El valor de la correspondencia


Hace años escuchaba a Julián Marías contar como desde hace siglos las personas en Europa y en el Mundo se informaban de la situación propia, de sus relaciones interpersonales e intergeneracionales, y de sus países, a través de las cartas. Si se escribían reflejando con veracidad lo que ocurría, ayudaban a conocer la vida propia y ajena sabiendo a qué atenernos.
Hoy en día hay mucha propaganda interesada en medios de comunicación de referencia que impiden precisamente que cualquier persona sepa realmente lo qué está ocurriendo en su ciudad, provincia, región, país, y ¡qué decir del Mundo! Surgen así las paradojas; medios de información que nacieron para contribuir al conocimiento, a informar, a superar la ignorancia, o a desenmascarar los intereses creados, se convierten en propagandistas de sus compartimentos estancos. Y el puzzle se termina de desmadrar y se convierte en un guirigay con los gabinetes propagandísticos de los grupos de presión e interés.
Una serie de acontecimientos y escritos de los últimos días me han llevado a esta reflexión. La verdad, es una meditación antigua en mi persona. Hace casi veinte años que nació esa preocupación coincidiendo con mis inicios de estudiante universitario. Hoy, al abrir el correo electrónico, el amigo Rúas me ha enviado esta carta crónica del periodista de Santa  Cruz de la Palma que escribe con el seudónimo de Matthew Fragel. Le he recordado a Rúas que hace casi dos décadas era ya una alegría y un honor escuchar la lectura de los artículos del aquel joven canario escritos en las aulas universitarias. Esto que nos enseña este cronista viajero es la realidad con matices. Mirar y mirar lo que sucede a su alrededor, preguntar y preguntarse y contarlo. Y como está dotado de capacidad para profundizar sobre lo que ve, darnos a pensar y sentir ¿por qué ocurre lo que ve?
Está claro que Alemania no es la solución a los problemas de España ni de Europa ni del Mundo. Eso no quiere decir que los alemanes puedan aportarnos determinadas soluciones a asuntos concretos. Pero también en toda relación humana existe el camino de vuelta o reciprocidad. Es bueno recibir, pero también es necesario dar. Y lograr el equilibrio entre dar y recibir nos permitirá hacer la vida propia, interpersonal, intergeneracional y colectiva más digna, humana, justa y saludable. Que tú, español, inglesa, norteamericano, china, sudafricano u australiano, aportes a esas otras personas y países. Eso sí, siendo consciente y honradamente de que no tienes ni tendremos las soluciones a todas las circunstancias de la vida por haber nacido o tener el pasaporte made in.
O que por el simple hecho cotidiano de que hayas acertado una, dos o tres veces, siempre vayas a acertar, a tener la razón o la mejor solución. Esa actitud y ese comportamiento solo se dan en sistemas totalitarios, en los regímenes caciquiles, en las partitocracias o en las sectas, que no son otra cosa que una realidad básica: el egoísmo propio y de sus séquitos que subyuga a personas honradas y coherentes. Esos séquitos, como la historia nos ha demostrado, pueden estar formados por minorías o mayorías. Ahora bien, el mirar para otro lado de cierta gente o entidades, no denunciar lo qué ocurre, es también complicidad en los silencios. Una de las personas que lo ha expresado con claridad y lucidez fue el tantas veces citado Martin Niemöller. Él aprendió de sus propios errores, todos tenemos que hacerlo, porque hay errores que cuando aquellos son utilizados por personas y grupos que viven con maldad, las injusticias se propagan a todas las circunstancias de la vida.
      Estancos y estancados aprendamos a abrirnos, a tender redes sensatas y veraces de cooperación. No por el interés de ti, de mí, de nosotros, por el bien de cada uno y de toda persona honrada, comprometida y coherente.

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