación y el conocimiento interior de lo que habla avalan el trabajo de Fausto. Sus reflexiones en esta entrevista apuntan qué toca hacer para acabar con esas lacras y cambiar la realidad de un grupo de la curia con excesivo poder.
Hablamos también a raíz de Cuando Roma calla de las circunstancias editoriales de nuestro tiempo, evidentemente conservadoras y, por tanto, poco innovadoras, carentes de frescura y plutocrática.
¿Qué te motivó a escribir Cuando Roma calla?
La experiencia personal dentro de la Iglesia Católica, y las últimas noticias que saltaron a los medios de comunicación sobre casos de pederastia por parte de algunos eclesiásticos. Me sobrecogió la actitud de “silencio” que la Iglesia mantuvo durante décadas en la mayoría de los casos, y el chantaje económico que realizó en determinadas situaciones para que el escándalo no saliera a la luz. Pensé que a través de una novela, absolutamente verosímil, existía la posibilidad de denunciar ese tipo de actitudes por parte de la Iglesia, y que son radicalmente inmorales.
¿En qué fuentes documentales has bebido para construir la trama?
Fundamentalmente suelo utilizar dos fuentes: la actualidad que salta cada día a los medios de comunicación, aquí suelo encontrar mi mayor fuente de inspiración. Y por otro lado, las obras de autores clásicos que han escrito sobre algún tema de carácter inmortal como la traición, el amor, la libertad, la venganza, etc.
Los capítulos son microrelatos, por qué elegiste esa técnica para novelar Cuando Roma calla.
La idea era la de confeccionar una buena trama que mantuviera la atención del lector durante toda la obra. Unos buenos personajes, bien definidos y que se salieran de lo común. Unas descripciones precisas y minuciosas que ambientaran bien cada uno de los escenarios donde se iba a desarrollar la acción. Y un final inesperado. Por último, que la obra no fuera demasiado extensa, prefería dejar al lector con hambre de algo más, que saciado hasta decir basta.
En una novela policíaca, lo que importa es la acción, y mantener en todo momento la tensión de la trama. La técnica de usar micro relatos por capítulos encaja muy bien con mi intención. De esta forma, la lectura se hace más amena e interesante, puesto que antes de resolver nada en un capítulo, se adelanta otro nuevo, enganchando al lector para el siguiente, y así sucesivamente hasta que el final irrumpe de forma inesperada y sorpresiva.
¿Qué otros maestros de este tipo de novela tienes como referencia?
Me gustan, sobretodo, los autores americanos, como David Baldacci o Dan Brown. Pero, he aprendido mucho de la nueva novela negra de los países nórdicos, como Camila Lackberg, Asa Larsson, o Stieg Larsson. Estos autores tienen otra mentalidad diferente a la latina, y componen sus obras siguiendo unos esquemas menos lineales, como por el contrario hacen los italianos Andrea Camilleri o Donna Leon, o el mismo Lorenzo Silva, ganador por cierto del Premio Planeta de este año. Sin embargo, era un reto para mí establecer una trama más complicada, donde se entremezclan diferentes líneas temáticas, en principio independientes, pero con puntos de conexión que se van desvelando a lo largo de la obra, hasta que todos terminan encajando como si se tratara de un gran puzzle.
Hay momentos de la trama que recuerdan al Padrino III.
No cabe duda de que estamos hablando de un thriller policíaco, y a pesar de que muchas tramas de corrupción y conspiración se ponen al descubierto a lo largo de la novela, la conclusión es que el silencio de Roma siempre es cómplice de lo que en verdad debería ser cambio, conversión y transparencia. El Padrino III toca el asunto del asesinato del que parece ser Juan Pablo I, así como el de la corrupción dentro del Vaticano. Ciertamente, no me he inspirado en la novela o en la versión cinematográfica de la misma, pero cuando se habla de corrupción dentro de la Iglesia, es normal que todos coincidamos en algún punto.
¿Qué lleva a alguien que ha asumido el voto de pobreza a venderse por dinero manchado de sangre?
En mi opinión es el ansia de poder lo que más mueve a la gente de la Iglesia. La dimensión sacramental de la Iglesia hace que se revista de un poder divino capaz de manipular vidas y conciencias. Por otro lado, está la falta de formación de los fieles en general, lo que les hace ser muy manejables. Con un mayor sentido crítico de la Iglesia en general, y una mejor comprensión de la dimensión sacramental de la jerarquía, su poder quedaría bastante mermado, puesto que no harían que los fieles tuvieran que tragarse sus directrices como si fueran ruedas de molino. Mientras esto no cambie en el seno de la Iglesia, la tentación del poder seguirá estando ahí, y mientras el Vaticano siga siendo un Estado, todo lo que pasa en la sociedad civil se puede trasladar sin ambages al mismo corazón de la Iglesia.
