Elogio a los bibliotecarios



Han dado vida a espacios culturales, educativos y de convivencia en los últimos treinta años. Vemos a abuelos que, ahora disfrutando de la bien ganada jubilación, se dedican a aquellas actividades que durante su juventud o su vida laboral no pudieron: la escritura, la fotografía, el debate sobre las cuestiones que nos influyen a todas las personas. Entre las paredes de las bibliotecas, ellos ven renacer la ilusión de una vocación que por circunstancias de la vida o por decisión propia no desarrollaron en su momento.
Vemos a padres de familia preparar una oposición cada tarde después de haber estado laborando hasta el mediodía, con el tesón de quien sabe lo complicado que es ganarse la vida, y desde hace años lo hace con coherencia y honestidad.
Observamos a la nueva generación de jóvenes como estudian y preparan sus trabajos de clase o sus exámenes cada tarde. Ese grupo del que los mal informados dicen que son nini, que desde luego los habrá, pero la mayoría asume sus responsabilidades de estudio y formación cotidiana.
Apreciamos a las madres junto a los más pequeños introduciéndoles por el hábito sano y enriquecedor de la lectura, dando consistencia a lo que es la cantera de futuros lectores y usuarios de las bibliotecas.
Nos detenemos a saborear la sensibilidad de una pareja de artistas, que con su mirada a través de la cámara han captado realidades cotidianas y cívicas de Colombia acompañada del magisterio literario y periodístico de Gabriel García Márquez.
Y cuando la tertulia entre bibliotecario y escritores se pone jugosa, aparece el profesor de ajedrez junto a dos mozuelos aprendices del tablero y comienzan a disfrutar de su tarde ajedrecística.
        Las bibliotecas de España están viviendo un momento de esplendor. Y la nueva hornada de hombres y mujeres que se suman a sus equipos de gestión y administración, recoge ese legado que ha creado la generación anterior con el espíritu y el compromiso claro de seguir enriqueciendo ese foro de convivencia ciudadana. Sabéis los  asiduos lectores del Rick´s Café que quien os dedica este blog a diario tiene una antigua preocupación sobre la convivencia intergeneracional. Soy un firme convencido de que nuestra vida cotidiana y nuestro mundo –desde el próximo al más lejano– mejorarán cuando seamos capaces de dar un paso adelante en esa convivencia intergeneracional. Desde hace años me pregunto cómo será posible desarrollarla, qué puntos de encuentro son necesarios para fomentarla, qué actividades son básicas para promoverla. Pues viajando por el universo de las bibliotecas de España, he descubierto que entre sus paredes, en sus estancias, es posible. Y de hecho se viene haciendo desde hace años. Toca, al menos eso pienso y siento, sacar esa labor interior hacia fuera. Será valioso darlo a conocer para que difundamos a los demás, a quienes no participan de esa realidad, cómo se tejen esas relaciones y esos proyectos a diario.
        Desde nuestra niñez hemos escuchado que la música amansa a las fieras. Podemos decir que las bibliotecas ayudan a que convivan y compartan, a que a través de una tertulia, a que mediante la lectura y el debate sobre los libros y las historias de vida que nos relatan, nos acerquemos al otro, y éste se acerque hasta nosotros, tejiendo complicidades alrededor de vocaciones, proyectos, aficiones y preocupaciones.
Si la cultura de vida española y mediterránea se palpa a través del estado de sus bares, cafeterías y restaurantes, dada la excelsa gastronomía española, la profesionalidad de los hosteleros y la tendencia nuestra a ese foro de encuentro; también podemos afirmar que las bibliotecas se han convertido por mérito propio en un foro imprescindible para mostrar la excelente salud de nuestro país. Evidentemente como toda nación con sus achaques, si los vamos teniendo las personas, como no queremos que los países no los sufran, pero con un presente y futuro de esplendor. Contra más nos comprometamos todos a conservarlas y mejorarlas, mayor riqueza generaremos en ellas.    

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