Una película diferente



El film Una pistola en cada mano, del cineasta Cesc Gay, sorprende por los asuntos tratados y por el excepcional elenco de actores y actrices que ha logrado reunir el equipo de producción y guionistas. Contar con Ricardo Darín, Javier Cámara, Jordi Mollá, Eduardo Noriega, Candela Peña, Cayetana Guillén Cuervo, Leonor Watling, Clara Segura, Luis Tosar, Leonardo Sbaraglia, Eduard Fernández y Alberto San Juan, supone disponer de buena parte de lo mejor de la interpretación en España. El desenlace de la cinta, que no lo voy a desvelar, aunque estoy seguro de que te encantaría, es una manera inteligente de cuadrar todas las situaciones que se han ido presentando a lo largo de la misma, haciendo bueno el verso del poeta Jorge Manrique nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar.
La inteligencia e ironía de los diálogos, que hizo que el público asistente a la sala rompiera a reírse en múltiples ocasiones, ayuda a dotar de mayor realidad a la sensación que tiene el espectador de estar visualizando una obra que podría adaptarse con facilidad al teatro. Seguramente en esa posible puesta en escena teatral, el público asistente se fundiría con las vibraciones que le transmitirían los actores, logrando una empatía extraordinaria. Queda ahí la sugerencia para quienes puedan llevarla a cabo.
Cada microhistoria narrada y dialogada en Una pistola en cada mano encierra los avatares cotidianos que el hombre de nuestro tiempo está viviendo. El desamor, la infidelidad, las rupturas sentimentales, la superación de las rutinas en la pareja que acaban ahogando a la relación, los problemas con el goce sexual, el papel del varón como padre, o el desempleo, están presentes a través de cada uno de los personajes que ellos interpretan. Y a su vez, vemos a ellas como, después de vencer con dignidad y valentía las situaciones que la vida les ha ido planteando desde que son adultas, han alcanzado una nueva plenitud en sus trayectorias vitales. A través de los personajes de Mamen, María, Sara y Elena, vemos desfilar delante de nuestros sentidos a mujeres capaces de afrontar la vida que han elegido vivir, venciendo las dificultades que las circunstancias les han planteado. Alguna de ellas, ha sufrido el dolor de que su pareja rompa su matrimonio y, sin embargo, tras superar esa tesitura, logra rehacer su vida sentimental y que su ex pareja participe plenamente de la educación del hijo común. Y junto a ello sigue disfrutando de su trayectoria profesional.
Otras dos encarnan a esas féminas de profesiones liberales que a partir de los cuarenta alcanzan un nuevo nivel de plenitud personal. Tras cuestionarse el modelo de vida que han heredado de sus padres y madres, y de luchar junto a la gente de su generación por ver cómo podían cambiar aquello que no les gustaba, han encontrado una serie de senderos y recursos que les son muy atractivos y gratificantes. Por eso hablan con libertad y profundidad de los asuntos que les preocupan y ponen en común aquellos aspectos de sus vidas como mujeres y parejas. Digamos que son capaces de conquistar zonas de libertad gracias a esa capacidad que han tenido de hablar con franqueza con su amiga de aquellas circunstancias que para ellas son claves en su devenir cotidiano. El reverso lo representan sus parejas masculinas, sintetizado en una escena y en unos planos antológicos, donde el silencio y las miradas pensativas entre ellos dos esperando a coger el ascensor, simbolizan el estancamiento que están sufriendo y del que no serán capaces de salir mientras no afronten con libertad y sensibilidad lo que están viviendo.
Y haciendo bueno el refrán donde las dan, las toman, se nos presenta a los espectadores la burla que sufre uno de los protagonistas masculinos cuando trata de seducir a una compañera de trabajo. Ésta cansada años atrás del escarnio que él y otros de la empresa le habían hecho sin venir a cuento, espera el momento oportuno que la vida le presenta para caricaturizarlo delante de unas compañeras y enseñarle esa lección de vida.
Otro de los momentos de plenitud de Una pistola entre las manos nos lo brinda la conversación en el parque entre Darín y Tosar, sobre todo cuando los hoy omnipresentes móviles entran en escena y el espectador con vista larga confirma que ocurre lo que su intuición había previsto unos segundos antes de que se desencadenara la trama. En esta microhistoria el espíritu de Woody Allen está latiendo entre el equipo de guionistas y los actores, demostrando el talento y la sensibilidad de unos y otros homenajeando con brillantez al maestro. 
Si hace más de un año, me atreví en mi novela Volver a amar (la catarsis) a desnudar las emociones de los hombres; Cesc Gay a través de esta película y de los actores que le acompañan en esta aventura prosigue con esa labor de ofrecernos las entrañas de los varones de nuestro tiempo. Si 2012 se cerró como el más taquillero del cine español, 2013 con películas como ésta nos invita a seguir apostando por la calidad de nuestro Séptimo Arte. 

Comentarios

Entradas populares