Carlota Salgado: “Creo que vivimos en una sociedad del vértigo y de la velocidad”


Habla el Rick´s Café con la artista Carlota Salgado, nacida en Galicia, que expone hasta fin de mes en la galería coruñesa 9THE13. Es una mujer con las ideas y los sentimientos claros, su madurez se aprecia y siente en cada una de sus reflexiones y propuestas. Pertenece a la generación que va desde los nacidos entre 1981 y 1995. Desde ese rincón español que son las tierras gallegas se proyecta al mundo teniendo presente a artistas consagrados como Allan Kaprow y relacionándose con los que son coetáneos suyos.
Descubrió el espíritu artístico de la vida viendo hacer muebles artesanales a su abuelo carpintero, emocionándose con el sentido místico del legado humano y estético de Man de Camelle, y mirando a los objetos que nos rodean con una sensibilidad temporal y espiritual capaz de otorgarles un sentido diferente e iluminador.
¿Cómo nació tu vocación hacia las Bellas Artes?
En la Facultad de Bellas Artes absorbí una formación diferente a la de educarse dentro de los parámetros de la academia. Llegué a poder entender el arte como un modelo válido de conocimiento de la realidad, y por eso decidí afrontar el reto de ser artista. No se puede hablar de vocación, pero sí de una cierta predisposición hacia las Bellas Artes.
¿Qué dificultades te has encontrado hasta ahora para poder desarrollarla?
No resulta fácil asimilar que este sistema socioeconómico no contempla las artes como un pilar básico de la sociedad. Percatarse de que en tu contexto no se precisa ni se reclama a los artistas, es una realidad poco esperanzadora. También pienso como contrapartida que todas las situaciones son provisionales. Vendrán tiempos mejores y con suerte alcanzaremos valores propios de una sociedad ejemplar.
¿Quiénes te están apoyando para que puedas seguir tu camino?
Afortunadamente cuento con amigos, familiares y compañeros que me dan todo su apoyo. Tengo una gran suerte de haber llegado a descubrir la Galería 9THE13 de La Coruña. Me han abierto sus puertas con total libertad. Confiaron plenamente en mí y eso fue fundamental a la hora de sacar adelante mi última muestra individual, El hijo de Penélope, que se puede visitar en La Coruña hasta finales de este mes.
Estás haciendo tu tesis doctoral sobre la escultura contemporánea y la compaginas con tu labor en el taller. ¿Qué conocimiento y vivencias vas asimilando en cada contexto y cómo los tratas de aplicar al otro?
Ciertamente el taller es fundamental a la hora de formular preguntas en el entorno de la práctica artística. Personalmente, me posiciono dentro de los parámetros de investigación de las Bellas Artes como conocimiento empírico, siempre nutrido en el trabajo diario en el taller. Así surge el debate que paralelamente se nutre de una búsqueda más retórica. Hay así una retroalimentación entre ambos contextos.  
Enlazando esta cuestión con las dos anteriores, cómo vas haciendo tu mundo personal dentro de un mundo en que tienes que convivir con personas e instituciones que en más de una ocasión no se paran a pensar o a sentir sobre el valor de las Bellas Artes para la convivencia diaria.
Esto es una constante. Saber cómo articular los diferentes mecanismos que existen entre mi mundo personal y el contexto más directo es la labor diaria. Con el tiempo desarrollas cierta sensibilidad para saber cómo actuar en función de quién es tú interlocutor. Yo soy siempre la misma, solo que a veces debes transmitirlo de un modo o de otro. Por fortuna, te sorprendes porque hay seres tremendamente sensibles, que no esperabas que lo fueran y es con lo que te quedas.  
Por relaciones interpersonales y por tus exposiciones tienes contactos con artistas de otros países europeos. ¿Qué preocupaciones e ilusiones compartís?
Al margen de las diferentes culturas, siempre te topas con ciertos problemas y virtudes comunes. Por la experiencia que tengo dentro del contexto artístico occidental, perseguimos poder llegar a hacer un arte pertinente y coherente con nuestros días. Seguramente porque confiamos en una parcela absolutamente válida para el conocimiento y el entendimiento de la realidad más que otra cosa. Aunque a veces queramos engañarnos, si somos artistas nunca vamos a dejar de observar con la mirada de un artista, y acabarás creando, haciendo o deshaciendo aunque sabiendo que lo más probable es que muchas de esas obras nuestras queden almacenadas en el taller, allí donde nacieron.
La falta de estructuras y circuitos artísticos no son suficientes, siendo también una preocupación fundamental para los artistas, por eso se da cada vez más esa mezcla en nuestra profesión que es la de gestor, comisario, etc. Están naciendo nuevas iniciativas, interesantísimas, y nunca mejor bienvenidas que ahora, siendo un momento de crisis sistémica global, en la que quizás nos podamos ayudar a construir una posible escala de valores sensibilizada con los medios de expresión más humanos como son las artes.
Para esta exposición montaje, que has titulado El hijo Penélope, la interrogante del tiempo es clave. ¿Qué consecuencias tiene modificar el tiempo de espera?
