Luisa Mora: “El ser humano es ilusión”



Comienza el Rick´s Café la semana en Yepes, provincia de Toledo. Navegamos hasta allí para homenajear a la poeta Luisa Mora Alameda y a su excelente poemario El don de la batalla, Ediciones Vitruvio, ganadores del X Premio Nacional Ciega de Manzanares. Como toda su poesía, le sale del alma, de las batallas a las que esta mujer le pone resistencia, sensibilidad y talento desde hace años. Una obra que le ha salido de las entrañas, como aquellas que parieron hace más de tres décadas a su hija Verónica, a quien está dedicado. Pero con su alma despierta y generosa, Luisa mira a su mundo exterior y cercano, y escribe versos dedicados a quienes sufren las injusticias de nuestro tiempo. Se acuerda de esos poetas olvidados por el circo mediático para reivindicar que están ahí a diario haciendo posible el sueño de vivir con razones poéticas.
Anda metida como muchos hombres y mujeres de la comarca de Yepes y de otras reivindicando los derechos de los trabajadores de las fábricas de cemento que están sufriendo un cruel expediente de regulación, después de años trabajando haciendo más ricos a los ya multimillonarios. Seguro que de esas vivencias brotarán nuevos versos llenos de lucidez, música y fuerza.
Pregunta: Es curioso, comienzas el poemario El Don de la batalla con unos versos de Santiago Sastre que reflejan la derrota y, sin embargo, el primer poema es Salvación.
La derrota siempre está al acecho, pero para eso estamos nosotros, para luchar, para vencerla. De la derrota se aprende más que de la victoria. Se aprende que nada llega fácil, y que es más probable que nos venzan a que triunfemos. Para sublevarnos se necesita tesón, fuerza y paciencia. Es lo que nos hace sobrevivir. Es lo que nos hace lograr nuestros objetivos, nuestros sueños. Además escogí esta cita de Santiago Sastre porque es, además de un estupendo poeta, una gran persona y amigo. Me parece que le debía esta especie de homenaje.
Tu poema Sublevación es un canto indignado a los intereses creados que se han establecido también en el mundo de la poesía. Por qué existen también esos poetas oficiales.
No ocurre esto sólo en poesía, sino en todos los aspectos de la vida, por desgracia. Lo que sucede es que, como es natural, en este aspecto me duele más. Y no solamente en lo que a mí respecta, sino que también porque me da un poco de pena que algunos poetas válidos no encuentren el apoyo suficiente y que casi siempre sean los mismos los que se lleven los honores y la gloria. Aunque realmente lo que importa al poeta es dejar una obra hecha y que sea ella la que responda de su verdadera valía.
Qué pasara cuando esas tramas de versos interesados se descubran. Estos versos son muy simbólicos:
Sublevémonos todos.
Cojamos ya las riendas de la vida.
En realidad la gente no es tonta y la verdad termina por salir a la superficie más tarde o más temprano. Aparte de eso, por lo menos a mí me ocurre, lo que más nos interesa es la propia satisfacción personal, sentir que hemos conseguido lo que nos proponíamos personalmente. El mayor crítico de uno mismo es uno mismo, o debería ser así. Y ese es nuestro mayor aplauso.
A pesar de los errores que cualquiera cometemos a diario, ¿qué luz e ilusión nos alumbran para seguir adelante?
El ser humano es ilusión. Y me parece que cada uno tiene una desde que nace, una especial, una vocación, un oficio, un cariño, una esperanza.  Sin eso, el ser humano sería un robot andante.  Sin ilusión, nos deprimimos, no encontramos sentido a nuestra existencia. De hecho yo en momentos también he experimentado la pérdida de la ilusión y como resultado de ello me he deprimido. Pero siempre estaba ese germen de luz, como tú dices, que en mi caso es la poesía para tirar de las andas de mi propio espíritu. Por esa ilusión me siento fuerte y viva. Y sigo caminando.
Cuando el tiempo transcurre, cuando parte del dolor se ha catalizado a través de la poesía, ¿te sientes ya fuera de la trinchera y con las almas acompañándote con sus guiños?
La vida es una trinchera. Quien está fuera de la trinchera, está fuera de la vida. Hay quien con veinte años está fuera de ella. Y hay quien con noventa sigue batallando. Yo me siento muy viva, incluso más con el paso de los años. Es la fuerza interior la que nos hace palpitar apasionadamente y luchar.
En el poema Los renegados haces un canto a la superación de las enemistades, sobre todo a aquellas que son heredadas de relaciones familiares. ¿Qué tiene que poner cada parte a diario para superarlas?
