Rubén Muñoz: “El creador vocacional no suele encontrar los recursos necesarios para desarrollar su tarea.”



El filósofo Rubén Muñoz Martínez lleva implícita su condición de español e iberoamericano desde su nacimiento, ya que su padre nació en España y su madre en Argentina. Su realidad europea le ha llevado desde su juventud a leer los clásicos de la Filosofía, desde los griegos a su admirado maestro Martin Heidegger. Desde hace unos años, contempla la vida desde su condición de pareja, padre y profesional en el complejo aeronáutico europeo. Esta última circunstancia le permite vislumbrar con especial cercanía, lucidez y sensibilidad este mundo y tiempo en el que las obras de ingeniería tienen excesivo protagonismo, así como los recortes que han aplicado demasiados ingenieros en departamentos de recursos humanos y los que usan ingeniería financiera, repercutiendo unos y otros en la vida diaria de cualquier persona o pueblo.
Rubén invoca a la paciencia, al trabajo artesanal, a la mirada profunda y serena para hacer una vida y una convivencia diferentes.  
Pregunta: He observado que terminaste el libro en abril de 2011, y hasta octubre de 2012, fecha de la presentación, ha transcurrido un tiempo. ¿Qué camino has tenido que recorrer desde entonces? ¿Cómo ha sido ese trayecto?
Realmente en abril de 2011 terminé el prólogo, el libro como tal lo terminé algunos meses antes, aunque muchos de los textos que componen la obra ya llevaban varios años escritos.
Desde esa fecha he seguido con mi rutina: escribir, investigar y leer, si bien es cierto que en los últimos tiempos he publicado más, con lo que mis lazos con el mundo cultural se han empezado a desarrollar de otra manera.
El trayecto ha sido enriquecedor, un proyecto de maduración intelectual donde he ido dejando atrás esta obra y he comenzado a adentrarme más profundamente en mi próximo trabajo, un estudio filosófico sobre el fenómeno del silencio y el sentido de sus distintas manifestaciones.
Cómo te desvelas, te muestras en Elogio de la contemplación.
Se trata del libro más personal que he escrito hasta ahora. Creo que hay momentos del libro donde el lector puede sentir mi presencia de manera muy cercana. En muchas páginas es fácil percibir una persona de carne y hueso que escribe interesada por abordar reflexivamente problemas universales que incumben a todo ser humano.
Invocas en la obra a la cultura crítica para empezar a superar los problemas, los vacíos y la trivialidad de nuestro tiempo. ¿Cuál es la presencia de esa cultura en el ámbito familiar, en las entidades educativas y en las empresas hoy?
Cuando somos capaces de asumir críticamente el contenido de las obras universales, desarrollamos una actitud ante el mundo que nos ayuda a comprender mejor nuestra propia existencia y a tomar decisiones sobre la misma de manera más acertada. De ahí que dedique un texto completo a hablar sobre la utilidad del conocimiento humanístico. La relación con nuestro entorno será mucho más profunda después de haber asumido reflexivamente las enseñanzas de los clásicos.
Señalas que la novela es una forma, un método, para narrar una vida e intentar entenderla. ¿Qué consideras que aporta la filosofía y la literatura española en este sentido?
Lo explico en el libro, tanto la filosofía como la literatura, cada una a su modo, nos aportan un mayor grado de conocimiento de la condición humana. Lo mismo sucede en el caso de la filosofía y la literatura española, con nombres tan importantes como Cervantes, Calderón de la Barca o el filósofo Francisco Suárez. Por poner un caso concreto, podríamos hablar del Quijote, donde como decía Unamuno se hallaba narrada la esencia de lo que significa ser español y se trata de una manera genial ese punto de tensión existencial que supone el conflicto insalvable entre la consistencia ontológica de la realidad y el impulso subjetivo del deseo.
Lo sensible es también lo emocional, implica a los sentimientos de la persona. Por ejemplo, el amor en pareja, la amistad, la familia, la vocación intelectual y profesional. ¿Qué aporta a la persona, a las relaciones interpersonales y a la convivencia?
Lo emocional es sensible pero creo que hay una parte, y precisamente la más importante, que afecta a lo emocional y no es meramente sensible. Aunque obviamente la parte sensible ocupa un lugar necesario e ineludible, somos personas y necesitamos de una caricia, un beso o un abrazo, tal y como describo en el texto “Beso o abrazo”, inspirado por una conversación personal mantenida con una amiga.
Consideras que la Pintura, el Teatro y la Filosofía tienen que ser necesarios para cualquier persona. ¿Qué le puede aportar a ella y a quien comparta esa visión?
Rotundamente sí. Aquí estamos girando siempre sobre el mismo asunto, que por otra parte es la manera como nos han enseñado los grandes de la historia de la filosofía que se debe filosofar. Los tres grandes temas para el ser humano se resumen en las ideas de hombre, mundo y Dios, y la Pintura, el Teatro y la Filosofía llevan a cabo un tratamiento de estas cuestiones desde las posibilidades intelectuales y emocionales que su campo de acción les permite. Si somos capaces de asumir con autoconciencia crítica esos tratamientos alcanzaremos una percepción intelectual y emocional del mundo mucho más profunda.
¿Por qué crees que hay tantas injusticias a lo largo de la Historia, sufridas tanto por grandes talentos y sensibilidades como por personas más modestas?
