Homenaje a los fogones de las madres


Las vacaciones le permitían disfrutar a Pablo con mayor dedicación e intensidad de sus placeres y aficiones cotidianos sin tener que preocuparse del yugo del reloj ni de las responsabilidades laborales. Aquel día, se había levantado cuando las manecillas marcaban la una de la tarde. Su cuerpo le pedía un desayuno diferente, así que se dirigió a la cocina con la intención de tomar un buen plato de gazpacho. Abrió la nevera y sacó la fuente con la sopa fría. Procedió a tomar una bandeja de jamón. Con el paso de los años, se había convertido en un cocinero apañado, fruto de estar acostumbrado al buen hacer culinario de su madre. Como le gustaba comentar cuando estaba con sus amistades, en España tenían la suerte de que en muchos de los fogones familiares había un restaurante en potencia. Sacó un plato, la bolsa con los picos, cogió la servilleta, los cubiertos y los puso en la mesa, y se sentó a hacer ese desayuno más propio de un aperitivo copioso. Se sirvió el gazpacho en un recipiente hondo de sopa y comenzó a degustarlo. Desde hacía tres años, le había cogido gusto a tomar frutas y verduras por la mañana nada más llegaba la primavera. E incluso en invierno, cuando sentía que su cuerpo se lo pedía, solía tomarlas. Su estómago y su paladar se lo requerían, y él lo encontraba como una variación en sus hábitos alimenticios que le agradaba y le sentaba bien. Había descubierto que con esos pequeños cambios hallaba parte de la alegría diaria y que su salud se lo agradecía. Eran leves detalles, sutiles matices, que le transmitían que los días y los meses eran realmente distintos y, en buena medida, renacía su espíritu de niño curioso capaz de ser feliz con cada vivencia, de hallar en lo más nimio una razón para sentir que la vida merece la pena vivirla. Era una forma de romper con la rutina que acaba cansando y que provoca que la persona deje de apreciar temporalmente lo valioso de la existencia.
Manuel Carmona Rodríguez: Volver a amar (la catarsis)

Comentarios

  1. Precioso retazo de tu libro, además con unas connotaciones tan reales como la vida misma, muchas gracias.

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  2. Me alegro Felipe de que te haya gustado este fragmento que, como bien dices, está tomado de la vida. Gracias a ti por tus comentarios. Feliz sábado.

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  3. Es en las pequeñas cosas mas cotidianas donde se encierra lo mas valioso que la vida nos ofrece. Todo un mundo en cada pequeño gesto, como los que describes Manuel.

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  4. Gracias Carmen por apreciar esos detalles de la vida y mi escritura.

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