Arrojar piedras, poesía para meditar la vida



        El poemario Arrojar piedras de Javier Pérez Walias, Ediciones La isla de Siltolá, nos atrapa en la meditación profunda, serena y que pellizca desde su dedicatoria hasta las notas finales con las que nos apunta y aclara algunos detalles. Eso cuando se lee, porque cuando se recibe el libro y se tiene entre las manos, uno ya se pregunta por qué ese título de Arrojar piedras. Se leen algunos de los poemas y las interrogaciones nos vienen. Es poesía llena de filosofía para la vida, por lo que entendemos que recurra a una cita de María Zambrano para encabezar la introducción que el propio Javier nos escribe antes de presentarnos la primera parte del libro y el primer poema. Eso también lo podemos entender cuando dedica a su hijo Alonso esta obra. Un adolescente delgado y lleno de amor, que empieza a entrar en la vida adulta. Hermoso testigo éste que su padre le regala porque desde el texto poético le presenta la vida delante de sí. Con la particularidad de que le habla y nos habla con sencillez y dando tiempo al tiempo, sin prisas. Apreciamos que el poeta cacereño, enamorado de Málaga y su círculo, es una persona de gran madurez vital y ella se transmite en sus versos y poemas, desde los cortos hasta aquellos largos que encadenan varias páginas.
        Percibo en la escritura poética de Pérez Walias una visión creativa artesanal de su obra y de las otras artes plásticas con las que desde hace años se relaciona a través de artistas con quienes ha tejido su mundo personal e intelectual. Mima los detalles, desde la dedicatoria de un ejemplar de su poemario hasta las ya citadas notas del autor. Y tiene la alegría de compartir esa visión de cómo hacer las cosas y de construir la vida con el editor de La isla de Siltolá, quien nos presenta una edición bella, elegante. Sobre fondo blanco de cubierta, juegan con las letras en negro y verde bosque para presentarnos el nombre del poeta, el título del poemario, el nombre de la colección y de la editorial, incluso el año de edición. Un sencillo dibujo de unos árboles a tinta sobre unas laderas sirve de enlace entre unos elementos y otros de la cubierta. En el reverso, querido lector, podrás comprobar in situ, como en la propia web de Javier Pérez Walias, que su amor hacia las letras y la poesía, el arte en sus diversas manifestaciones, le viene de lejos.
Aprecio en esta obra y en esta edición, como en las otras obras reseñadas ya en este blog, que nuestro mundo poético español vive unos buenos tiempos. ¿Por qué lo pienso? Porque hay hombres y mujeres como los ya reseñados y los que reseñaré que están realizando una labor poética de gran calidad. Un trabajo y unas obras que se detienen en los asuntos decisivos de la vida. Tienen una mirada, como Javier, sobre lo difícil que es esto de vivir y, sin embargo, como nuestros clásicos de otros tiempos, ellos tratan de afrontar las circunstancias que les toca vivir. Y también se detienen con rigor y sensibilidad a mirar sobre la vida de sus semejantes. De ahí que dediquen sus versos a otras personas con quienes comparten vivencias de esas que marcan las trayectorias.
Desde el punto de vista editorial, porque si os fijáis de manera global en las reseñas apuntadas, siempre me detengo a analizar la calidad de la edición. Y desde luego desde el punto de vista técnico hay elegancia y buen hacer. Son ya libros de varias editoriales los presentados aquí en el Rick´s Café, y tengo la alegría de haber saboreado esos detalles. Desde luego estas obras poéticas merecen ser dadas a conocer en otros países y en otras lenguas. Anímese el mundo editorial español y de otras latitudes.
Ahora bien, te animo a ti, lector, que estás en tu casa, en tu trabajo, que vienes y que vas, a que te detengas un rato cada jornada y te quedes en silencio. Como nos invita Javier en este poemario y lo hacen otros artistas tratados, como nos recordaba Julián Marías en sus cursos, siguiendo el ejemplo de su amigo y maestro Ortega. Detente a leer buena poesía y dale con tu lectura y apoyo un impulso sereno, constante y valioso a la obra de nuestros poetas. Que poco a poco esa vieja frase se lee y se vende poca poesía, que cualquiera hemos escuchado en demasiadas ocasiones, poco a poco vaya siendo superada. No es tarea fácil ni sencilla, pero tampoco imposible. Es tarea que necesita como todas de compromiso, coherencia y tender puentes de cooperación. Porque leer buena poesía, versos auténticos salidos de las vivencias que a todos nos marcan, hasta a los más triviales de existencia, nos ayuda a encarar cada amanecer. Nos impulsa a mirar la muerte como la miran aquellos que aún teniéndole miedo y respeto, son capaces de afrontarla sacando de su interior lo que sienten o vieron sentir a otros. Y a pesar del dolor que nos causa, lanzar como los abuelos sabios un mensaje de luz y esperanza. Unos versos que son piedras arrojadas para que se fragüe en cada uno de nosotros esa mirada reflexiva y delicada ante los avatares de nuestro devenir. Y que el barco, que es nuestra vida, como el que simboliza a esta Colección de Vela de Gavia en el que apareció publicada Arrojar piedras, seamos capaces de llevarlo con dignidad, amor y autenticidad a ese bosque de tierra firme que vemos en el frente de su cubierta.

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