Eugenio Silverio: “El ciudadano, sin saberlo, tiene las riendas del cambio socio-político”


Hablamos con Eugenio Silverio por varios motivos que se interconectan unos en otros. Hoy inicia el ciclo de conferencias y debates Filosofía para buscadores junto al profesor universitario José Antonio Antón. Como ya anunciamos en el Rick´s Café, se desarrollará este ciclo en el Centro Cívico Las Sirenas en Sevilla. Ante los avatares de nuestro tiempo, nuestra eterna amiga la Filosofía se nos ofrece como un punto de encuentro y de apoyo clave para orientarnos ante esas dificultades, y hallar un sentido a la vida personal, interpersonal y ciudadana. Conocedor del mundo de las finanzas después de varias décadas de ejercicio profesional, considera imprescindible superar el consumismo hipnótico en que una proporción mayoritaria de la gente ha incurrido, inducida por la propaganda mecanicista del marketing y el lucro avaricioso y deshumanizador de ciertas estructuras empresariales.
¿Cómo surge este ciclo de Filosofía para buscadores?
La idea surgió en el CEEC (Círculo de Estudios Espirituales Comparados), Arenas de San Pedro, Ávila, en el Encuentro de diciembre del pasado año, donde di una conferencia sobre la filosofía de Michel Henry. Me di cuenta de lo necesario que era el pensamiento filosófico en un tiempo tan saturado de técnica como éste, me di cuenta de lo desbordados que están todos los asuntos humanos por la tecnología, la economía… Todo ese sobredimensionamiento de la razón instrumental está aturdiendo la comprensión de los aspectos genuinamente humanos.
A esa alta tensión mental y emocional en la vida cotidiana, a ese estrés alienante que todo lo contagia, habrá que ponerle remedio. La Filosofía puede ayudar a medio salir del laberinto. Ella puede proporcionar una sensata distancia de perspectiva de las cosas (cercanas y lejanas, da lo mismo, pues todo hoy es ya imagen, representación), un punto de mira para salir de la experiencia habitual e inmediata del mundo, experiencia absolutamente condicionada, sin crítica seria, y mucho menos autocrítica. Con tal modo de ver, cuyo máximo exponente es el pensamiento técnico y práctico en todos los campos, estamos anulando el asombro por el ser, el agradecimiento por el vivir, por ser humanos.
El buscador, en el sentido en que yo lo entiendo, es aquella persona movida por una inquietud sin límites hacia otros ámbitos de la realidad, sin por ello despreciar lo más prosaico. Pero la búsqueda es todo un paradigma a elucidar, pues requiere hoy en día aunar lo sensible y lo racional, el cuerpo y la mente, sin caer en hibridismos inaceptables. Y esto es todo un camino, no puede explicarse en cinco minutos.
¿Qué comportamientos son habituales entre esas personas que buscan?
Los buscadores han corrido estos últimos tiempos hacia las viejas sabidurías orientales. Han entendido de modo dilemático el asunto de la búsqueda espiritual: Oriente versus Occidente. Este proceder conlleva un comportamiento a veces exótico que pone de manifiesto la carencia conceptual acerca de nuestra tradición cultural occidental. La Filosofía interpela al individuo en su responsabilidad y libertad, por el uso que haga de su mente y de los medios de que dispone. Uno de los caracteres habituales entre las personas que buscan es la negación de lo culturalmente cercano. La estructura inteligente de la búsqueda hoy exige una atención plena al medio socio-cultural en el que se esté inmerso, sea aquí, en Tailandia, o en Japón. Habrá que configurar de tal modo nuestra mente, incluyendo lo epistémico y lo mistérico, lo racional y lo sensible, para ver de otra manera el mundo, para tener una recta lectura de lo cercano y de lo lejano. Esto conforma toda una conducta coherente que no se deja obnubilar por el destello exótico.
¿Qué consecuencias tiene para quienes no buscan su falta de interés por analizar cómo están viviendo?
