La apertura desde la búsqueda



El próximo jueves 7 de marzo retomaremos el Ciclo Filosofía para buscadores que está impartiendo el filósofo Eugenio Silverio en el Centro Cívico Las Sirenas en Sevilla. Lo hará abordando la cuestión de la Consciencia. Pero antes de que tengamos la alegría de escucharle, vamos a hacer una síntesis de la anterior ponencia que nos dio el pasado 21 de febrero, y de la que el Rick´s Café realizó una crónica, cuyo tema central fue Apertura.
Como en los cánones clásicos, Eugenio Silverio recordó a los asistentes el asunto principal de su anterior exposición: la necesidad de una Filosofía para la vida, y por ello tomó como punto de partida la búsqueda. Esa necesidad vital que tiene la persona lleva a Silverio a unir ambos conceptos: filosofía y búsqueda. De ahí nace el propio título del ciclo. Y la búsqueda y ese recurso maravilloso y trimilenario que es la filosofía se tienen que desarrollar en un contexto. A este respecto, el filósofo comentó lo siguiente: La noción de contexto es fundamental, sin ella no vemos las posibles relaciones entre las partes, y sólo percibimos fragmentos, con lo cual no abarcamos el horizonte relacional donde se da la comprensión relativa de las cosas. El contexto (del latín contextus) es un entorno físico o de situación a partir del cual se consideran los hechos, se dan o aparecen los hechos, pues las realidades humanas son realidades interaccionales; es decir, hay un ensamblamiento e intrincación ineludibles de las personas entre sí y con su entorno.”
¿Pero cuál es el contexto del que nos habló Silverio?
Adelantó que esta filosofía de la que está hablando es una filosofía de lo concreto". Y resumió lo dicho en su anterior exposición recordándonos con cierto énfasis: “El contexto del que se trata es la situación, real, brutal, de la crisis que tenemos hoy, hoy mismo... Y sólo a partir de aquí, de esta facticidad histórica, de los hechos reales que nos envuelven y nos involucran a todos tiene sentido pensar y filosofar hoy… Hechos que están ahí-mismo en su aparecer fenomenológico, delante de nuestras narices, en nuestra calle, en nuestro barrio o en nuestras propias casas ―algunos muy dramáticos, como la enfermedad, el sufrimiento, la soledad, la pérdida de trabajo y de derechos, etc.―”
Frente a la creencia vulgar y mediática extendida en las últimas décadas de que la Filosofía y las Humanidades “no sirven para nada”, Eugenio Silverio reivindicó lo contrario dado el papel decisivo que nos ha brindado el pensamiento reflexivo-crítico a lo largo de la historia. Esa creencia social y mediática de la “inutilidad de la Filosofía radica, en parte, nos dijo Silverio, en que se han confundido dos conceptos: “no rentabilidad e inutilidad”. Para, a continuación, añadir “pero lo no rentable en términos economicistas no tiene por qué ser inútil en términos existenciales humanos. Es otra categoría conceptual la que hay que entender cuando se habla de la inutilidad de la Filosofía.”
Una de las modestas virtudes de la Filosofía es enseñarnos con su estudio y práctica a hacer matizaciones. En palabras del pensador: La Filosofía es el gran saber matizador de sentidos. Así, por ejemplo, saber ver un cuadro para tener una verdadera experiencia estética, o saber leer un poema; o saber analizar un entorno real, urbano o rural, o incluso un entorno virtual (saber ser críticos y analíticos con lo que aparece a diario en nuestras pantallas de ordenador, cine o televisión). Tal conocimiento configurador de actitudes racionales y sensibles también reviste una importantísima rentabilidad. Puede que nuestra cuenta corriente tenga poco saldo, pero este conocimiento nos hace mucho más ricos como seres humanos. Y no sólo interiormente, como cultivo del alma, sino en nuestra relación imprescindible, práctica, con el lado externo de nuestra conciencia: con el mundo, la naturaleza y nuestros semejantes. El estudio de las Humanidades en general da una inmensa perspectiva, da visión y claridad. Por ejemplo, la gramática latina tan denostada, ordena el pensamiento, clarifica la mente por su sintaxis lógica, y ayuda a la redacción y a la correcta expresión de las ideas… Casi nada.”
Quien aprende a interpretar, y recurre con frecuencia cotidiana a la Filosofía, señaló Eugenio Silverio, está ayudándose de la luz que ella nos puede brindar. Por ello nos habló de lo que él llama “la lámpara del filósofo”, y nos hizo pensar con estas serias palabras: Pensar en profundidad es pensar con claridad. La claridad filosófica es modesta, es como una pequeña lámpara, el modo racional, no para penetrar en lo oscuro ―eso sería magia―, sino para acercarse con respeto a lo profundo, al misterio. En ella, en la claridad, tiene el filósofo, el pensador su gran herramienta, la cual es también su cortesía, como decía Ortega. Tengamos presente a este respecto que cualquiera de nosotros es un pensador. Y llegar conscientemente a esa experiencia, a la experiencia del pensar filosófico, no es difícil, pero sí trabajoso; es una verdadera tarea esto de elucidar qué sea pensar, pues elucidar o esclarecer es ya el pensar mismo en acción.”
