La vigencia de El disputado…


voto del señor Cayo, novela maravillosa de Miguel Delibes y adaptada cinematográficamente de manera ejemplar por el equipo de Francisco Giménez Rico y Manuel Matji, con interpretaciones convincentes e intensas de Juan Luis Galiardo, Francisco Rabal, Lydia Bosch e Iñaki Miramón. Os hablo de ella hoy en el Rick´s Café después de haberla vuelto a ver acompañado de Perenne, Sofía y Rúas el pasado fin de semana. La propuesta de su visión vino de la mano de Sofía, entusiasta de la narrativa de Delibes y de esa visión cinematográfica cargada de realidad y salpicada de intentos interpersonales de superar las dificultades cotidianas que nos transmiten cintas como ésta. Entre las enseñanzas irrenunciables, el no vivir corriendo y con prisas.
Conmueve la lucidez de Delibes para darse cuenta de cómo se estaba gestando la transición política española. La novela se publicó en el año 1978. Llama la atención su talento y sensibilidad para saber introducir matices en cada uno de los comportamientos de sus personajes y, a través de ellos, poner a cada uno en su sitio. Retratarlos quitándoles la máscara. Delibes nos enseña con sencillez y claridad su conocimiento cercano, íntimo y auténtico de las gentes de España y de los lazos que se tejían o destejían entre sus grupos. Y también su sabiduría espontánea y honrada para mirar a las personas sencillas como el agricultor, ganadero, apicultor y esposo que simboliza el Sr. Cayo, interpretado sabiamente por Paco Rabal. 
Emociona la capacidad de Giménez Rico y Manuel Matji para lograr que en 1986 la novela fuera llevada al Séptimo Arte. Fijémonos en un detalle para a partir de ahí seguir desgranando su valioso aprendizaje para la vida de nuestro tiempo. Han transcurrido apenas ocho años desde el inicio de la transición democrática, y personas inteligentes para la vida como Delibes y el propio dúo de guionistas son capaces de mostrar las entrañas cotidianas de la política española. Y mostrando los entresijos de los comportamientos de cada uno, reflejar lo que tres décadas después estamos viviendo.
Después de visualizar la película los cuatro, comenzamos a tertuliar. Escucho a mis compañeros de tertulia. Y llegado un momento tomo la palabra para exponer un detalle que aprendí escuchando y leyendo a Julián Marías –por cierto, amigo del alma de Delibes–. Cuando Marías se ponía a estudiar y analizar cualquier acontecimiento histórico, y su sensibilidad y agudeza partía de los más pequeños hechos cotidianos para a partir de ahí concentrarse en los grandes sucesos nacionales e internacionales, solía con frecuencia lanzar esta cuestión ¿se podría haber evitado? ¿Por qué no se hizo?
Al volver a ver esta película, si volviéramos a leer ahora la novela de Delibes, insisto publicada en 1978, las preguntas nos brotan como de la semilla la raíz, de ésta el tallo y de éste la flor. ¿Qué influencia real tuvo la novela en la comunidad lectora española en su momento? ¿Qué seguimiento y análisis se hizo entre los medios de comunicación de la época? ¿Qué lecturas se hicieron en los centros educativos de entonces, desde los institutos a las universidades? ¿Qué permeabilidad hubiera tenido su lectura y análisis sosegado en las familias españolas o en los movimientos vecinales y asociativos?
Todas esas interrogantes las podemos extrapolar a la película. Estamos hablando de la primera década de la transición democrática.
Hoy, independientemente de las siglas políticas, siempre que de verdad permitan a cualquier persona vivir dignamente y en un marco real constitucional y defensor de los derechos humanos, necesitamos honrados y vocacionales servidores del país como Víctor Velasco y Laly. Ellos abandonaron su escaño, su posibilidad de hacer trayecto político, a cambio de no renunciar a ser honestos, libres y coherentes. A saber respetar a personas como el Sr. Cayo, quien se sentía feliz viviendo en su pueblo aldea habiendo descubierto ahí su camino vital y su afinidad con su entorno. Por supuesto que Cayo también habría de superar el cainismo con el vecino de la aldea y sentirse contento por lo logrado con el esfuerzo de la mayoría como el sistema sanitario. Posiblemente así podamos vivir y convivir conservando lo valioso de lo antiguo y aportando lo necesario de lo nuevo. 

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