No buscar es una actitud que en fenomenología es llamada “actitud natural”. O sea, un estar cómodamente en los márgenes de la no-cuestionabilidad, en el no preguntarse nada. Dentro de los límites de esa actitud normal, la persona tiene un comportamiento rutinario moviéndose en el recinto de lo empírico, la empeiría, como decían los antiguos griegos. En griego clásico, la tékne, que significa destreza, pericia, estaba muy relacionada con la empeiría, la experiencia pragmática de las cosas. Como verá, las cosas no han cambiado esencialmente.
Las consecuencias lógicas de esta destreza o habilidad instrumental, es una desafección hacia lo no técnico-empírico, acarreándose con ello una pérdida de sensibilidad por lo humano-espiritual. Platón decía que “lo verosímil es la opinión de la muchedumbre”, lo que “a la gente le parece que algo es”. Hemos llegado al totalitarismo de lo verosímil que nos proporciona el paradigma tecnocientífico. Las consecuencias van a ser desastrosas para el planeta.
¿Qué nos proporciona el arte oriental para orientarnos en esto que es vivir?
El arte es fundamental para comprender la encrucijada ante la que estamos. Es el último reducto de una metafísica posible de la mirada. El arte verdadero no apunta nunca hacia el moralismo, ni es pedagógico, pero crea ethos y consciencia. Como antídoto para no abandonarnos a las banalidades de la razón, el gran arte, oriental o no, es un camino incontrovertible.
El arte oriental, en su peculiaridad menos figurativa, aporta la ligereza del trazo, la tónica de combinar elementos sencillos y símbolos profundos. Pero para mí, independientemente de la geografía, sólo hay arte verdadero si la obra es capaz de transmitir el pulso originario que la conforma.
Hay zonas del Mundo, como el Golfo Pérsico, el norte de África, Europa y América, que son puntos históricos de encuentro entre pueblos y formas de vida. ¿Qué está pasando en nuestro tiempo para que las prisas, el utilitarismo y lo material hayan cobrado tanto protagonismo en detrimento de la paciencia, lo bien hecho y vivencias imprescindibles como el amor, la honestidad o la amistad?
No creo en esos “puntos históricos de encuentro” como usted los llama. El sentido no acaece en lo histórico-geográfico meramente. Este mito lo transmitió muy bien el romanticismo europeo. El sentido de la vida sólo es desvelado “fuera de lugar” y transhistóricamente. La sencillez, la calidez humana, la paciencia, son frutos universales del Espíritu. Lo que está pasando en nuestro tiempo viene de atrás, de la sucesión de ficciones acumuladas desde hace siglos. El objetivismo llevado al extremo en nuestra cultura la está hundiendo, pero la mirada radical ideológica contra el objetivismo no traerá la solución. Todo está aquí tan íntimamente ligado a su opuesto como las dos caras de una misma moneda.
¿Qué hay que hacer en el mundo de la banca para regenerarla y que vuelva a fomentar la economía real (PYMES, cooperativas, sanidad, educación, energías renovables…)?
Sólo el capitalismo social tiene algún sentido en este contexto. Somos objetivos permanentes de las estrategias del marketing. Pero capitalismo social, tal como están las cosas, para mí es hoy una mera caracterización “platónica” de la economía. Las estructuras empresariales se vertebran por el lucro, y sólo por él. Sin embargo, el ciudadano, sin saberlo, tiene las riendas del cambio socio-político. El capitalismo o es consumo o no es. Esta verdad es crucial y revolucionaria si la entendemos bien. El centro de gravedad está en el Consumo, con mayúscula, no en otra cosa. La política, desactivada como está, no hace sino girar en círculos, agotándose en procedimientos retóricos y burocráticos, bajo el vuelo del Águila de la economía. No es ya el corazón de la polis, sino una masa coronaria, una estructura ahogando un latido. Y el latido de ese nuevo corazón es el ciudadano, una subjetividad viva social ejerciendo su derecho a pensar, y pensar también implica la decisión, por ejemplo, si se consume o no, esto o lo otro. El marketing no fabrica deseos, somos nosotros, las consciencias pasivas, dormidas las que soñamos satisfacernos de ciertas maneras, y esto se sabe. La técnica del marketing no hace sino ejemplificar y amplificar fielmente nuestro sueño diurno de miedos y deseos. La responsabilidad es de todos, pero como individuos interrelacionados podemos dar una respuesta y despertar del consumo hipnótico. La salida de la Caverna puede venir por ahí. Decía Antonio Machado, ese gran poeta-filósofo: “Tras el vivir y el soñar, está lo que más importa: despertar”.