La primera parte del libro es una especia de alegoría. Nada es lo que parece. Aunque pueda parecer lo que no es. Yo en ese momento estaba viviendo una situación complicada, en la que había que dar la cara por algunos asuntos de carácter familiar. Y los renegados forman parte de esas circunstancias. Sin embargo tiempo después, como una rara broma del destino, estoy teniendo que renegar de muchas ideas y conceptos equivocados, y luchar por esa gente que siempre ha formado parte de nosotros. Cosas que pasan en poesía.
En el poema Cobardes señalas a aquellos que nunca están para ayudar al que lo necesita y que le tendió su mano cuando ellos lo necesitaron. Además de políticos, banqueros y sindicalistas tan denostados hoy con motivos, parece que hay gente del vecindario de cualquiera que pone obstáculos. ¿Qué hacemos ante esa ruindad?
Te aseguro que no había pensado lo más mínimo en esta situación, cuando lo escribí. Hace tiempo que lo hice y aún la sangre no había llegado el río sino que disfrutábamos de cierto bienestar. Era en esa situación familiar, como ya he dicho antes, en la que estaba pensando. Y sin embargo después, en estos duros tiempos de nuestra patria, pueden servir perfectamente para definir la situación.
Y nuevamente un poema de Ángel González sobre la dureza de la vida, para, a continuación, escribir tú uno que invoca a la valentía. ¿Podemos leer y sentir El Don de la batalla como un canto a la lucha esperanzada de cada día?
La cita de Ángel González abre la parte del poemario que va dedicada íntegramente a la pérdida de mi hija Verónica. Es un homenaje total a su don de batalla, a su persona, a su bondad, a su integridad, a su belleza. Y también a esa firme voluntad, tan terrible al mismo tiempo, de vivir, vivir como si ella continuase existiendo, con la misma alegría, con la misma ilusión. Pero es imposible, por mucho que lo intente. Decir lo contrario sería engañarme a mí misma. Aunque sí me ha quedado el germen de su lucha, su don de la batalla.
¡Cómo son las causalidades! Hace siglos, Verónica le tendió una sábana a un hombre dolorido y ultrajado. Muchos siglos después, otra Verónica se enfrenta como protagonista a la Batalla más dura que afronta cualquier persona. Verónica es símbolo de valentía, de paso adelante, de amor en las circunstancias más complicadas. La raíz del nombre Verónica es vero, en latín, verdad. ¿Cómo analizas esta causalidad?
Te contaré una vieja anécdota acerca de ese nombre. Cuando mi abuela Matilde se enteró del nombre que le habíamos puesto, nos riñó. Nos dijo que mi hija iba a llorar mucho, por haberle puesto ese nombre.  Años después todavía lo pienso, pero es una casualidad, eso quiero creer. Era el destino y no hay que darle vueltas.
Valentía, Bondad, son retratos de Verónica. Vemos en tu poesía unas posibilidades terapéuticas reales y grandes. Cada vez más los cuadros médicos que tratan con pacientes de cáncer reivindican el apoyo psicológico a pacientes y familiares como parte de la terapia. Tu poesía puede ofrecer esa vía. Qué piensas.
No he exagerado un ápice definiendo a mi hija. Mucha gente que la conocía y que ha leído mi poemario me cuenta: si es que es ella, si es que es ella. Ella nos dio mucho cariño y mucha fuerza y nosotros le correspondimos. Desde que ella se fue, siento un amor inmenso por todo el mundo, por todas las cosas. El otro día en el Facebook dije que tenía la sensación, muchas veces, de desayunar fuerza y amor. Y así es. Quizás las experiencias más trágicas de la vida nos traigan a cambio otros regalos. Pero por supuesto que también en enfermedades tan duras como el cáncer el amor es fundamental. Muchas veces cura más un beso que un ciclo. O al menos eso quiero creer.
Unos versos de José Agustín Goytisolo y vuelta a vuestra batalla. Cómo vives esas transiciones.
Esa cita habla de palabras no dichas nunca entre nosotros. Como si nombrando nuestro sufrimiento, creciera, no ya en nosotros mismos, sino en los demás miembros de la familia. Yo he guardado mi dolor y mi llanto para mí y lo mismo han hecho los demás. Porque hay cosas que duelen tanto que es mejor rumiarlas uno sólo. Pero también tengo que decir que esta parte del libro es contradictoria, porque ahí trato de mi deseo a escribir sobre el tema de mi hija, de no olvidar que una vez estuvo con nosotros, y el dolor posterior y la forma con que se afrenta.
En Pregunta y respuesta reflejas una de las claves de la vida:
Pero, aunque el sol ilumina tu cabeza,
… La vida, has comprendido,
muchas veces
consiste sólo en eso.
¿Cómo es la chispa que prende en ti y que te hace recuperar la vitalidad?
