Las elecciones italianas y el puzzle de Europa



      Se va notando que en el sur de Europa vamos ganando horas de luz conforme febrero va llegando a su final y en el horizonte aparece marzo. Da gusto sentir que el día se expande, ya que favorece que encaremos cada jornada con mayor brío y equilibrio. En pleno proceso de tránsito del final del invierno al despertar de la primavera, entre el domingo y ayer lunes, Italia ha celebrado un nuevo proceso electoral a nivel estatal.
     Es curioso, como me comentaban dos amigos italianos instalados en España desde hace años, que en aquel país desde hace tiempo los comicios nacionales se celebran entre la mañana del domingo y las tres de la tarde del lunes, con un doble propósito: Primero, que las personas y familias llamadas a las urnas puedan disfrutar del fin de semana. Segundo, facilitar el voto y con ello la participación. Eso me lleva a una reflexión inicial: en Italia ante todo la ciudadanía pretende desde hace tiempo vivir. Aunque como en la mayor parte del mundo, hay demasiados sujetos e instituciones que se hayan empeñado en vivir y convivir mal desde hace años. Recuerdo hace dieciséis años que un profesor de la universidad, Carlos Cachán, que había trabajado como corresponsal en Roma para medios españoles, nos apuntaba una realidad característica de Italia y los italianos: aunque la clase política fuera un desastre, la vitalidad de la sociedad civil italiana contrarrestaba esa lacra y daba salud económica, social y personal al país. Hace tiempo, desde finales de los setenta y principios de los años ochenta, que eso dejó de darse. Se ha producido el empeoramiento de la calidad de vida y de los derechos básicos. Algo que también está pasando en el resto de Europa.
      En estas elecciones italianas, tenían derecho a participar 43.133.946 electores, que representan el 75,6% del total de la población, 56.995.794 de habitantes. Han ejercido su derecho al voto, 32.432.414 personas, el 75,19% del censo electoral. Por tanto, el 24,81% no ha votado y ha habido en ese porcentaje ciudadanos que han votado en blanco y nulo. Estamos hablando de que 10.701.532 electores han decido no dar su apoyo a ninguna candidatura. En los anteriores comicios estatales de 2008, ejerció su derecho al voto el 80,46% de los electores. En estas nuevas elecciones de 2013 ha habido un descenso del 5,27% en la participación. En 2001, cuando se celebraron las primeras elecciones del siglo XXI en Italia, participó el 82,7% del electorado, un 7,5% más que en las de 2013. Y si comparamos el porcentaje de participantes en las de 2006, que fue del 83,6%, observamos que en los comicios de ayer ha participado un 8,41% menos de ciudadanos. Ese cruce de datos nos indica que esa desilusión y repulsa de la ciudadanía italiana hacia la partitocracia vigente y sus corruptelas, como en el resto de Europa, se vuelve a constatar. Más aún, cuando comprobamos que irrumpe con vigor la asociación política Movimiento 5 Estrellas, que es una reacción social cívica frente a los despropósitos, egoísmos e injusticias que han practicados los partidos políticos tradicionales.   
     El Congreso y el Senado, que se constituyan a partir de ahora, tendrán a cuatro entidades políticas representadas en ambas cámaras. La coalición que se denomina de Centroizquierda, cuyo cabeza de lista es Bersani, obtiene 340 diputados y 105 senadores. Las fuerzas políticas conservadoras, cuyo líder es Berlusconi, logran 120 diputados y 113 senadores. Como he citado antes, emerge con mucha fuerza el Movimiento 5 estrellas que tiene al cómico Grillo como principal referente, y que alcanza 110 diputados y 63 senadores. Y la gran apuesta de la Unión Europea, el tecnócrata honesto de Monti tendrá 46 diputados y 20 senadores.
Una pregunta os lanzo, ¿por qué el Partido de Silvio Berlusconi obtiene tanto apoyo en Italia? La misma cuestión podemos hacer al resto de ciudadanos de cualquier país europeo que apoya con sus votos a fuerzas políticas cuyos líderes están encausados o condenados por corrupción o por otros delitos que atentan contra la Justicia y la Salud de la convivencia democrática.
     Resulta curiosa la reacción del Presidente del Parlamento Europeo, perteneciente al grupo socialdemócrata, el alemán Martín Schulz, que a lo largo de la tarde de ayer lunes declaró que espera de estas elecciones italianas un gobierno estable. Esta declaración, cuando aún no se conocían los resultados electorales, sigue la línea continuista de la oficialidad de la Unión Europea como cuando, por ejemplo, se celebraron las últimas elecciones griegas. Está claro que la suma de intereses que representan la Comisión Europea y el Consejo Europeo, siempre con la complacencia del FMI y del Banco Mundial, trata de seguir imponiendo sus directrices a pesar de las divergencias de criterios que reflejan las opiniones públicas de los pueblos europeos mostradas tanto en los comicios como en manifestaciones y otras acciones de diversa índole. 
¿Qué hará el Parlamento Europeo cuando en los próximos meses tenga que votar el presupuesto plurianual de 2014 a 2020, con un marco económico de reducción del gasto ya marcado por los 27 gobiernos de la UE tras el último Consejo Europeo y avalado por el Consejo y la Comisión? ¿Seguirá mirando y actuando de manera miope a favor de los lobbies y de las plutocracias o reaccionará avalando las iniciativas legislativas de los ciudadanos europeos? 
Está claro que no se puede fundar un gobierno europeo contando con el pueblo y para el buen vivir del pueblo si se le encargan más competencias desde lo local a lo europeo, y no se le dota de los recursos humanos, económicos y tecnológicos imprescindibles para llevar a cabo sus obligaciones y proyectos. 

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