¿Qué puede aportar la visión femenina de la vida de las generaciones de mujeres que están entre los 60 y los 30 años para mejorar nuestro mundo? Ellas han sido las que han planteado cuestiones decisivas como la conciliación de la vida laboral y personal. Tras esa evolución, si la lográsemos, podríamos conquistar parcelas pérdidas como la necesidad de escuchar el silencio, escuchar al otro, saborear un paisaje, valorar la tertulia, o sencillamente pasear.
La mujer es la metamorfosis del hombre, y al revés. No hay transformación personal sin comprender la intrincación inmemorial de los géneros. Y en toda búsqueda fundamental hoy el espacio profundo es el inter-género y la intersubjetividad, pues es el plexo básico del conflicto. Habrá que construir una mirada que mire atentamente las necesidades del otro, de la otra, sin prescindir de las propias. ¿Cómo hacer esto? No hay recetas. Nadie sabe cómo hacerlo. Sólo ahondando realmente (no sólo intelectualmente) en la vía de la entrega, perderemos el ego que nos envenena. Pero esto cuesta muchísimo y no valen bellas palabras. Hay que hacerlo. Hombre y mujer han de hacerlo. La encarnación efectiva de esta ley de nuestra humana condición es una de las claves para un salto cuántico en la conducta auténtica. Esto es Amor. Y se sabe desde muy antiguo.
¿Qué necesidad tenemos de que cristianos, judíos, islámicos, budistas y ateos, promuevan un debate en la sociedad civil hacia los problemas cotidianos de nuestro tiempo? Te planteo esta pregunta, teniendo presente dos circunstancias. Una, hoy en día, en muchas zonas del planeta convivimos nacidos e inmigrantes de diversas creencias y no creencias. Dos, se hace necesario, como consecuencia de esa realidad, que hablemos abiertamente y planteemos modelos de convivencia desde valores compartidos y otros no compartidos pero sí respetados.
Aferrarse a lo propio es la causa del desastre ideológico (y ecológico). Las creencias religiosas forman una maraña inextricable. Hace mucha falta la sencillez de un Francisco de Asís, la lucidez de un Maestro Eckhart, la inteligencia de un Nagarjuna, el misterio de un Dionysios Areopagita, la consciencia de un Buda, la palabra viviente de un Cristo… El único modelo de convivencia hace tiempo que muchos seres humanos excepcionales nos lo ofrecieron. Hay que despertar de este sueño de muerte y alcanzar, entre todos, una dimensión antropológica que encarne lo verdadero, lo genuinamente humano. Pero el reto es siempre el mismo, y resuena como una trompa lejana por el universo: ¡hazlo!
¿Cómo está evolucionando la conciencia de las personas con quienes a diario te relacionas a raíz de las dificultades que estamos viviendo tanto en nuestro país como en el resto del Mundo?
Una de las consecuencias de la Alienación Global es la homogeneización de las consciencias. La evolución (etimológicamente dar vueltas) en este contexto de crisis requiere irrupción, un emerger nuevo, un brotar, una physis, la naturaleza de un romper paradójicamente no-violento que introduzca una experiencia cognitiva sentiente de no separación. Esto es muy difícil, pero intuyo que es como una gestación remota de un saber paradójico que está en la línea de nuestra evolución humana. Los seres que antes he nombrado se inscriben en esa línea, pero cualquiera de nosotros puede apuntarse a la búsqueda inaudita de esa experiencia integral de la consciencia.
Sobre qué te gustaría hablar que no hayamos hablado.
Continuará. Habrá que ir a los encuentros.

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