Afortunadamente tengo muchas cosas en la vida que me regalan esa chispa. Lo primero otros dos hijos a los que adoro, y que son grandes seres humanos, a mi marido, por supuesto, pero también ese amor grande que siento por la poesía. Todo eso me hace sentirme viva.
Tu poema Derrotada nos evoca a Platón, a la filosofía original hecha por poetas. ¿Cómo sientes esa luz de esperanza?
En ese poema hablo de las derrotas necesarias. Porque gracias a ellas se logran otros objetivos. Y que a pesar de ellas caminamos, persistimos en nuestros sueños. Aunque tengamos que avanzar entre sombras. Porque siempre hay un lugar brillante para nuestras aspiraciones.
En la serie que inicias con los versos de Cernuda, invocas a tu pareja frente al dolor compartido. En Búsqueda del amor, Mientes, Tristeza o alegría, le autorretratas y te comunicas con él. ¿Qué energía terapéutica tiene el amor ante ese trance?
Es una fuerza gigantesca la del amor. Confieso que si no lo experimentara sentiría una especie de mutilación. Y en este trance es un asidero, una tabla de salvación, una forma de huida y de refugio al mismo tiempo. Siempre he pensado que es una especie de religión, y que nos redime de nuestras desgracias y nos hace palpitar de forma diferente. En este poemario en concreto también es una batalla, batalla por seguir amando a pesar del hielo del dolor, de la calcinación de la tristeza. Una batalla, dura, pero definitiva.
Empiezas la serie final con un verso de Celaya que retrata la vocación de poeta. Tú describes con emoción, cercanía y claridad qué implica serlo. Aunque estén recién publicados, ¿qué posibilidad hay de que fueran un principio para presentarte?
A los poetas nos suele suceder que la gente no entiende mucho este raro oficio de la poesía. Nos ven como bichos raros. Otras veces ni nos ven. En esta parte de mi poemario tengo un poema titulado El pan. Lo escribí pensando en una anécdota que me ocurrió cuando conseguí el Premio Adonais. Fui a comprar el pan y el tendero me preguntó que cuánto era el premio. Yo le dije que era un premio importante pero que la cantidad en metálico era más bien simbólica. Él me comentó que con eso no se come. Y fíjate que cerca de veinte años después escribí este poema. Pues esa anécdota es más normal de lo que creemos. Creo que cuando me muera alguien dirá de mí que era poeta, con convencimiento. No sé si seré demasiado optimista al respecto.  Esta parte del poemario habla de la poesía, del don de batalla por alcanzarla, por cultivarla, porque sea leída y respetada. Y ella les dirá un día a los demás aquello que yo fui, lo que sentí, lo que viví. Quizás esa sea mi mejor presentación.
En Poetas de interior homenajeas a otros compañeros, ¿quiénes son?
Son todos, todos los poetas sencillos que apenas salen en los medios. Los que están en sus casas luchando por su poesía, escribiendo, haciendo copias y copias para participar en concursos, pagando las ediciones de sus libros, decepcionándose concurso tras concurso, y siendo felices con presentar sus libros, o venderlos, o leerlos en cualquier lugar, por humilde que sea. Ellos son los que merecen mi homenaje más que ninguno, sobre todo porque yo me considero parte de ellos.
Sobre qué te gustaría hablar que no hayamos hablado
Me gustaría hablar de Verónica, a la que está dedicado el libro. Decir que ella no se ha ido sino que está conmigo, con nosotros. Y esa es la razón de que El don de la batalla haya salido a la luz. Y esa es la razón de que yo sonría, y espere y sueñe.

Comentarios

  1. Excelente entrevista a la poeta Luisa Mora! Mis grandes felicitaciones y deseando muchos éxitos para ella.
    Un abrazo fraterno
    Xenia Mora Rucabado

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  2. Gracias Xenia por tu comentario. Encantado de verte participar en el Rick. Un abrazo.

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  3. Salvación, ilusión, vida... cuántas reminiscencias...

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  4. Así es querido Rafael, la Filosofía de la Razón Vital a través de la poesía de Luisa. Un abrazo

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  5. La vida es una batalla, en la que acabamos perdiendo la guerra....un abrazo desde azpeitia

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  6. Creo que la lucha cotidiana por vivir con dignidad y vocaciones es una victoria cotidiana. Un abrazo desde Sevilla, y encantado de que te unas al Rick´s Café.

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