El pecho, de Philip Roth


A Vicente Antolín
Nos encontramos ante una novela corta, que forma parte de una trilogía, publicada en 1972, y cuyas obras complementarias, El profesor del deseo y El animal moribundo, se publicaron respectivamente en 1977 y 2001. Su protagonista es el profesor universitario y filólogo David Kepesh. Si nos detenemos a observar un detalle, el transcurrir del tiempo desde que se editó el primer texto hasta que se puso a la venta el tercero, apreciamos que han pasado tres décadas. La mirada y las circunstancias del personaje central han sufrido modificaciones, también se hace necesario analizar cómo ha evolucionado la perspectiva del escritor, Philip Roth. Recuerdo hará año y medio, a la salida de la presentación de una novela, que Vázquez Medel me apuntaba cómo con el paso del tiempo incluso puede matizarse el punto de vista sobre el mismo asunto novelado. Eso, coincidiendo con el lúcido apunte de Vázquez Medel, implica ir aprendiendo por el camino y profundizar en la manera y en el talante con que nos acercamos a un acontecimiento.
Roth recurre principalmente a la primera persona para narrarnos la trama. Ese detalle nos recuerda a otros clásicos de la literatura para la vida, como, por ejemplo, Cinco horas con Mario, del maestro Delibes. Ambas obras son excelentes textos para escenificarse, de hecho la obra del novelista español lo ha sido en miles de ocasiones. Y Woody Allen –con quien posteriormente se enemistó Roth­–, le hizo un guiño de complicidad presentando la escena del Gran Pecho en su película Todo lo que quería saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar.
El público de teatro se lo pasaría en grande viendo a Kepesh cómo de manera inesperada y gradualmente se convierte en un pecho a partir de un lunar que le ha salido en su pene. ¿Hay director de teatro, compañía y empresario teatral en España dispuestos a asumir esa aventura?, queda ahí la pregunta.
El detalle de la transformación fisiológica, como otros pasajes de El pecho, está influenciado por Kafka y La metamorfosis. Beber de fuentes clásicas ayuda, siempre que uno sea coherente con su vocación, con su percepción de la vida y la gente, y con su escritura, a convertirse en un novelista de referencia y culto.
 Roth en esta novela trata temas relevantes de cualquier persona y pueblo. La relación de Kepesh con su padre. Cómo son los vínculos con su joven pareja, Claire, y cómo varían. La amistad y sus dificultades para construirla y mantenerla también se hace presente, incluso hasta el extremo de conceder el perdón una de las partes a la otra cuando esa ha actuado de forma cainita. En todo ese cúmulo de situaciones y vivencias, emerge con personalidad y vigor la figura del psicoanalista, Klinger. Y el mundo social nos lo presenta cuestionando el papel que ya a principios de los años setenta estaban desarrollando los medios de comunicación de masas, que estaban convirtiéndose en auténticos promotores y difusores del morbo. En este sentido, Roth retoma el asunto que magistralmente ya nos anunciara literariamente George Orwell en 1949 con la publicación de 1984 y la figura del Gran Hermano. Como vemos, todos los temas que aborda Roth forman parte tanto de la tradición cultura judía, él lo es por origen familiar, como de la vida en nuestro tiempo.
La edición de Bolsillo que he manejado de Mondadori, incluida dentro de su Colección Literatura Mondadori, es de calidad. El papel tiene el suficiente grosor para aguantar el tránsito del tiempo y su uso. La fuente y su cuerpo permiten con suma facilidad la lectura de la novela, ayudando a que desde la lectora de toda la vida hasta el lector más remolón lean con gusto, interés y continuidad El pecho. El diseño de su cubierta, que podéis ver en la imagen que os adjunto, muy simbólica y llamativa en cualquier escaparate o entre pilas de libros. El traductor de la obra es Jordi Fibla, quien normalmente ha traducido las creaciones de Roth al español.
Y para ir terminando, os destaco el guiño de Roth a Elizabeth Ames y la corporación Yaddo, a quienes dedicó la novela, todo un referente tanto para las nuevas generaciones de escritores como para el mundo cultural y social. Cualquier escritor necesita de un buen editor y de un entorno que le permita expresar su trabajo, talento y sensibilidad, y viceversa. 

Comentarios

  1. Si señor, dos buenos maestros Roth y Vázquez Medel

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  2. Gracias John por tu fidelidad lectora, tus apuntes y tu labor. Un abrazo.

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