Logros de la sociedad civil


Cae la tarde, aún se ven los últimos matices de la luz del día. Es finales de enero y ya hemos ganado una hora al reloj solar. La transición del invierno a la primavera va en camino. Sentir que la jornada se expande es una delicia, una bendición, porque cuando cualquiera nos levantamos cada mañana para afrontar nuestras tareas cotidianas, empezamos a sortear una dificultad que nos espera a la vuelta de la esquina: vivir con la sensación de que estamos en una especie de noche continúa. Esa percepción se agranda sobre todo en las grandes ciudades especialmente entre aquella gran cantidad de hombres y mujeres que salen de sus viviendas pasadas las siete de la mañana camino de su lugar de trabajo, y regresan a partir de las cinco o seis de la tarde de nuevo a sus hogares. Sus vidas en las citadas macro urbes les obliga a cruzarse en muchos casos esas desde su punto de residencia al centro laboral, aumentando la sensación de estar en una cadena de montaje. Se embarcan en metros, trenes de cercanías, autobuses. Otros van en sus coches. Al menos, quienes van en transportes colectivos pueden descansar un rato, escuchar música o leer algún libro o texto que les interese. Sin embargo, también me percato mientras transito por esa ciudad subterránea que es el metro, que cada vez más personas
–sobre todo mujeres– dedican el tiempo a contestar mensajes por los móviles. Ante ese detalle, las preguntas empiezan a aparecer en mi interior: ¿son mensajes sobre cuestiones laborales? Si la respuesta es afirmativa supone no desconectar de las circunstancias profesionales. Por lo tanto se acentúa esa visión ya formada en mí y en otras personas concienciadas de que aquellos viven para la secuencia comer-dormir-trabajar.
¿Qué espacio y tiempo dejan para relajarse, pensar o sentir, para relacionarse en amigable tertulia con amigos y familiares? No me extraña tampoco que las relaciones vecinales hayan vivido un tiempo de ostracismo durante un largo periodo, haciéndose demasiado habituales los comentarios “no conozco a mi vecino”, o “solo nos vemos en las reuniones de comunidad”.
      Respecto a quienes transitan en sus coches particulares, como vayan en el mismo sentido que buena parte de los conductores, el estrés y la ansiedad ya comienzan a formar parte de su cotidianeidad desde el comienzo del día. Se me viene a la memoria ahora el relato sentido y cariñoso de un profesor de la Universidad, Santiago López Navia, cuando cambió su lugar de trabajo hacia un centro ubicado en Segovia. Emocionado me apuntaba que ahora al ir desde la macro ciudad hacia un pequeño municipio –y estamos hablando de una localidad como Segovia, capital de provincia y con una fecunda historia–, podía disfrutar de la música que le gustaba. Se trata de disfrutar de la vida, de cada vivencia cotidiana. Lograr ese imposible posible, como definió Julián Marías a la felicidad.
     Mi memoria está hoy activa y continúa sacando matices como si fuera un campo cultivado con tesón, ilusión y visión artesanal del que es posible recolectar frutos. Tira de archivos y recuerda como Mingote se alegraba de no haber tenido coche. Su amigo Julián Marías, que se recorrió varias veces el Mundo, tampoco. Y, sin embargo, estaban perfectamente informados desde sus mundos personales hasta lo que ocurría más allá de nuestras fronteras. Ellos habían sido capaces de romper los esquemas reduccionistas en los que había incurrido el mundo sistematizado y mecanicista de las sociedades industriales. Eran capaces de sacar rendimiento personal e intelectual a sus vidas, y compartirlos con aquellos a quienes querían. Se valían del trato con sus familiares, amigos y vecinos; trababan redes de cooperación con semejantes de otros países. Este último uso era una vieja costumbre, ya que durante siglos las cartas permitieron estar en contacto con personas de otras latitudes. Gran parte de lo más enriquecedor de los avances logrados en cualquier campo se encuentra recogido en las citadas correspondencias. Por eso, cuando los que detentaban el Poder de manera arbitraria o anhelaban poner nuevas trabas a la libertad, recurrían a tratar de interceptar las cartas entre determinadas personas o grupos.
Otro viejo sabio se me viene ahora al recuerdo, José Luis Sampedro, quien lleva años sentándose junto a una ventana por donde le entra el Sol y goza del mar. Se sienta con una tabla entre sus piernas y con su pluma comienza a desgranar lo que ve y escucha. Pienso en esas mujeres ya abuelas que después de estar bregando en sus casas, en la valiosísima profesión de amas de casa, aprovechan la tarde para pasear, ir a cursos de formación que les interesa y a los que renunciaron en el pasado por sacar sus hogares y familias adelante, y viven cada jornada con renovados ánimos y proyectos.
     Es jueves, aunque el viernes está ahí a la vuelta de unas horas de las manecillas del reloj. La prensa ha comenzado a llenar sus portadas digitales de las filtraciones del imputado Barcenas. Los medios se citan unos a otros. Me recuerda a esa noche madrugada del 23 F de 1981, cuando los teléfonos de las redacciones más prestigiosas del país sonaban reiteradamente para tomar decisiones conjuntamente. Resulta llamativa la intervención del Embajador de los Estados Unidos sobre el asunto de la corrupción en España. Hace tiempo que los grilletes de la mentira y de los intereses creados comenzaron a saltar por los aires. Tú, hombre y mujer de este país y de otros, lo estás haciendo posible con tu toma de conciencia y tu cambio de actitud y comportamiento desde hace tiempo.
La participación en la limpieza del Chapapote en 2002; las manifestaciones contra la Guerra de Irak en 2003; los actos colectivos contra los atentados del 11 M en Madrid; las movilizaciones contras las políticas de viviendas en 2006; Islandia, Grecia, Portugal, el norte de África; el Washington Post que publica el fenómeno de la Acampada en Sol; las protestas contra el tiburoneo financiero sin escrúpulos en Wall Street y los paraísos fiscales; la dación en pago; los realojos en inmuebles propiedad de entidades nacionalizadas y propulsoras de la estafa inmobiliaria; las imputaciones judiciales contra banqueros y ejecutivos; las manifestaciones contra el Pacto del Euro sin que se apoyen políticas activas y coherentes de crecimiento de la economía real; las marchas verdes y blancas contra recortes educativos y sanitarios…
Nos toca seguir. Eso sí, no te olvides antes de descansar y de saborear la vida.

Comentarios

  1. Excelente una vez más, poco o nada que añadir, ya lo tiene todo el texto que has parido.
    Un abrazo y tampoco tú te olvides de descansar y saborear la vida.

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  2. Gracias por tu lectura crítica y sobre todo por recordarme la necesidad del descanso. Un abrazo.

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