El azahar, ungüento del alma


Continuó su trayecto por Mateos Gago, acompañado por esa pequeña alameda de naranjos a derecha e izquierda de la calle, que le iba regalando su esencia de azahar. Aquel perfume urbano lo sentía como un ungüento a su dolor. Uno de esos pequeños y sutiles matices que la vida concede a uno, si se está despierto a esos placeres cotidianos, y que pasa desapercibido para otra gente. Parte de la sociedad se había hecho tan consumista, se había volcado tanto sobre los aspectos materiales, que estaba dejando a un lado las cuestiones vitales de siempre. Miró a ambos lados de la calle y regaló una mirada de complicidad a aquellos árboles que le hacían más llevadera y grata su pena. A dos tercios de la vía, levantó la cabeza y se encontró con la Giralda. Sintió la necesidad de guarecerse en ella y cambió el rumbo de su destino.

Manuel Carmona Rodríguez: Volver a amar (la catarsis)

Comentarios

  1. Después de leer esto no puedo esperar más, mándame un enlace a mi correo de dónde puedo adquirir tu obra, el sitio que tú creas más conveniente,este comentario resume lo que me ha gustado este pedazito de tu libro.
    Un abrazo

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