La superación del desamor


Se encontraba el Dr. Perenne en la peluquería esta semana. Mientras le pelaba su peluquera, escuchaba a ésta hablar con otra clienta acerca del divorcio de un familiar de aquella. A lo que la peluquera le comentaba que el pasado fin de semana había estado con su hermano y sus sobrinas porque aquel se había también separado recientemente. Tras escuchar Perenne a las dos mujeres hablar sobre las rupturas sentimentales, les dijo: -regaladle a vuestros familiares la novela Volver a amar (la catarsis) Ediciones Atlantis, y allí encontrarán cómo superar el desamor.
Las dos féminas tomaron nota y unos días después la peluquera se ponía en contacto con Perenne para que éste le hiciera llegar al escritor de la novela ambos ejemplares para que se los dedicara.
Os dejo con un fragmento de Volver a amar (la catarsis), Cap. 1.
Para finalizar su espontánea visita a la Giralda, se dirigió hacia el lado este. Una vez anclado en ese punto, divisó Los Alcázares y su jardín, un edén urbano en medio de tanto ladrillo. En aquel lugar era posible reencontrarse con la naturaleza recreada. Se podía sentir la importancia del silencio. Allí cabían el espacio y el tiempo en los que deleitarse con el canto de un pajarillo o el andar a su aire de un pavo real. En sus patios, en sus salones, en sus jardines, era habitual cruzarse con personas de cualquier parte del mundo. Y si alguien quería saborear el encanto hecho sorpresa de las notas musicales de un órgano de agua, podía paladearlo en su Jardín de las Damas. En numerosas ocasiones había soñado con poder llevar allí a una mujer, y disfrutar de aquel palacio una noche de luna llena, mientras cenaba con ella en sus jardines y un cuarteto les regalaba su compañía musical. Tras recrearse con las vistas de las palmeras de los jardines de Los Alcázares, miró a la lontananza en busca del estadio Ramón Sánchez Pizjuán. En ese escenario del arte futbolístico, había vivido algunos de los mejores momentos de sus más de tres décadas. Era uno de los rasgos que le unían a las conglomeraciones humanas, al niño que fue y que encontró allí un espacio social en el que expresar emociones. En aquel segundo, tuvo el impulso de gritar a los cuatro vientos: ¡Libre!, ¡soy libre! El eco de su voz se propagó por la atmósfera… El cúmulo de aire, rabia, impotencia, contenidos, empezó a encontrar vías de escape.
De pronto, apareció el vigilante.

Comentarios

  1. Un hermoso jardín, que a menudo pasa desapercibido.

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  2. Allí se siente el silencio. Y curiosamente a los viajeros les encanta ir a ese jardín.

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