La Banda de Picasso, profunda e irónica



        Da gusto sentarse en una sala de cine cuando se une un buen equipo. La sapiencia de director, guionistas, actores y la excelente ambientación de la trama, me permite afirmar que La banda de Picasso es una obra de rotunda madurez de Fernando Colomo. La historia, ambientada principalmente en el París de la primera década del siglo veinte, recrea lo que fue la vida de los Picasso, Apollinaire, Jacob, Braque, Gertrude Stein, Hugué, Ferdinand Olivier y Marie Laurencin. Un grupo de hombres y mujeres que nos muestran a través de sus historias de vida cruzadas e interrelacionadas, la nobleza y la tiranía de los comportamientos humanos.
La amistad, que se revela como la gran catalizadora de las relaciones humanas que se tejen en esta cinta, va a ser también la principal cuestionada a raíz de los acontecimientos que rodean al robo de la Gioconda. Cuando los protagonistas se presenten ante el juez, emergerá de manera incomprensible y ruin lo más negro del alma humana. Y en ella, el genio malagueño no sale bien parado. En este sentido, la reacción posterior de Jacob, resulta conmovedora. Aquel artista que a lo largo de todo el film se nos presenta como el espíritu hipersensible masculino, va a dar una lección de vida a su amigo Picasso, perdonándole lo hecho y recordándole como mon petit.
        El otro punto esencial de esta historia cinematografiada es el amor. Unas relaciones sentimentales cuyos esenciales protagonistas serán Picasso y Ferdinand, Apollinaire y Laurencin, y en un segundo plano Stein con su relación lésbica. Y aquí se nos vuelven a revelar claves decisivas para entender la manera de concebir la vida de cada uno de ellos. Evidentemente Picasso y Apollinaire querían amar y ser amados, y tuvieron en sus respectivas parejas, Ferdinand y Laurencin, a dos mujeres entregadas a sus vínculos amorosos y también a sus causas artísticas, ya que ellas también soñaron y lograron vivir con sus trayectorias intelectuales. Sin embargo, Picasso y Apollinaire revelan a través de sus decisiones y comportamientos las carencias sentimentales de los hombres de su tiempo. Sienten celos infundados hacia sus parejas, lo que traerá graves consecuencias para el devenir de ambas relaciones. A pesar de la apertura y amplitud de miras de ambas, ellos se enrocarán en la cultura sentimental miope de aquellas generaciones de varones y hembras, y que desgraciadamente aún persiste. Tras este tipo de vínculos amorosos y otros que se perpetúan en pleno siglo veintiuno, se percibe la responsabilidad de ciertas mujeres en que esos modelos persistan. ¿Cuándo comenzaremos a impartir clases de educación sentimental en nuestro sistema educativo, desde las escuelas a las universidades? Esa sí que es una reforma pendiente.
Pero a su vez, Ferdinand, Laurencin y Stein simbolizan con claridad la capacidad femenina de afrontar las más duras circunstancias de la vida con una firmeza y seguridad que no tienen sus respectivas parejas masculinas. Son conscientes de que a través de sus proyectos y decisiones están rompiendo con las costumbres y las creencias de los grupos de interés y de la sociedad de su tiempo. Se enorgullecen de ello, y se apoyan entre sí y en sus parejas. Les une la vocación intelectual y profesional, pero también la necesidad de vivir con libertad y coherencia. En este sentido, se revelan contra la moral burguesa estrecha de su tiempo. En ciertos pasajes de la cinta y en diálogos concretos, sobre todo en aquellos en los que Picasso y su banda responden a la arrogancia de Mattise, de sus aduladores y sus mecenas, vemos esa lucha de intereses que se manifiestan también el mundo del arte. La mezquindad no es ajena a las Bellas Artes.
Y la música, la banda sonora de la película, refleja esa lucha de grupos sociales que está claramente contada en La banda de Picasso. Son los músicos de la calle, esos que se buscan el pan de cada día interpretando sus canciones en las vías urbanas, en los andenes de la estación de tren, en los cafés donde se desarrollaban las tertulias de la época, quienes aparezcan como coprotagonistas de fondo. Los salones simbolizan el poderío de burgueses y nobles, entrar en ellos codearse con sus fortunas. Las rúas, siguiendo a Baroja, la lucha por la vida.  
        La banda de Picasso, homenajea a través de determinadas secuencias y planos a algunos de los mejores pintores de la historia. En las escenas de interior, hay escenas que son auténticas adaptaciones de los claroscuros de Ribera, Caravaggio o Van Dyck, pero también encontramos imágenes de escaleras propias de los pinceles de Hopper y de las películas de Alfred Hitchock.
En las escenas al aire libre, sobre todo las que se desarrollan en Perpignan, vemos el tributo a los grandes pintores del naturalismo.
Ahora, te animo a ti, hombre o mujer, a que vayas a una sala de tu localidad donde esta cinta se proyecte, y disfrutes de cine auténtico con firma española. 

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