Una película intensa y arriesgada




El film italiano César debe morir, del equipo de los hermanos Taviani, se estrenó el pasado domingo dentro de la programación del Noveno Festival de Cine Europeo de Sevilla. El lugar elegido, el Teatro Lope de Vega, ayudaba a los espectadores a meterse en la trama por un  doble motivo. Por un lado, el tratarse su argumento de la obra de teatro de Shakespeare Julio César en una cárcel de alta seguridad. Y, por otro, el ser uno de los escenarios la recreación de un antiguo teatro romano. Había momentos en los que la intensidad, la vitalidad y la pasión de los actores llegaban de tal manera al Lope de Vega, que varios críticos y espectadores al finalizar la proyección reconocieron que el ánimo y el corazón se les había sobresaltado durante varios momentos de la cinta. Es evidente que cuando una obra logra pegar esos chispazos en quienes la contemplan, estamos asistiendo hasta una producción de extraordinaria calidad. Ante una recreación cinematográfica de esas que más adelante cualquier persona volverá a ver en un cine forum o en el salón de su vivienda.
        Los veteranos cineastas Taviani con esta producción, que entre otros logros ha conseguido el máximo galardón de la Berlinale, han dado un nuevo paso en su ya profunda y longeva carrera con César debe morir. Pocos son los que se atreven a meterse literalmente en el corazón de una cárcel de alta seguridad y proponer tanto a su dirección como a los presos rodar una película en la que los convictos sean los protagonistas a partir del montaje de la obra teatral.
        Podemos enumerar muchos planos, desde cortos a cenitales, cargados de un simbolismo profundo, que muestran el contraste entre las paradojas de la libertad que lleva implícitas el texto de Shakespeare y el que promueven los Taviani y su equipo entre presidiarios y los propios espectadores. Vamos a ofrecerte, a ofreceros, uno primero, para mostraros a través de esta reseña como alcanzan esas cotas de realismo llenas de dramatismo y de voz abierta a las conciencias. Hay una secuencia de planos, que se repiten en dos momentos decisivos de la película, en las que los convictos regresan tras la representación y los ensayos a sus celdas. Acompañados de sus carceleros, pasan de la libertad que están representando en la obra a la realidad dramática de encierro por los delitos cometidos. La resignación con la que lo hacen tres de ellos, y a su vez la naturalidad con la que ejecutan la apertura y el cierre de las celdas los miembros de los cuerpos de seguridad, ejemplifican el mensaje principal que esta película nos quiere transmitir. Un contenido que se refuerza cuando uno de los presos tras entrar en su celda y coger una sencilla cafetera para prepararse el café tras una actuación, lanza unas palabras llenas de vida. Nos viene a reconocer que ha encontrado el sentido auténtico de la libertad a través del arte. Y, sin embargo, ese encuentro con lo que implica de sentirse libre, le ha causado una enorme desazón porque a su vez le ha hecho entrar en mayor grado de conciencia con su estado real como preso.
        Hasta aquí hemos hecho una presentación y un análisis de César debe morir centrándonos en las circunstancias personales e interpersonales. A partir de ahora vamos a centrarnos en la circunstancia colectiva para seguir radiografiando esta excelente obra. Si a lo largo de las últimas décadas hemos podido ver como las películas dedicadas al mundo carcelario en algún momento reflejaban o bien motines interiores, o bien la preparación por un grupo de su huida; en César debe morir, apreciamos una doble trayectoria trazada con sensibilidad e inteligencia por guionistas y directores. La primera radica en la entrada en conciencia de cada uno de los protagonistas de la trama de las posibilidades que el teatro, la literatura y las artes le están proponiendo. Eso explica la posterior elección de algunos de los presos actores de seguir explorando ese camino mediante la escritura de libros o la interpretación. A su vez esa realidad compartida les lleva, con algún momento de choque entre un par de ellos, a establecer una conciencia de grupo que les anima y les produce un efecto catártico frente a su cruda realidad de largas penas.
        La segunda se sustenta en el grito de libertad que frente a la tiranía de César emana del pueblo, un pueblo en este caso representado por la mayoría de los convictos que claman contra el ejercicio de ese poder despótico que está causándole pérdida de libertad y de derechos. Esto último nos muestra un tema que se ha convertido en clásico en las Artes, especialmente a partir del siglo XX, como es la opresión causada desde las propias instituciones estatales. Por cierto, ¿a qué nos recuerda todo esto? Te dejo, os dejo, ahí la pregunta y este enlace a un trailer de la película con el deseo de que disfrutéis del martes.
http://www.youtube.com/watch?v=pdIxpjXD_A8

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