Miguel G. Morales: “El discurso de César Manrique es terriblemente actual”

El equipo de rodaje del documental Taro, el eco de Manrique con la cuadrilla de César Manrique. 

El Rick´s Café se sienta a hablar con el director de cine y guionista a raíz de sus recientes trabajos documentales sobre dos figuras con gran resonancia en la época que les toco vivir: César Manrique y Francis Drake. Pero también porque el Rick´s Café se interesa por la labor de aquellos hombres y mujeres que viven o intentar vivir según sus vocaciones. Nunca fue fácil, ahora tampoco.
El cineasta canario, Miguel G. Morales, siente una gran admiración por la cultura cinematográfica del pueblo cubano y por determinados valores cívicos que aún allí se conservan. Ve en el cine un recurso pedagógico de rico potencial para contribuir a la formación de la persona, algo muy fomentado en Francia.
Si se dieran las condiciones para rodar y distribuir una o varias películas sobre los movimientos ciudadanos que se suceden en España desde mayo de 2011, la vida de los mineros y los yayoflautas serían sus fuentes de inspiración.    
¿Qué evolución has experimentado desde que dirigiste Maud, las dos que se cruzan en 2004?
Pues Maud fue el tercer documental, vino después de comprobar que detrás de los supervivientes de la generación de Gaceta de arte había una gran mujer. A Teresa Correa y a mí nos encandiló. Teresa era la  foto fija de “Aislados, la esencia del espíritu”, película que giraba en torno al legado de este grupo de artistas e intelectuales que colocaron a Canarias en la Vanguardia Europea del momento. Quisimos filmar un proceso de investigación sin preparar nada, dejándolo todo al azar. Fue un juego muy gratificante y del que aprendimos mucho los dos. La evolución es evidente, aunque creo que cada proyecto tiene su aire diferente y propio de mi aprendizaje. He tenido la suerte de poder trabajar mucho y aprender de los errores. Ahora me gustaría volver a trabajar con Teresa Correa, una magnífica fotógrafa y amiga.
Tu cine se detiene en intelectuales y artistas canarios con una proyección universal. Tras Domingo Pérez Munik y César Manrique, ¿sobre qué otra figura planeas poner tu mirada?
No planeo nada en concreto. Creo que tras tantos años dedicados a las vidas de otros, me toca algo más personal. En ese sentido, “Taro” es un punto y aparte. Lo del aspecto universal de los protagonistas es una de las posibles líneas que pueden unir todas las películas. Lo moderno en la mirada, lo universal, lo libre y quizás también el azar.
Canarias ha sido y será un lugar estratégico como puente entre pueblos, culturas y continentes. ¿Qué influencias recibe tu sensibilidad cinematográfica?
Yo no me considero atado a ningún territorio. Está claro que he tenido influencias diferentes pero también tienen que ver con mis gustos personales, no con una posible influencia del lugar dónde vivo. He vivido en Madrid y en Cuba. Y está claro que Canarias te marca de alguna forma pero creo que lo de puerto estratégico entre continentes ya no es tan decisivo, en ciertos aspectos de mi infancia y mis gustos sí, pero a la hora de visualizar o inspirarte para una obra no sé hasta que punto es decisivo para mí. Quizás el mar sí me tira más que la propia isla como símbolo.
Parte de tu formación como realizador la hiciste en Cuba. Tres cuestiones; la primera, ¿qué te ha aportado la sapiencia de los cineastas cubanos?
Más que los propios cineastas cubanos a los que admiro mucho como en el caso de Tomás Gutiérrez Alea, yo diría que lo que más me aportó es su manera de plantear la industria del cine. Han creado una fuerte influencia en la población y me sorprendió asistir al Festival de Cine de La Habana y ver colas de varias calles para ver cualquier película. Nunca en mi vida había visto policías custodiando las salas de cine ante la demanda. Un público cultísimo y muchas ganas de ver. También me gusta en el cine más actual, el humor y la ironía con que se sacan adelante ante las penurias, películas como “Juan de los muertos”.
La segunda, ¿qué análisis nos harías del pueblo cubano con el que conviviste?
Mi abuelo nació en La Habana. Por lo que para mí ya era una gran experiencia poder acabar mis estudios de cine en Cuba. Además hacerlo en la EICTV fue un verdadero lujo y en un momento fundamental de mi vida, con 19 años. Los cubanos, brasileños, colombianos, suecos, mexicanos y españoles con los que conviví me cambiaron mi percepción de muchas cosas. Allí aprendí muchísimo en el punto de vista profesional y personal. Del pueblo cubano solo puedo decirte que conserva aún, “en formol” ciertos valores y sentimientos humanos que nosotros hemos ido perdiendo. Fue muy gratificante.
La tercera, ¿qué piensas del régimen castrista?
