Trayectorias vitales y relaciones intergeneracionales



        El pasado viernes, La 2 nos ofrecía el documental Oxígeno para vivir que retrata la vida del periodista Enrique Meneses, fallecido el pasado 6 de enero. La idea original de la también cronista Georgina Cisquella. Seguramente cualquiera de vosotros pueda ver reproducido el citado documental próximamente o más pronto que tarde podrás disfrutarlo a través de Internet. La verdad merece la pena verlo. Ahora bien, para este artículo me voy a detener en un detalle que me llamó especialmente la atención. En un momento del mismo, Enrique Meneses se encuentra gozando de unos días en casa de su hija, una acogedora y bella casa de campo en la provincia de Guadalajara. Podemos apreciar el cariño mutuo, la atención de la hija y de su marido hacia la figura paternal, la buena tertulia que comparten sobre asuntos de la vida y también sobre momentos periodísticos compartidos entre Meneses y su hija. Ella durante una etapa larga de su vida también continuó el sendero periodístico. Vemos incluso los inicios de ella a raíz de una serie documental que su padre realizó viajando por África. Esto lo conocemos gracias a la labor excelente del equipo de Georgina Cisquella que combina durante la narración imágenes que ellos han tomado con otras de los archivos periodísticos producidos en su día por el propio Meneses.
        Llama la atención una gorra deportiva que la hija de Meneses le regaló con la leyenda Enrique Meneses Academy. Con ese sencillo y certero gesto ella homenajeaba a su progenitor y su labor de maestro de nuevas generaciones de periodistas que aquel había realizado a lo largo de su vida en el piso familiar en el barrio madrileño de Ciudad de los periodistas. En aquel acogedor piso, hombres y mujeres que anhelaban ser periodistas acudían con regularidad entablando una relación de maestro – discípulo con Meneses y también de amistad. La hija de Meneses comentaba que habían aprendido más periodismo en aquellas largas, profundas y continuadas charlas y tertulias que en 4 ó 5 años de estudios universitarios. Esa universidad improvisada y real de la vida que Meneses ejerció, y que su propia hija oficiosamente había inaugurado dotándola con aquel nombre recogido en la gorra, la pudimos ver continuada con periodistas concretos de las nuevas generaciones que aparecían en el documental. Algunos bellos gestos del propio Meneses hacia ellos refrendan lo dicho. Por ejemplo, el propio Meneses le regala un libro a un periodista joven que un maestro suyo a su vez le había regalado a él hacía varias décadas. De esta manera, el texto se convierte en símbolo de todo un legado, en un auténtico testigo, ya que en su dedicatoria al joven plumilla, Meneses le indica que él se lo regale dentro de unas décadas a alguien que siga sus maneras de vivir el periodismo.
        Una vez lo expuesto hasta aquí, paso a comentaros ese momento de charla sincera y directa entre Meneses y su hija, sentados ambos en la placidez del porche terraza de la vivienda, en que ella explica por qué llegado un momento de su trayectoria, había decidido pegar un cambio de rumbo y había elegido otro camino profesional. Ese final de su sendero periodístico, libremente decidido por ella, en términos filosóficos de la razón vital, se denomina una nueva trayectoria. Se trata de un nuevo vector vital. Eso, siguiendo los planteamientos y las demostraciones de Ortega y, sobre todo, de Julián Marías, nos ayuda a entender las trayectorias vitales de una persona, y que si estudiamos con rigor y veracidad esa biografía, a que nos acerquemos a lo más íntimo de una vida personal. En Ortega, encontramos sus ensayos Goya, y el Velázquez, como modelos concretos de lo que os estoy explicando. En los ensayos de Julián Marías, podemos destacar: Ortega circunstancia y vocación; Ortega, las trayectorias. O Cervantes, clave española.
        En ese debate entre Enrique Meneses y su hija, recogido con gran sensibilidad, respeto y serenidad por el equipo del documental, hay un momento en el que el silencio habla de lo que ha ocurrido desde hace años y está ocurriendo. La hija decidió abandonar la trayectoria periodística y emprender otra ruta profesional que además de ser más auténtica para ella le permite vivir vertebrándola con el resto de sus circunstancias vitales. Ella quiere disfrutar de la vida en un municipio rural, rodeada de la naturaleza. Quiere vivir desde la cercanía su relación sentimental con su pareja. Prefiere esa vida y lo que ella implica a la que había tenido hasta ese momento, marcada por los continuos viajes profesionales y el vivir en una macro urbe como Madrid. Además cuando se da cuenta, aún ejerciendo de periodista, que se tendía cada vez más a seguir los acontecimientos –sobre todo los conflictos bélicos– desde los hoteles y no desde el campo de batalla o desde el interior de las ciudades sitiadas, ella reconsideró su vida. Junto a ello le preocupaba la cada vez más incidencia de la muerte y las desgracias sobre la población civil afectada que sobre los propios ejércitos.
        Esa decisión de ella, de abandonar el camino periodístico, causó por lo que apreciamos en aquella conversación una tristeza y un dolor en su padre. Él estaba ilusionado y encantado con que su hija también siguiera su legado. Y he aquí donde quería llegar. Ante esa situación, que he podido y puedo apreciar que ocurre en otras relaciones entre padres e hijas, o entre madres e hijos, marcadas también por el deseo de sus mayores de que continúen con la profesión o el negocio familiar, ¿hasta qué punto es esto positivo y posible? ¿Hasta qué punto es esto bueno? Estas son las preguntas decisivas, o al menos así, querido lector, las veo. En su respuesta podemos hallar nuevas cotas de libertad que cualquier persona puede alcanzar en su vida si logra que las circunstancias le acompañen. Y con esa libertad, dotar de coherencia, sensatez y honradez a su biografía. Podemos entender la ilusión, el deseo y otros estímulos de un padre o de una madre, porque su descendiente continúe su legado profesional. Ahora bien, siendo eso tremendamente valioso, ¿es lo más importante? Honestamente pienso que no, se puede o no compartir la vocación laboral e intelectual con nuestro mayor, pero lo decisivo es la honradez, la coherencia, la bondad, o el compromiso que aquel nos enseñó con su ejemplo vital. A esas actitudes y esos comportamientos son a los que no debemos renunciar. Y continuar así con su legado. 

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