Renace el espíritu de Fuenteovejuna



Nos reunimos Sofía, Perenne, Rúas y yo, el pasado viernes para comer un arroz con níscalos. Los habíamos estado recolectando el fin de semana anterior en la bellísima Sierra de Aracena, lugar de encuentro alrededor de las setas durante el otoño invierno desde hace décadas. Las tierras de la comarca están llenas de historia, sus parajes de encinas, olivos y alcornoques, una auténtica delicia para los sentidos. Se siente el frío seco sano cuando se va caminando a través de sus dehesas y rutas de senderismo. Se capta la belleza silenciosa de un antiguo castillo medieval, hoy afortunadamente reconstruido y a la espera de un inteligente uso cultural. Se aprecia perfectamente lo que son los cruces de camino, cuando en un punto de aquel se está en un lugar de encuentro de las provincias de Badajoz, Huelva y Sevilla.
Dimos cuenta del arroz con níscalos, acompañándolo con una ensalada de escarola y regados con un buen vino tinto de la Ribera del Duero. Durante la comida estuvimos poniéndonos al día y planificando el próximo puente. Y tras ella, nos sentamos entorno a la mesa de camilla para dar cuenta de un buen café y de unas copas de licor de guindas artesanal que habíamos comprado en Cazalla de la Sierra. Y comenzamos a tertuliar, ante la agitación personal y cívica que se está produciendo en España y en buena parte del Mundo.
        Si la Segunda Guerra Mundial hizo famoso un punzante y lúcido poema de Martin Niemoeller, muchas veces atribuido erróneamente a Bertolt Brecht, que comenzaba vinieron a por los comunistas y como yo no era comunista no hice nada… desde hace casi dos años en cambio estamos viendo renacer el espíritu contrario. Se trata del alma de Fuenteovejuna, hecho humano y colectivo del que por cierto nos tenemos que congratular dado que se trata de ponerse en la piel y en las circunstancias del otro y de que éste también lo haga en mí y en mis circunstancias. Esa realidad muestra también como buena parte de las circunstancias ajenas nos son propias y viceversa. Desde los estudios al desarrollo de una profesión, desde la realidad de pareja a la familiar, desde la salud a la educación, desde la vivienda a la ciudad, todas forman parte de nuestra vida cotidiana.
Tomó la palabra Rúas y nos comentó dos de los episodios que había experimentado el día anterior durante su viaje a Madrid. Caminando acompañado de una buena amiga había visto como era cierto el apoyo masivo de los profesionales sanitarios a la defensa del derecho a una asistencia médica y a la Seguridad Social. Al transitar a lo largo de la fachada principal del Hospital del Niño Jesús pudo observar muchas pancartas que avisaban del estado de lucha a favor de la preservación de lo bueno que el sistema sanitario español ha alcanzado en el último siglo, dado que fue precisamente entre 1908 y 1909 cuando se promovió la colegiación médica en España y con ella también una serie de programas sanitarios que fueron fomentando poco a poco la atención a cualquier persona. Entonces como ahora, la mayoría de sanitarios, el 84% de los profesionales, se opuso al sistema imperante que solamente cubría las necesidades de tratamientos y terapias de los potentados económicamente y también a catedráticos de Medicina que veían favorecido su estatus.
La otra de las experiencias que había vivido durante aquella magnífica jornada madrileña fue comprobar la excelente salud de la Real Escuela Superior de Arte Dramático, donde nuevas generaciones de actores y actrices, directores o escritores de teatro se están formando. Observó entre ellos como esa nueva generación mayoritariamente tiene presente a diario que todos los esfuerzos que está haciendo requieren del compromiso y de la ayuda del compañero, de la coherencia y responsabilidad de todos los miembros del equipo. En una charla posterior de Rúas con algunas de esas futuras figuras de la dramaturgia española pudo cotejar una realidad: han entrado en conciencia de la necesidad del otro y del equipo. Cuando hasta hace relativamente poco se había fomentado en este gremio la existencia de grandes estrellas, de ego desmesurado, la nueva generación sin embargo, con sus excepciones que en todo lo hay, está apostando por el espíritu de cooperación con el resto. Lo apreció Rúas en la propia cafetería mientras comían los jóvenes. Lo  captó también durante los preparativos de un ensayo previo al estreno de Calígula.
Allí también en la RESAD pueden producirse recortes, esperemos que no dado que en la mesa de trabajo de las negociaciones hay posibilidades reales para que no se produzcan y los intereses de todas las partes implicadas salgan favorecidos. Por cierto, que en ese mundo como en todos también se da algún caso de gente profesional que se ha aburguesado en la poltrona o que ha practicado el enchufismo. Lacras ambas que tienen que ser erradicadas.
        También en Madrid, nos apuntó Perenne, se va a celebrar coincidiendo con el Día Internacional de los Discapacitados, una manifestación de éstos y sus familiares por los recortes en prestaciones y atenciones que están sufriendo en estos años. Cuando precisamente se trata de uno de los colectivos que mayor tiempo ha tardado en ver reconocidas sus circunstancias y, por tanto, necesitan de una especial atención y dedicación.
        Sanitarios, estudiantes, profesores, pacientes, familiares, empleados, pequeños emprendedores, desempleados, inmigrantes. Todos ellos forman el cuerpo y la estructura de la sociedad, del pueblo, español. De cualquier país del mundo. Sin ellos, sin tener presente sus circunstancias y sus proyectos de vida, es imposible que un país o un conjunto de países salgan adelante. Y, por tanto, lo más parecido a una convivencia democrático sea factible. Europa, esa que se esconde en Bruselas y en las cancillerías de sus presidencias de gobierno, ha perdido el rumbo. Mientras no lo encuentre e incumpla con sus compromisos firmados en el Tratado de Lisboa y en la Agenda 2020, la superación de los problemas de todos será más complicada e injusta. Por tanto, los europeos saben como en la obra de Lope de Vega a quienes deslegitimar y desbancar de sus poltronas partitocráticas y plutocráticas para hacer que su espíritu prevalezca. 

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