Por desgracia el ser humano no es un ser puro dotado únicamente de virtudes excelentes, sino que en el día a día podemos comprobar que el instinto de supervivencia se sigue imponiendo, aunque en ocasiones esto se produzca de un modo muy sofisticado. Y esto, aplicado a las estructuras sociales de nuestro mundo actual, nos termina llevando a una lucha de todos contra todos donde cada cual busca la mejor posición posible. Esto lo vemos a diario en el mundo laboral, donde hay personas capaces de olvidar su dignidad con el único fin de auparse por encima del resto. Obviamente, hay distintos niveles de actuación pero siempre tengo en mi consciencia la sentencia de Hobbes: “homo homini lupus est” (“el hombre es un lobo para el hombre”).
Ves en la escritura un método, una actitud, para resistir a ser olvidado. Junto a ello, qué puede aportar la persona que escribe a su tiempo, a las generaciones con las que convive, a las posteriores. ¿Hay en tu visión una especie de sumatorio? ¿Qué puede tener esa comprensión del Mundo y de las relaciones humanas de terapéutica?
Son muchas preguntas en una. Como explico en el texto “¿Por qué escribir?” uno de los puntos que impulsa a escribir viene determinado por ese anhelo de resistencia al olvido, es decir, por un intento de superación de la finitud.
Por otro lado, el escritor no puede saltar sobre su propia sombra, escribe determinado por su circunstancia histórica y escribe para su tiempo, otra cosa es que la capacidad de análisis del autor sea tan profunda que su trabajo alcance la raíz misma de las cosas. Cuando esto sucede podemos decir que nos adentramos en el ámbito de lo que tiene validez universal.
En mi caso, entiendo que mi visión supone de alguna manera una especie de sumatorio, como tú lo llamas, ya que los resultados alcanzados van siendo acumulados y van trazando el camino por el que seguir, circunstancia ésta que ya no depende de mí y ni tan siquiera puedo controlar. Casi diría que lo más complicado es encontrar el camino, no el hecho de recorrerlo.
Personalmente, no sé si mi visión del mundo puede resultar terapéutica para alguien, estaría bien que así lo fuera, pero de lo que sí estoy seguro es que la visión de los grandes clásicos tiene una gran carga terapéutica en sus letras. Aquí tienes a alguien que lo ha experimentado en primera persona.
¿Qué sientes cuando un poeta es capaz de atrapar con su verso, con su poema, una vivencia, una emoción, un instante?
Siento un baño de plenitud que se me hace presente al modo inteligente de la intuición.
¿Cómo descubriste a tus primeros lectores auténticos? Cómo está evolucionando la relación entre vosotros.
Bueno, yo siempre había escrito y me había dedicado a guardar lo que escribía. En un principio mis textos sólo eran mostrados a ciertos allegados. Algunas de estas personas me empujaron a publicar y gracias a ellos pude descubrir que al ser publicado mis textos podían ser leídos por personas que ni siquiera conocía y en los que mis pensamientos  llegaban a suscitar un cierto interés. Fue una curiosa experiencia que a día de hoy sigue su lento proceso de maduración.
Cuando se alcanza una creación valiosa, auténtica, después de estar buscándola, se llega al encuentro. ¿Cómo es ese encuentro que genera una chispa entre quien crea, la obra y quien la contempla o lee?
Personalmente, entiendo ese encuentro como un destello, como un darse de bruces con el sentido de las cosas mediante un cierto contacto con la esencia de las mismas. Ese encuentro me lleva a pensar que existe un sentido que no debemos dejar de buscar y desde el cual podemos vivir la vida de forma más plena. En definitiva, creo que tanto el que lee como el que escribe o crea no busca otra cosa que un mayor conocimiento y una mayor comprensión.
Hoy demasiada gente y entidades se afanan en producir y producir. Y, sin embargo, muchos stocks se acumulan porque no son necesarios tantos productos. Se producen paradojas como que hoy en día hay alimentos para comer a diario el doble de la población mundial, y hay gente que pasa hambre y calamidades. Se dedican recursos mal gastados o mal redistribuidos. Y en cambio, tanto al creador vocacional, como al trabajador honesto, se le escatiman los recursos básicos. Qué análisis haces de estas dos realidades.
Hemos creado unas sociedades regidas por una estructura de funcionamiento desigual donde hay muchos factores esenciales para el ser humano que están mal calibrados. Por ejemplo, como explico en alguno de los ensayos que componen el libro, se da excesiva prioridad a la velocidad y a lo físicamente palpable. Fíjate en una cosa, en la polis griega el filósofo gozaba del reconocimiento socio-laboral del que hoy doy gozan profesiones como la de ingeniero. Pensado con detenimiento, este dato es altamente indicativo del mundo en el que nos movemos. De ahí que el creador vocacional no suela encontrar los recursos necesarios para desarrollar su tarea. Por desgracia, prima lo cuantitativo en un excesivo detrimento de lo cualitativo.
El creador capaz de desarrollar una obra valiosa a lo largo de su vida, está aportando a otras generaciones, personas y tiempos. ¿Qué puede haber en esa actitud, en esa trayectoria, como signo de divinidad de la persona?
La figura del creador me parece uno de los modelos humanos más admirables que podemos encontrar. Efectivamente, la capacidad de estos hombres para admirar el mundo y mostrarlo reflexivamente en sus obras parece estar dotado de un halo de divinidad sorprendente.
Por último, sobre qué te gustaría hablar que no hayamos hablado.
Por el día de hoy creo que ha sido suficiente, la conversación ha sido bastante completa.

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