De la actividad pensante del filósofo surge “la responsabilidad del pensador”. En palabras de Silverio: “El pensador tiene una enorme responsabilidad. ¿Con qué? Más que por qué, con qué. La Filosofía interpela a la persona en su responsabilidad y libertad. La primera responsabilidad es con su mente, aunque nos parezca baladí el tema, la primera responsabilidad de cada uno es consigo mismo, con la propia subjetividad, con lo que piensa y siente, y con lo que hace con lo que piensa y siente. En el pensar-sentir diario continuo está más involucrado de lo que creemos el hacer, porque pensar, mal o bien, es ya un hacer, es ya, en cierto modo, acción. La dicotomía entre pensar y hacer es una excusa cómoda frente a lo real y una brecha siniestra para la irresponsabilidad, ya sea respecto de nuestros pensamientos o nuestros actos”.
Al vernos obligados a tomar decisiones previamente hemos de darnos cuenta de cómo funciona nuestra mente, para que ésta sea una aliada nuestra a la hora de convertirnos en personas libres y responsables. Nos recordó Eugenio Silverio la bella claridad que alcanzó el apreciado filósofo Eugenio Trías, quien vivió y pensó asumiendo la trascendencia de las dificultades y los límites, los cuales, bien entendidos “son como puertas hacia lo Ilimitado”. A este reconocimiento de las dificultades, Silverio lo llamó “el marco más sano de trabajo”, y es el marco que él ha adoptado. También nos dijo algo muy importante en cuanto a la relación de puente y comunicación que el pensador ha de establecer con los demás: “Buscar la verdad o la realidad no es un afán para solitarios. Por eso el darnos cuenta de las dificultades nos lleva siempre al reconocimiento de los demás, y sólo por ese camino de valorar a otros, por el camino de la intersubjetividad, quizás, pero no buscándolo, se nos puede otorgar el don de nuestro propio reconocimiento.”
A partir de ahí, Silverio realizó una descripción fenomenológica de la Apertura, y se centró en este tema objeto de su segunda conferencia. He aquí algunas de sus interesantes y profundas reflexiones: “¿Es la apertura un abrirse? Esta investigación toma como base la hipotética cuestión de una relación posible entre lo invisible y lo visible, entre lo sutil y lo concreto, una relación que se postula como inherente al sujeto pensante y sentiente, inmanente a su ser en tanto que persona, individuo, esto es, sujeto con capacidad relacional genuina consigo mismo, con sus semejantes y con el mundo circundante. Una persona tiene esta capacidad, este poder de relación. Un poder que no pertenece a la dimensión objetiva impersonal, un poder que no tiene un objeto.
El objeto, como tal, está ahí dispuesto en un espacio. El objeto tiene una dimensión objetiva, numérica, temporal y espacial. El objeto es ajeno a sí mismo. Puede pesarse, medirse, manipularse… Está a la mano de un alguien. El hombre, como decía Heidegger, se relaciona con las cosas que tiene a mano (Zuhanden). Pero aquello que el hombre supuestamente es no parece que esté tan a la mano. El sujeto en su dimensión puramente subjetiva no es un objeto. Puede relacionarse con objetos externos o internos, pero no es un objeto… Su dimensionalidad subjetiva no es numérica ni espacial, ni temporal en sentido cronológico. No es posible una mathesis del sujeto. Pese a todo, lo profundo ontológico del sí mismo humano no es parametrizable.
Con el concepto de Apertura tratamos de la dimensión del sujeto que dispone de sí como ignorancia de sí, no como objeto. Dispone sólo de su ignorar, de su no-saber acerca de sí, como ámbito trascendental. Del reconocimiento de esa dificultad parte el buscador, se orienta hacia un sí mismo propio, intuido pero que desconoce en términos racionales. Éste reconocimiento de la dificultad, dijimos al principio, es el marco más sano para la investigación, un buen punto de partida buscando orientación. Saber que no se sabe. Es la humildad de la lucidez, de la cordura.
La apertura es un amor, una disposición fundamental del ánimo, como en philo-sophía, una orientación activa, un sano interés hacia aquello mismo desconocido. Y aquello amado y buscado posibilita la apertura misma, posibilita el fin (no objetivable, no manipulable hacia donde se va), el camino por el que se va y la fuerza del caminar mismo que va. La apertura es un ir completo hacia el Sentido.”
Silverio nos invita a pensar. Sus reflexiones profundas invocan y provocan. Esperamos con mucho interés la próxima conferencia, la cual lleva por título Consciencia.

