Sócrates, gestión y asistencia sanitaria (2)


        En el artículo de ayer, os dejé una serie de preguntas acerca de la gestión y asistencia sanitaria. Lo hice con varios propósitos. Primero, animaros a pensar en voz alta entre todos aquellos que queráis participar. Que nos pongamos a meditar nos exige documentarnos, contrastar las realidades, debatir sobre los puntos de vista y más tarde intentar consensuar decisiones.
Segundo, darnos cuenta de que son cuestiones que están en el día a día de la vida sanitaria y, por tanto, afectan a cualquier persona y al país. Habría que ver si no solamente al nuestro.
Tercero, aunque estamos en estos dos artículos acercándonos al mundo de la gestión y asistencia sanitaria, muchas de las circunstancias que hemos sacado a la luz también están ocurriendo en otras áreas decisivas: educación, justicia, administración pública, empresas privadas…
        He recurrido a la figura de Sócrates de manera intencionada. A través de la lectura de la obra de Platón, descubrimos la mayéutica, ese método tan enriquecedor de entender la realidad y las intenciones de sus interlocutores. Pero también de asumir los retos cotidianos. Es más, uno de los rasgos de la personalidad de Sócrates era su capacidad de rectificar si erraba. Eso lo ennoblecía, porque era capaz de reconocer la inteligencia y la visión clara del otro, de su interlocutor. Sabía compartir y convivir, sabía admirar. Y también era una manera de mostrarnos cómo ejercía la humildad a diario, tan alejada de la egolatría y la mezquindad propias de más de un sofista con los que trató.
Sinceramente, si hoy, o en cualquier tiempo, pretendemos mejorar cualquier asunto humano, hemos de beber de esa fuente que representa Sócrates. Eso nos tiene que hacer reconsiderar posturas que se han mantenido en las últimas cuatro décadas. Esas que han fomentado por acción u omisión los compartimentos estancos. En esos compartimentos estancos hemos cometido errores, rectifiquemos. Ahora bien, desde ningún compartimento estanco, si de verdad se quiere erradicar el cáncer de la miseria humana, ese que nace, crece y se enquista con las mentiras que promueven cierta gente, se puede permitir que la usura y la infamia prosigan. No vale, el tú más. El primer servicio que hay que hacer es desvelar a los usureros de cada compartimento estanco. ¿Se está dispuesto a ello?
Desde mayo de 2011, grupos significativos de la ciudadanía de España han mostrado esa necesidad clara de entrar en un nuevo estado de conciencia personal, intergeneracional y cívica. En otros países occidentales y no occidentales, las opiniones públicas mayoritariamente han procedido también a mostrar de manera reiterada y clara el malestar acumulado. Para que sigamos dando pasos en ese camino es clave que vayamos abordando cada circunstancia. Por eso paso a exponeros una reflexión que nos regala el Dr. Perenne del mundo profesional sanitario. Ese ámbito laboral, como casi todos los escenarios laborales, tiene la rémora de seguir funcionando según el modelo de la cadena de producción del siglo XIX. La práctica de unos horarios homogéneos entorpece la creatividad de cualquier profesional. Además afecta a la vida personal que también se ve empobrecida.
Esa merma de la inteligencia y sensibilidad repercute tanto en el paciente como en la propia gestión sanitaria. Aunque un laboratorio sanitario y un quirófano se necesitan y la labor de uno repercute en el otro, y viceversa, requieren de horarios y hábitos de funcionamiento que pueden ser diferentes. Eso no ha de impedir que puedan compartir ciertos protocolos y tiempos. Ello permitirá que en momentos concretos hagan puestas en común de horarios, recursos, presupuestos y protocolos. Cuando la suma de las partes se hace con inteligencia, sensibilidad y honradez, está más que demostrado que el logro común es mejor y mayor que el habría logrado por si sola cada una de las partes.
¿Estamos dispuestos a contribuir a ello? ¿Qué es necesario compartir para que la asistencia y la gestión sanitaria pública, concertada y privada no sean rivales ni incompatibles? 

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