Mi opinión es contradictoria. Es una gran pena que el pueblo cubano no hubiera podido evolucionar en todos estos años en cuanto a derechos fundamentales y libertades. Pero también miro otros países de Hispanoamérica o España ahora mismo y hace que me planteé muchas dudas de nuestro sistema caduco igual que el de ellos y con muchas carencias cada vez más evidentes. Es un tema de eterno debate. Tengo amigos cubanos dentro y fuera de la isla. Lo único que quiero, es regresar.
Fotograma de Taro, el coche de la voz.
En Taro, el eco de Manrique, sentimos el compromiso de él con la protección de la naturaleza y de unas formas de vida en Canarias. ¿Qué permanece de esa lucha de Manrique y quiénes han retomando su testigo en nuestro tiempo?
Su testigo no lo ha retomado nadie desgraciadamente. Estamos huérfanos y cuando él estaba vivo se le tomaba en serio fuera de España y en algunos sectores minoritarios, pero la gran verdad es que no se le tomó mucho en cuenta. Solo hay que ver el desastre que se ha hecho en casi todas las islas y en el litoral español. Lo que permanece está en ciertos reductos y personas que lo siguen defendiendo en su isla, a causa de esa gran labor suya de concienciación civil. Pero la gran mayoría de personas claves, es decir políticos, empresarios y demás, no lo han tenido en cuenta para nada. O por lo menos, no lo verdaderamente profundo de su mensaje. Con Taro hemos querido hacer una película/mensaje dónde el propio César vuelva a alzar su voz de alguna manera. Solo hay que escucharle en la película y ver la vigencia de su discurso hoy en día. Es terriblemente actual.
Si tuvieras que hacer un documental sobre los movimientos cívicos surgidos en España en estos últimos años, ¿en qué historias de vida te centrarías?
Creo que en la vida de los oficios más sencillos y olvidados de nuestra sociedad. Creo que se debería hacer una gran película sobre la minería española. Un oficio que va a desaparecer pero que ha sido ajusticiado de una manera muy cruel. Las imágenes de los encerrados en las minas han sido muy potentes. Han sido un gran ejemplo y debería darles vergüenza a quienes nos gobiernan. Los “yayoflautas” son otra gran y terrible historia de nuestra realidad.
¿Qué dificultades encontráis en Canarias y en el resto de España una vez concluida la postproducción?
La exhibición y distribución es el gran problema del Cine Español. Al no apostar por una gran industria de la cinematografía desde lo más alto, falta toda la infraestructura que haga la exhibición algo más rentable y eficaz. Y todo viene, como te comentaba de no inculcar en la educación primaria la importante labor del Cine en nuestras vidas, lo que puede enriquecernos, abrirnos a nuevos mundos y formas de entender el mundo. Sin el feedback del público que se emociona o se interesa por la historia que vayas a contar, se está perdiendo gran parte de la esencia de una obra cinematográfica. Ejemplos como el de Francia, como te decía, son fundamentales. Allí han sabido darle la importancia que tiene y han logrado que sea rentable y esencial para la educación.
¿Qué percepción tienes cuando se visualiza el cine español fuera de nuestras fronteras, o profesionales de esta industria trabajan con compañeros de otros países?
Yo creo que el cine realizado en España interesa igual que cualquier otro. No creo que haya una idea de cine Español, ni mucho menos de cine canario. Los cineastas viven hoy en día en muchos sitios a la vez, en espacios virtuales, con referencias de todo el mundo, con influencias que no tienen que pasar todas por el propio territorio donde residen. Por eso una película que se hace aquí tendría que emocionar igual a un japonés o a un chileno. Esa es la gran dificultad, por otro lado, lograr contar historias  de una manera universal aunque sean las de tu propia calle. 
¿Qué medidas son necesarias para que el cine en España se convierta y se asiente como una industria cultural de referencia?
¿Medidas? Mirar el ejemplo de Francia y llevar el cine a la educación primaria, no solo como materia sino como herramienta para aprender la Historia. Educación, educación y educación. Ya lo decía César Manrique, “El mayor negocio de un país es la educación y la cultura”.
Retomando el tema de los dos documentales en los que has trabajado en 2012, Taro y Las alas verdes del Dragón, ¿en qué festivales nacionales e internacionales estáis concursando y tenéis perspectivas de participar?
Pues con Taro estuvimos preseleccionados en la carrera difícil de los Premios Goya y ahora estamos planteando el panorama de Festivales en todo el mundo. Estamos empezando, esperemos que tengamos suerte y podamos llevar el mensaje de César lo más lejos posible.
Sobre qué tema te gustaría hablar que no hayamos hablado.
Yo creo que así está bien… No sé… dime tú.

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