Los enamoramientos, una novela intrigante


Es lo que ha escrito Javier Marías. Una obra que recapacita sobre las relaciones sentimentales en nuestro tiempo. Una realidad que vive una época de vacilación, de dudas, de crisis, porque las relaciones de pareja son hoy minoritarias. La gente quiere enamorarse o eso dice, pero en realidad practican la filosofía de los amigos amantes. Esos que se citan para verse, contarse cómo les va la vida y acostarse. Después del cigarrillo, ese símbolo que no falta, uno se queda en su casa y la otra vuelve para la suya. Y durante toda la trama, la duda persiste en lo que pasará, aunque María Dolz, la protagonista que encarna la voz de la narradora, tiene asumida su situación de que ama sin ser amada por Javier Díaz-Valera. Resulta curioso el vínculo que se establece entre ambos porque radiografía certeramente el modelo principal de relación que se ha establecido entre los adultos. De hecho, en otra novela, Volver a amar (la catarsis), quien reseña esta obra de Marías, planteo por qué se está dando ese paradigma de relación afectiva y erótica en nuestro tiempo.
        Y frente al modelo que encarna la relación entre María y Javier, está el que representan el matrimonio de Desvern y Luisa, un empresario y una profesora universitaria que evocan a esa pareja que muchos quisieran encontrar y vivir. Sin embargo, un fenómeno inesperado, aunque tramado por sus protagonistas, va a propiciar el final abrupto de la pareja: el asesinato de Desvern en manos de un vagabundo. A partir de ese momento, los personajes de la novela, que hasta ahora han permanecido cada uno en su mundo, comienzan a mezclarse con la sapiencia de Marías, que una vez nos los ha presentado, empieza a tejer los vínculos entre ellos. Las historias de vida de cada uno de ellos comienzan a converger y a generar nuevas trayectorias.
A partir de esa historia principal, Marías se sirve de sus personajes para radiografiar las circunstancias de ellos, el mundo –el nuestro–, en el que viven y realizar una crítica acertada y profunda sobre aquellas. El episodio del crimen le vale para meter su bisturí en el exhibicionismo y el morbo que los medios de comunicación y los lectores que los siguen, practican sobre el dolor y la muerte ajena. Esa actitud y ese comportamiento provocan que luego ni unos ni otros se planteen cómo se puede solucionar. De hecho, a lo largo de la novela se denuncia como la mayoría de los asesinatos de nuestro tiempo quedan impunes.
A través del contexto profesional de María Dolz, el mundo editorial, ofrece su visión sobre los abusos que cometen los editores y distribuidores principales beneficiados del negocio entorno al libro. Pero también lanza su punto de vista crítico sobre las cantinelas de aquellos escritores que se creen grandes y cuya obra es mediocre, sobre los esnobismos en que incurren algunos de los plumillas que han conseguido cierto éxito.
Frente a la mirada pausada que nos aporta María Dolz, están aquellos que a diario desayunan en la misma cafetería, como millones de personas lo hacen en otras, prisioneros de la prisa. En ese elemento, en esa pasaje de Los enamoramientos, podemos captar una reflexión que ya hiciera su padre, el filósofo Julián Marías, hace años cuando dijo este mundo aparentemente tan rápido y en el fondo tan lento. Significando esa lentitud en el fondo la incapacidad de quienes practican esas prisas para avanzar, porque lo que están provocando con sus decisiones y actos es precisamente una involución en la vida, en las relaciones de cualquier tipo, en el mundo. En lugar de mejorar, de avanzar, se produce un retroceso, una degradación.
Y es que en Los enamoramientos, la rica herencia del pensamiento de Julián Marías está presente en la novela de su hijo Javier. Así nos recuerda el lema de Miguel de Cervantes, Tú mismo te has forjado tu ventura, que su padre demostró haciendo una extraordinaria semblanza del Príncipe de las Letras en su ensayo Cervantes, clave española. O en la meditación que hace Javier con sus personajes cuando plantea esa realidad de ese amigo más cercano que practica la envidia más injusta, desleal e insana sobre alguien que le trata como si fuera un hermano. O cuando plantea las razones vitales y las posibles trayectorias del asesinado Desvern, señalando que su vida es su auténtica novela. Género en el que Javier se ha convertido en un maestro. O con la presencia del profesor Francisco Rico critica el estado de la universidad española, tan alejada intelectual y éticamente –salvo en contadas y ejemplares excepciones– de aquella maravillosa universidad española de los años veinte y treinta del pasado siglo.
        Javier Marías, fruto de su propio cansancio como lector de la novela contemporánea, hecho que viene comentando de un tiempo a esta parte, ofrece un diálogo a través de María y de Díaz-Valera con clásicos de la literatura a los que recurre para gozar de la lectura y seguir aprendiendo. Por eso aparecen en el desarrollo y desenlace de Los enamoramientos, las figuras de Cervantes, Shakespeare, Balzac o Dumas. Y a través de ese diálogo no solamente escribe la trama de su novela sino que también teoriza sobre cómo ha evolucionado el género desde entonces. 

Comentarios

  1. Los modelos americanos se filtran sutilmente, sin avisar. El cine, la literatura, etc... nos muestran esas otras realidades que antes eran impensables aquí, y las hacemos nuestras. Llegamos incluso a copular con la vecina del 4º en el rellano de la escalera emulando “Nueve semanas y media”.

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  2. Me imagino que llegará un momento en que hasta los propios americanos se planteen la realidad sentimental y la cambien porque sientan que es insostenible.

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