Comentarios

  1. Muchas gracias Manuel. Casi como si hubiera estado. Un abrazo. Jose Antonio.

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  2. De nada José Antonio. Este jueves, a partir de las ocho de la tarde, la continuación. Un abrazo.

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  3. Mi reflexión es que en lo cotidiano está de manera implicita la filosofía de la materia y la espiritualidad, una cosa no excluye a la otra, hay que ser filósofo innato incluso a la hora de escoger una película.

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  4. Así es, también a la hora de elegir una película nos estamos mostrando cómo vivimos o queremos hacerlo.

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  6. Este artículo y lo ensalzado en el me toca y mucho.
    La temática, el desarrollo del mismo, me parecen de una genialidad que puede ir más allá del mero entendimiento.
    Cuánta razón proclama Silverio a través de tu escrito. Más la filosofía, esa gran olvidada y criticada razón de vida, condenada al olvido por una sociedad corrompida de placeres irreales y superficiales maneras de “pensar”. Pues ni para pensar en uno mismo saben hacerlo como es debido.
    La filosofía es algo esencial, el pensamiento desde un punto neutro, sin condicionantes, sin culturas o aprendizajes.
    Los grandes “dueños” de la humanidad y sus andares, han conseguido con el tiempo llegar a ridiculizarla, haciendo creer a la gente que no necesaria, que no es una ayuda, y lo peor, que puede ser mala para nosotros.
    No es difícil pensar, lo difícil es hacerlo en la dirección y con la subjetividad adecuada, con la mente vacía de cualquier tipo de presión, tenemos derecho a errar, no una, sino toda una vida, pero la diferencia está en hacerlo por enseñanzas vanas y externas o hacerlo por nosotros mismos. Nuestra mente es nuestra mayor hazaña, pero nos han instado a infravalorarla, a calumniarla y no darle crédito, siempre que no sea por el cordón que los “dueños” han establecido, sus pautas, sus argucias para decirnos lo que está bien o mal.
    Creo que una apertura y alguien que sepa como mostrarnos el camino hacia ello, se hace al día de hoy una instancia más que necesaria, somos autómatas con una mente privilegiada, pero cada vez más paralítica.
    Enhorabuena Manuel y a Silverio, espero poder leer más sobre este tema en este excelente Blog.
    Un saludo enorme

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  7. Gracias Felipe por tu reflexión y por tu apoyo al Rick´s Café. Un abrazo.

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