En un momento de la trama, el narrador escribe la falsa sonrisa es digna de las mejores formas diplomáticas que solían usarse entre los miembros de la Curia Romana. ¿Son muy habituales?
El papado es una las instituciones más antiguas del mundo, puesto que lleva más de dos mil años de ininterrumpida existencia. Una de las notas que más caracteriza a la institución eclesial es la diplomacia, y además se jacta de ello. Sin lugar a dudas esta es una de las razones fundamentales de por qué la Iglesia sigue estando donde está, a pesar de los avatares del mundo. La jerarquía católica y especialmente la Curia Romana sabe esto, por eso ha conseguido llegar y mantenerse en su puesto hasta el día de hoy. Son muchos los eclesiásticos que desean un puesto de poder junto a la Sede de Pedro, y eso sólo se consigue siendo "diplomático". Utilizando astutamente la diplomacia se puede mantener el cargo hasta el final. No olvidemos que el Papa es vitalicio, y por lo tanto, las personas designadas por él para que formen parte de la Curia Romana pueden, si son buenos "diplomáticos", mantenerse en su lugar hasta la muerte del Pontífice, y mucho más.
Quienes montan la trama de corrupción, abusos sexuales y paraísos fiscales, como si de un ejército se tratara, van mimetizando sus comportamientos desde su cúpula dirigente a sus subordinados. Resultan muy sintomáticas esas formas de proceder porque quienes se dejan subyugar en un primer momento y no se rebelan, luego proceden de la misma manera. Psicológicamente, ¿cómo lo analizarías?
Ciertamente hablamos de una trama y de unos hechos de ficción, que son la base del argumento de la novela. No obstante, todo lo que se cuenta, o ha sucedido, o está sucediendo en la actualidad en el seno de la Iglesia. Por lo tanto, aunque los hechos que se narran en la historia son inventados, no cabe duda de que responden a momentos concretos de la Iglesia, como lo fue el asunto Marcinkus y la Banca Vaticana, los abusos sexuales a menores, y las conspiraciones de palacio en contra del Papa o de ciertos Cardenales con bastante poder dentro de la Curia Romana. Los Papas conocen bien estas actuaciones “irregulares” de la Iglesia. Otra cosa es que quieran resolver esos temas poco claros. Normalmente, las presiones para que las cosas sigan como están son enormes, y cuando no hacen caso de esto, incluso sus vidas pueden correr peligro, bien desde dentro, o desde fuera de la Iglesia. Esto parece ser que fue lo que le ocurrió al fallecido Juan Pablo I que tan sólo duró treinta y tres días como Sumo Pontífice, puesto que los indicios sobre un posible asesinato están más que demostrados. Algo parecido, pero desde fuera de la Iglesia le ocurrió también a Juan Pablo II, con el intento de asesinato a los pocos años de su elección, por parte de lo que se ha llamado la Trama Búlgara. En resumen, todo apunta siempre a la misma cuestión: el poder. Por un trozo de poder, algunos eclesiásticos corruptos son capaces de todo, como de hecho también ocurre en la sociedad civil.
Desde tu posición de escritor que ya ha publicado varias novelas y relatos, y que lo has hecho con varias editoriales. ¿Qué análisis haces del mundo editorial actual? ¿Qué perspectivas le ves? ¿Qué carencias crees que tiene que superar?
Con el tema de los libros digitales, el panorama editorial ha cambiado radicalmente. Hoy en día existe una gran proliferación de escritores que pueden exponer libremente sus obras a través de Internet. Esto supone un cambio muy significativo en cuanto a la oferta clásica de hace unos años, donde sólo se podía tener acceso a un texto a través de un libro impreso que luego se compraba en una librería, o se sacaba prestado de una biblioteca. Con Internet, los escritores con cierto prestigio han perdido terreno, y los escritores noveles han ganado notoriedad. Hoy en día no es necesario que una editorial apueste por ti para ver tu libro publicado. Internet facilita las cosas para que todo aquél que quiera mostrar sus dotes narrativas lo haga. Así pues, la competencia es mayor, y la cosa no se juega tanto en las librerías, y por consiguiente, tampoco en las editoriales clásicas.  Otra cosa muy diferente es pretender ganarse la vida escribiendo, pero eso es harina de otro costal, y lo que en definitiva busca todo escritor, sea novel o consagrado, es tener el mayor número de lectores posibles.
¿Sobre qué te gustaría hablar que no hayamos hablado?
Sobre los concursos literarios, y sobre quiénes son los autores premiados, especialmente en los galardones con mayor prestigio, cuyos premios en metálico son más cuantiosos. Después de leer muchas de las obras premiadas en estos concursos tan mediáticos, me pregunto siempre qué tiene de especial ese libro para haber sido seleccionado. Normalmente, suele haber un nombre conocido detrás de la obra. ¿Curioso, no?

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