Pasión entre dos



Pablo alzó sus dos manos hacia la testa de Marga y arrastró sus dedos desde el inicio de la melena hasta sus sienes. Sin prisas, dando tiempo al tiempo, leyendo los mensajes que los ojos y la cara de ella le iban comunicando, fue acariciando su pelo. Cuando hubo alcanzado con sus yemas la coronilla de ella, comenzó a darle un masaje suave con aquellas. Ella se dejaba llevar por las sensaciones que su cuerpo le iba transmitiendo y movía lentamente su cabeza, mientras sus cejas y párpados empezaban a hallar la relajación propia del placer. Los amantes dejaron escapar sendos suspiros de pasión. Él con sigilo se fue incorporando en el sofá y hábilmente le dio un giro de ciento ochenta grados al cuerpo de ella, de manera que ahora Marga le estaba dando la espalda. Le levantó la melena y se la llevó hasta su hombro izquierdo, dejándola reposar sobre aquel. Cuando tuvo libre todo el lado derecho del cuello y del hombro de Marga, Pablo comenzó a darle pequeños mordiscos con sus labios y dientes. Con su lengua recorrió el antebrazo hasta llegar a la parte interna de uno de sus codos. Tomó los largos brazos de ella, los unió a los suyos y empezó a acariciarle las palmas de las manos con sus uñas. Sin prisas, fue subiendo sus dedos hacia los brazos hasta llegar a la altura de sus senos. Una vez alcanzada esa zona de la figura, como si de dos imanes se trataran, fue llevando sus manos hasta el centro de la espalda de ella. Desató el lazo que sostenía el pareo y con delicadeza fue dejando al desnudo el torso y el tren inferior de la artista. La tela de lino quedó circunscrita a las caderas de ella como si de una aureola se tratara.
Manuel Carmona: Volver a amar (la catarsis), Cap. 3

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