Isabel de Rueda: “La soledad te permite escuchar el silencio”



La poeta jerezana Isabel de Rueda escribe desde la sinceridad que aporta la vida. De mirarse hacia su interior y de enseñarnos qué le gusta de sí misma, que no, pero también el mundo de los otros, de ahí su mirada poética lúcida capaz de mostrar abiertamente qué no le gusta de la sociedad.
Navegamos hasta su rincón poético para completar el trabajo que comenzamos con la lectura y reseña de su justamente premiado poemario A propósito del espejismo. Descubrimos que como toda persona sensible e inteligente disfruta de las vivencias sencillas: un paseo, una buena tertulia, la contemplación de la naturaleza, una película interesante, la admiración hacia lo que merece la pena.
¿Quiénes son esos intrusos que destruyen el sueño?
Los demonios, los miedos interiores que a veces nos habitan, la desesperanza… Todo aquello que te ciega y te impide ver la luz.
¿Qué verjas y muros hay que traspasar para encontrarse con una misma?
Las verjas y los muros que en su mayoría tienen que ver con la fuerte presión de una sociedad hipócrita, con una educación impuesta por falsas moralinas… De ahí el valor de la poesía como indagación en ese conocimiento intuitivo de las cosas que nos rodean y de uno mismo.
¿Qué te dicen tus espejos?
Me lo dicen todo. Lo que me gusta, lo que no me gusta o detesto de mí misma. Esa es su grandeza y su virtud. Tal vez por eso el miedo que, a veces, ellos nos provocan.
¿Cómo son tus diálogos con la poeta Alejandra Pizarnik?
De complicidad. Es una poeta que descubrí hace años, que leí en las horas de insomnio y a la que admiro, entre otras cosas, por ese valiente bucear a través del lenguaje poético sobre sí misma, mostrando a su vez lo inherente, lo complejo del alma humana.
¿Cómo se fornica con los ausentes?
Desde la más alta, buscada y ansiada soledad. Solo desde ella y siempre a través de esa delgada línea imaginaria que va de la razón a la locura.
¿Qué te ha aportado a tu vida la figura de Man de Camelle?
La extrañeza y acaso no extrañeza de ver cómo un ser humano, un asceta, “un loco” para muchos, pudiera ser feliz a través de ese mundo imaginario concebido sólo y exclusivamente desde la naturaleza, la creación, el arte.
¿Qué has visto que ha aportado Man de Camelle a sus vecinos de la Costa de la Muerte?
No lo sé… Además de los muchos interrogantes, de la leyenda que se ha ido forjando en torno a su excéntrica figura y que lo involucra con Camelle, además de las visitas por parte de muchos curiosos a ese perdido punto geográfico de la costa coruñesa… acaso haya aportado la ilusión, para algunos o muchos de sus habitantes, de poner en marcha ese insólito museo que Man tenía en mente. Un museo al aire libre, que el asceta fue esculpiendo, modelando poco a poco con sus propias manos con conchas, piedras, alambres y todos los desechos que poco a poco el mar iba arrastrando.
En el poema Paseo, hablas de la soledad. ¿Qué es lo que aporta de positivo, y qué negativo arrastra?
Partiendo de que todos somos islas, en ese sentido existencial de que desgraciadamente, nacemos y morimos solos.
De positivo, cuando te permite escuchar el silencio. Un silencio que te incita a bajar, a subir por las raíces, por el tronco, las ramas, a veces escondidas de ese árbol que está en ti, y donde penden esas voces interiores, que a menudo, nos negamos a escuchar y que nos sirven para evadir todo el estruendo, el ruido que nos niega la armonía con nosotros mismo y con el mundo.
La soledad cuando vive en el interior, cuando se incona como una astilla y no es aceptada ni querida, solo te puede llevar a la autodestrucción física o mental, o a lo que es igual, al suicidio.
“En no le viste”, describes como el amor puede pasar delante de uno y no darse cuenta.
Exacto. En ese poema se habla de cómo la percepción, la receptividad de lo que nos rodea, depende mucho de nuestro estado interior. Nos habla de la psiquis, de la importancia del momento, de lo casual.
Si en “Los espejos” la poeta anda en busca de sí misma, en la serie “El huésped” aquella sale a la luz y se refleja en el poema. ¿Cómo es ese tránsito?
En estos poemas se habla del hecho y el esfuerzo que conlleva, entre otras cosas, ser mujer, superar metas, la imposibilidad apoyada en ese brazo del yo y las circunstancias y por otra parte la poesía, en este caso como salvación.
El dolor de la escritura, del proceso creativo se carga sobre la espalda y el alma. ¿Cómo se supera?
No obstinándote en exceso. Ya sabemos que en poesía las musas son caprichosas, no obstante, aprovechar esa etapa que se supone de sequía para hacer mil cosas interesantes; pasear, leer, ver cine… Teniendo en cuenta el valor del esfuerzo, la tenacidad, el trabajo, para ver luego sus destellos.
¿Cómo se descubre el amor auténtico que describes en el poema Del amor?
No lo sé, pienso que en principio se trata de un saber intuitivo, un saber del que todos estamos capacitados, si no te quedas con la cáscara. Luego, evidentemente será el tiempo, los hechos quien lo corrobore, al menos desde mi experiencia.
El deseo aparece en Del abrazo, ¿cómo se desata entre los felinos?
Todo tiene que ver con ese maravilloso cóctel donde la magia, la poesía, la noche, el verano… Tiene que ver con la ensoñación y desde luego con el amor.
¿Por qué el báculo como símbolo de la historia, por las historias de vida de las personas que lo usan?
Sí, saber mirar atrás, apoyarse en ese, llamémosle bastón que es la memoria para con él detectar los aciertos, los errores… Yo pienso que más que necesario es imprescindible para poder avanzar, entenderte y entender el mundo.
Amaneces y te acuestas con la fijación de la poesía. Buscas la sangre de los nuevos versos. ¿Cómo consigues equilibrar esa sed cotidiana para saborearla y no caer en la ansiedad?
No lo sé, en realidad soy una poeta de producción lenta, no mantengo ninguna disciplina y solo es que me dejo llevar por esa inquietud, ese estado mental, llamémosle inspiración... No obstante, mi concepto de poesía va más allá de la mera construcción de un poema al que considero un vehículo importante, pero uno más, como puede ser la música, la pintura, el cine, la fotografía… Un vehículo o un canal donde poder aprehenderla. De modo que procuro disfrutarla desde ese otro punto de vista mucho más amplio, y dejar espacio para que la emoción poética surja de la forma más natural posible.
¿En qué faro encuentras la luz cuando no la hayas y no te encuentras contigo misma? Radica ahí parte de la divinidad de la poesía.
Podría ser. No sé si es algo que tenga que ver con mi carácter introspectivo, con el valor mágico y misterioso que a veces concedo a la palabra, el caso es que siempre he sentido la poesía como un refugio, un espacio donde encontrarme cuando me siento perdida, un lugar donde gozo, donde sufro, donde surgen respuestas y preguntas.
De qué te gustaría hablar que no hayamos hablado.
Un libro de poesía plantea muchos o ningún interrogante. Esta entrevista, con sus dieciséis preguntas no tiene desperdicio, te lo aseguro, así que podríamos dejarlo ahí ¿no? Imagino que no faltaran ocasiones para seguir ampliando un tema tan inagotable como es la poesía.

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