Isabel de Rueda, poesía sincera



El poemario de Isabel de Rueda A propósito del espejismo ha sido galardonado con el XIX Premio Nacional de Poesía Acordes. Que un premio lleve ya estas dos décadas de vida es síntoma de salud y calidad, ya que muestra el interés por la poesía y el fomento de ella tanto entre quienes lo convocan -el Ayuntamiento de Espiel- como entre los artistas participantes. El diseño del poemario es elegante y sencillo, atrae cuando se visualiza su cubierta y se van pasando páginas durante la lectura. La letra gris marfil usada para el título, el nombre de Isabel y la serigrafía dotan de belleza y claridad a la presentación estética del libro. Resulta realmente hermoso el grabado de una figura de corte grecolatina concebida desde la óptica del estilo de los años veinte, sobresaliendo también la palabra Agora, un concepto que por cierto estamos viendo renacer por toda Europa y el Mundo en los últimos años a raíz de la serie de manifestaciones públicas y reuniones privadas de las que venimos participando millones de personas para buscar soluciones a las circunstancias que estamos viviendo.
La solapa de la cubierta nos avisa de la larga trayectoria poética de Isabel, que ha sido galardonada con otros premios y accésit, y ha publicado su obra con editoriales del prestigio de Vitrubio.
        A propósito del espejismo está estructurado en tres bloques presentados con los encabezamientos de El ausente, La ventana y El báculo. En el primero de los bloques, que arranca con un verso de Pablo Neruda ­-en este sentido la obra está sazonada con versos de poetas clásicos a quienes Isabel rinde así su particular homenaje-, la poeta se radiografía así misma a través de sus poemas. Recurre al símbolo de los espejos para mirarse en su interior y mirar a los demás y al mundo. Dialoga con esa sucesión de artistas que le precedieron y que se han convertido en referentes personales porque ellos también se enfrentaron a la mayoría de situaciones con las que ella ahora se encuentra. Vemos pasar durante la lectura de esa serie del poemario no solamente a Isabel sino también a Carlos Marzal, Alejandra Pizarnik, Man de Camelle, Van Gogh, Alfonsina Storni, Wirginia Wolf y Vicente Aleixandre. En esta primera parte, arranca con el poema Visiones en el que plantea las circunstancias a las que tiene que enfrentarse la pareja para salir adelante. Emplea una imagen cargada de simbolismo y de fuerza para expresárnoslo
         cerrar el corazón a los intrusos
         destructores del sueño
        La sensibilidad y la inteligencia de Isabel también se muestran a la hora de ir dotando de unidad narrativa al poemario en su conjunto y a cada una de sus partes. Lo apreciamos en la propia elección de los citados encabezamientos. Si El ausente puede ser esa pareja que se ha perdido, o el amigo que murió, o aquel que fuimos. El báculo simboliza ese apoyo al que recurrimos en nuestra vejez cuando ya vamos cargados de historias de vida, de trayectorias vitales. Su formación filosófica, su entusiasmo por la obra de María Zambrano y su capacidad para madurar las experiencias de la vida a través de su poesía se reflejan en detalles decisivos como estos. Todos los que fuimos y somos recurren al báculo para apoyarse y recorrer esa parte del camino vital. Y los temas y las razones vitales se van sucediendo, reencontrándose y convergiendo en cada uno de los bloques temáticos del poemario. Por eso en La ventana con el poema Del amor nos plantea cómo se descubre el amor auténtico, ese que desata las ilusiones, las esperanzas y el deseo entre los felinos amantes. 
          Y como cabe el olor de los peces
          en el atril de verso
          comprendí
          que a tu lado todo el sueño cabía.
        Y continúa Isabel buscándose y mostrándose a quien le lee como cuando con transparencia se nos sitúa ante nosotros durante el proceso creativo de la escritura. Si Velázquez, entre otros, se presentaba en algunos de sus cuadros para ofrecernos también su perspectiva de la escena; o el homenajeado Van Gogh nos trasladaba a su cuarto de Arlés; ella nos pone delante de ese cuaderno blanco ante el que se sienta cada jornada para llamar a las vivencias por su nombre. Y en ese silencio ella se encuentra consigo misma, con sus amigos Fernando Pessoa, Álvaro Quintero, Antonio Machado, Borges y Lorca. Su mirada es íntima, profunda, y analiza cómo va evolucionando. En el espejo se ve a ella, su rostro, pero sobre todo su condición, su ser interior. Esas vivencias que la han forjado. Y si algún día no encuentra la luz personal, recurre al faro de la poesía. Esa ya escrita y la que está por escribir.
Ahora te toca a ti querido lector a cerrar el círculo y encontrarte con la lectura de A propósito del espejismo. 

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