España y los españoles están vivos


Dos hechos me han hecho nuevamente recapacitar sobre el estado real de España y, por tanto, sobre la salud de los españoles. Ambos son sendas exposiciones de pinturas. Una sobre Murillo expuesta en el Palacio de los Venerables de Sevilla con el patrocinio de la Fundación Focus Abengoa. La otra sobre Van Dyck en el Museo del Prado. En sendos días laborables, ambos museos presentaban un magnífico estado por la altísima participación de personas viéndolas. ¡Qué diferencia por cierto esa participación con la de las colas de los transportes comunitarios! Mientras en los museos, a pesar de haber bastante gente, la contemplación de los cuadros y el tránsito de una sala a otra resulta agradable, ya que las personas están relajadas y van con actitud de disfrutar; en cambio, en los transportes colectivos se percibe la tensión del ámbito laboral, sobre todo si es en horario de trabajo. Móviles y portátiles en funcionamiento. Conversaciones sobre el cumplimiento de los objetivos anuales. Maletas y maletines que se portan en busca de un taxi que les lleve a esa reunión de negocio. Ya a la vuelta por la tarde noche, el cansancio de la jornada hace que la gente vuelva menos tensionada a casa.
En el caso del Museo del Prado, con aún más visitantes por esa capacidad de la capital de España de tener una población flotante muy importante. Y también por dos circunstancias que aunadas a la anterior ayudan a entenderla. Por un lado, la excepcional colección permanente del Prado hace que siempre sea un elemento de reclamo. Estamos sin duda ante una de las mejores pinacotecas del mundo. Y, por otro, la propia ampliación de ese museo ha hecho que este se convierta en un edificio habitable. Al contar con un sencillo y acogedor servicio de cafetería y restauración, los visitantes pueden tomar un café o comer y tertuliar.
Si a principios del siglo XX se comenzó, sobre todo, por parte de los artistas más jóvenes, a exponer su obra iniciática en cafés, convertidos en nuevos expositores, vemos que ahora auténticos clásicos de las Bellas Artes se pueden saborear mientas se comparte eso tan grato que es una buena tertulia. De esta manera, tres actividades cotidianas como son el alimentarse, una interesante conversación y el goce del arte convergen. Y al hacerlo, la hostelería, la oratoria y el arte forman parte de un conjunto. Cuando además las tres se hacen con inteligencia y sensibilidad, la alegría que se recibe y se paladea se siente a través de los múltiples sentidos con los que contamos. Tengamos presente además que para hacerlas posible es necesario que intervengan profesionales que sepan hacer bien su trabajo. Normalmente son personas con una importante capacitación laboral que aportan gran valor añadido. Percibí en ambos museos que las personas que allí trabajaban lo hacían con gusto. Y podemos deducir fácilmente que los dos equipos que han contribuido a organizar ambas exposiciones también lo hacen porque sus ocupaciones son vocacionales.
    Había en ambas exposiciones personas de otras partes de España y extranjeros. Eso me llevó a pensar que el turismo sigue siendo una fuente de trabajo y de riqueza para nuestro país. Y me hizo que saltara una vieja pregunta que desde hace unos quince años me ronda como antigua compañera de viaje: ¿por qué no se fomenta más y mejor este tipo de turismo cuando contamos con todos los recursos para ello?
Resulta curioso que en el plano informativo nacional haya saltado a la palestra la encarcelación por orden judicial de un empresario de este sector, que incluso llegó a presidir la principal asociación empresarial de nuestro país. Si bien hace tiempo que el personaje ya había dado muestras de su mala gestión empresarial, porque resulta difícil hundir una compañía turística en nuestro país, con las consecuencias de pérdida de riqueza y de puestos de trabajo que eso provoca, al salir a la luz la detención, saltó como un resorte otra intuición que de unos años a esta parte tengo: no hay que permitir a ninguna persona irresponsable y tunante montar un negocio. Y, sobre todo, dejarle crecer y crecer para que después deje unas grandes deudas con trabajadores, la Seguridad Social y sus proveedores.
       En esta época de dificultades que estamos viviendo, el dar crédito, notoriedad mediática, social e institucional a personajes de esa estirpe –del linaje de los maestros del Lazarillo de Tormes–, trae consigo el hundimiento de empresas que tenían viabilidad y el enriquecimiento ilícito e inmoral de quienes practican esas artimañas. Todo ello en detrimento de hombres y mujeres que a diario cumplen con sus obligaciones laborales, de proveedores o distribuidores que complementan los servicios que aquellos realizan, de las arcas de la caja común y de otras empresas que cumpliendo con sus responsabilidades sufren esas prácticas de competencia desleal.
      Anoche, mientas volvía a casa junto a un amigo tras participar en un foro cívico sobre Ética y Política, rumiaba en mi cabeza lo que junto a aquel grupo habíamos estado debatiendo durante dos horas. Me dicen el alma y la mente, me pide el cuerpo, que en las relaciones laborales, empresariales y vecinales, tenemos que apoyar a los clásicos como en las Bellas Artes, en la Oratoria o en la Hostelería. Esos antiguos y nuevos que hacen su vida esforzándose con ilusión, coherencia y honestidad. Tal vez así las leyes que nos damos, podamos cumplirlas porque antes hemos asumido los comportamientos y los valores que implican.  

Comentarios

  1. ¡Qué envidia de exposiciones...!

    Y sí, donde estén los clásicos que nos quiten lo "bailao".

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Bueno, Rafael, cogéte el AVE y a disfrutarlas. Si es la de Murillo en Sevilla por descontado que disfrutamos de la exposición y de la ciudad siendo vuestro cicerone. Un abrazo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Os animo a que comentéis los artículos y que entre tod@s hagamos de este blog un lugar de encuentro y debate serio y participativo, siempre respetándonos. Propón temas sobre los que escribir.

Entradas populares