La belleza del campo vista desde el tren


Pablo iba contemplando los paisajes agrícolas, campestres, que estaban al otro lado de la ventana del tren. La cantidad de agua de lluvia caída durante el otoño invierno anterior permitía a la tierra, a las cosechas, a los bosques, tener un aspecto de salud envidiable aquella primavera que estaba viviendo los días previos al verano. Aquellos escenarios vegetales transmitían vida. Eran capaces de ayudar a levantar el ánimo a una persona dolorida o triste por cualquier acontecimiento desgraciado o inesperado que le hubiera impactado de lleno. Podían fortalecer la alegría, la vitalidad, a aquélla que estuviera viviendo una buena etapa. O simplemente aportar un elemento valioso, inspirador, que ayudara a alguien a superar un estado de apatía transitoria. Mientras miraba desde su asiento en el AVE, pensaba en las decenas de veces que había disfrutado de aquellos espacios de la naturaleza desde que se montara en aquel ferrocarril en sus tiempos de estudiante universitario. Había conocido épocas con altos índices de lluvia; recordaba un par de años de sequía en el primer lustro de la década de los noventa en los que la tierra marrón moribunda ofrecía sus costuras sangrantes. Los periodos de aridez eran desoladores para las familias que vivían de la agricultura, tenían impacto en la economía local, en los recursos sociales, de sus comarcas. Aunque también repercutía en la industria agroalimentaria que se veía obligada a recurrir a las importaciones de otros países para hacer frente a sus necesidades de materias primas. Los municipios, que se veían abocados a cortes selectivos de uso del agua, volvían a usar los métodos de sus abuelas y otros como los camiones cisternas o el agua embotellada para paliar las carencias de suministro durante aquellos periodos. ¡Qué sería de este mundo, de sus gentes, si no conociéramos los valiosos remedios que nuestros mayores pusieron para salir adelante!
Manuel Carmona Rodríguez: Volver a amar (la catarsis)

Comentarios

  1. Excelente aporte de tu libro, la última frase de este escrito me recuerda a una gran película que me ha quedado grabada a fuego y hierro gracias a ti, El disputado voto del señor Cayo.
    Un abrazo

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  2. Me alegro de que te hayan gustado el texto de mi novela y la película que citas. Un abrazo Felipe.

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