Haneke y compañía, ¡gracias por Amour!


Haneke vuelve a tratar un asunto humano con realismo, talento y sensibilidad. El cineasta junto al equipo de actores que encarna a cada uno de los personajes, nos lo transmite. En esta película centra su visión cinematográfica en el amor de una pareja, Georges y Anne, quienes han llegado juntos hasta la última etapa de sus vidas. A partir de ese tema nos presenta otras circunstancias de nuestro tiempo. Paso a desgranároslas. Las relaciones entre padres e hija. Se aprecia que la comunicación entre ellos hace tiempo que es difícil. Dificulta ese entendimiento una circunstancia: mientras que George y Anne viven en París, su hija Eva lo hace fuera de Francia. La hija propone, tras sufrir su madre Anne la parálisis del lado derecho de su cuerpo, que sea ingresada en una residencia. Su padre Georges, tras consultarlo con Anne, opta por atender a su mujer en el hogar junto a una serie de profesionales a quienes va contratando.
Curiosamente, tanto el matrimonio como su hija son profesores e intérpretes de música clásica. Son profesionales con una formación académica superior y, sin embargo, esa dedicación vocacional y laboral no les sirve para que sus sensibilidades ni sus sentidos comunes se pongan en la situación del otro a la hora de decidir que atención dar a la madre. Desde mi punto de vista, refleja una laguna evidente de las familias, de las generaciones y de la sociedad de nuestro tiempo: se ha educado para formar profesionales, pero ni desde la familia ni desde las instituciones educativas ni políticas se ha planteado un debate sincero, coherente y honesto para que las personas aprendamos a vivir teniendo presente el conjunto de nuestras circunstancias vitales. Situaciones como esas explican que la conciliación de la vida personal y laboral se haya convertido en problema agudo hoy. Y como consecuencia de ser asunto grave, que sea una reivindicación manifiesta de personas comprometidas que sí son conscientes de que la persona es un ser con todas sus circunstancias. Negar o poner trabas a cualquiera de ellas supone ipso facto deteriorar al resto de circunstancias y, por tanto, a quien se ve afectada.  
Aparece en un momento de la cinta la figura de un discípulo apreciado de Georges y Anne, quien enterado de lo que le ha ocurrido a su maestra, aprovecha que tiene concierto en París para ir a verles. Vemos que en la auténtica relación maestro – discípulo hay unos vínculos más importantes que los meramente intelectuales, porque son capaces de mirar a la integridad de la persona y de la vida. Se siente el cariño que es la amistad. De esta manera se completa y enriquece la vocación profesional compartida, y que fue el inicial elemento de unión.     
Haneke a través de la historia, del guión y de los actores nos muestra la importancia de tener al menos un par de buenos vecinos. Otra realidad que en las macrociudades de hoy también se está viendo gravemente dañada. En este sentido Georges y Anne reciben la ayuda noble de un matrimonio. Entre los momentos llenos de magistral sensibilidad de Amour, os destaco el plano en que su vecino comenta a Georges que él y su esposa le admiran por el amor que está dando cada día a Anne desde que cayó enferma. Lo ven como un ejemplo a seguir. Uno de esos casos a los que la mayoría de los medios de comunicación tendría que poner atención para cumplir con sus responsabilidades informativas y formativas, pero que en cambio pasan desapercibidos para sus agendas de comunicación oficiales…
La actitud contraria a la de aquella pareja de vecinos queda reflejada en una de las enfermeras contratadas para que atienda a Anne, quien tanto en el trato dado a la enferma como a la hora de despedirse refleja la ruindad en que son capaces de caer ciertos seres humanos. Con serenidad y honradez, George le contestará que solamente le desea que algún día ella fuera tratada por otro sanitario como ella ha tratado a su esposa. En ese mensaje Haneke y el equipo de guionistas rompen con los tabúes de lo políticamente correcto, como en otras escenas del film.
El dolor y la alegría, la dureza y la ilusión por vivir cada día, están contenidas en Amour. En sus flash-back, cortos en cuanto a duración, y profundos e intensos por su capacidad de transmisión, se hace presente la frase de Garcilaso lo bueno, si breve, dos veces bueno. A través de esas cortas escenas nos muestran cómo había sido el día a día de Anne y George antes de la parálisis cerebral de ella. Había química, entendimiento, admiración y complicidad entre ellos. Y la enfermedad de ella no erosiona el amor de la pareja. Un sentimiento, que como la paloma que entra en el piso, es sinónimo de paz construida y compartida.
Haneke continúa profundizando a través de la enfermedad degenerativa de ella y de los obstáculos que se les va presentando al matrimonio, y nos plantea la cuestión de la eutanasia. Lo hace con tacto y a la vez abiertamente, sobre todo cuando se ve que la persona afectada, Anne, ha perdido la más mínima intención de seguir viviendo. George se niega a admitirlo, lucha con toda su alma y con todo su amor por sacarla adelante. Y, sin embargo, Anne, ante su enfermedad degenerativa, cae en el abismo físico y emocional. Cada plano de George dándole de comer, intentando que ella beba un poco de agua, es un canto al amor, al ejemplo de estar al lado de la persona amada frente a cualquier vicisitud.

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