El tiempo es un concepto que intento abordar dentro de la escultura porque resulta nuclear en la naturaleza de la misma. Concibo una escultura como un todo orgánico y provisional. En su tiempo interno adquiere el sentido de la vida diaria. Su significado como arte viene después, cuando es aceptado por la profesión el arte como un ejemplo más de lo que puede ser arte. En el caso concreto de esta exposición en 9THE13, utilizo como metáfora el mito de Penélope. Esta mujer descubre un mecanismo para poder construir o modificar el tiempo interno de este momento vital. Ella decide que sea un tiempo de espera, sí, pero lo realmente relevante es cómo lo consigue. De su deconstrucción de la noche y lo que construye durante el día; es la excusa de un tapiz, pero en realidad es eso lo que menos importa. La gran meta es modificar el tiempo de espera, una especie de tiempo interno, el tiempo representado y comprendido dentro de una línea de tiempo real. Imagina la cara del galerista de Penélope cuando le preguntase por ese tapiz, o por esa obra en la que ha estado trabajando durante 20 años (risas).
En nuestro tiempo, la ansiedad, el estrés, las campañas propagandísticas que promueven usar y tirar desde objetos a servicios pasando por las relaciones interpersonales, o las tensiones de nuestro entorno cotidiano, están ahí. Podemos decir que chocan frontalmente con la propuesta que haces en esta exposición. ¿Qué hay que hacer para no caer en esas trampas y mantenerse con coherencia?
Me gusta que me preguntes esto, porque una vez más vamos a aludir al tiempo. Creo que vivimos en una sociedad del vértigo y de la velocidad. Todo esto tiene sus raíces en un sistema de producción capitalista que comenzó en el siglo pasado y abrió el apetito de un monstruo que ahora resulta difícil de saciar. Por fortuna, aunque convivimos con generaciones que se educaron en una mentalidad de durabilidad, aceptando el carácter efímero de las cosas, pero con una noción diferente del tiempo. Los muebles que hizo durante su vida de carpintero mi abuelo, durarán cientos de años mientras que los que Ikea fabrica no serán para más de diez o veinte años. Esto es extensible a todos los planos de la vida. Imagina ahora como reacciona el arte frente a esta transformación y es realmente complejo. Entre otras cuestiones, pienso que no es fácil llegar a un público acostumbrado a la rapidez, la simpleza y la fácil digestión. El arte precisa de un instante x para ser observado, sentido y comprendido. No tengo la receta ideal… pero quizás sea positivo mezclarnos más con las generaciones que aún conservan la más antigua noción de temporalidad.
Hace unos meses entreviste a la poeta Isabel de Rueda por la publicación de su poemario A propósito del espejismo. Ella siente gran admiración por la persona y la obra del artista Man de Camelle. ¿Qué puntos de encuentro –si los hay– puede haber entre tu propuesta y la filosofía artística de Man de Camelle?
La historia de Man de Camelle es una tristeza. Se me pone el corazón en un puño cada vez que recuerdo el desastre del Prestige, el color negro de la desesperación de aquel mar, así como la decepción de aquel hombre en paz con la naturaleza y al que no dejaron vivir. Man de Camelle era un ser tremendamente sensible, y en contra de lo que se piensa erróneamente, era un ser muy sociable. Recibía a los pequeños y a los mayores para hacer arte con aquellas piedras que rodean y que ere su pequeño rincón de convivencia. Este hombre fue una víctima más de la insensibilidad que tanto yo como otros camaradas sentimos a diario. 
En esta exposición, vemos objetos concretos: maleta, cajones, escalera, planchas de madera prensada, un marco de una ventana. ¿Estás proponiendo que se forme y desarrolle otra mirada a la hora de encontrar un sentido y una belleza artísticos a esos objetos aparentemente inservibles?
Exacto. Pienso que es el momento de citar a Allan Kaprow gran artista y pensador de mediados del siglo XX, cuyas propuestas considero tienen una frescura propia de nuestros días. El tema del arte de Kaprow es la vida cotidiana, no una de una vida general, si no de una vida particular. En la realidad, Kaprow aplica la atención estética a las experiencias cotidianas sin referirse a ellas como arte, es decir, manteniendo la actividad del arte alejada de esa posible etiqueta arte. En nuestra muestra vemos los objetos aparentemente inservibles, por obsoletos, por estar rotos, abandonados o almacenados. Son elementos cargados de significado, esta es mi baza para construir todo un mundo. Estos objetos pueden ser reutilizados en la construcción de nuevas piezas pero siguiendo diversas estrategias podemos enfocarlos de diversos modos. A contrario de lo que puede parecer para nuestra gente, estas cosas que son basuras en nuestros almacenes resultan muy versátiles porque podemos jugar con su función, con sus posibilidades expresivas por el tiempo que acumulan y por las historias que albergan. Claro que cada artista pone su filtro, debes decidir qué deseas contar y qué no te interesa.

Sobre qué te gustaría hablar que no hayamos hablado.


Creo que así está perfecto.


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