La fuerza de uno


Esta película tiene como fuente de inspiración una novela con el mismo título del escritor de origen sudafricano Bryce Courtenay, quien posteriormente adquirió la nacionalidad australiana. La llevó al cine el director John G. Avildsen en 1992.
La cinta arranca en los años treinta del siglo pasado en pleno proceso de expansión del nazismo por el mundo durante la Segunda Guerra Mundial. En una modesta aldea sudafricana vive el niño Peekay junto a su familia y a la tribu zulú, perdiendo primero a su padre y unos años después a su madre. Esa desgracia suprema le lleva a un orfanato en el que se encontrará con niños alemanes quienes le tomarán como rehén de sus malicias, hasta que un día Peekay se enfrenta al líder de aquellos. En esta parte de la trama observamos como la maldad no conoce de edades. Y la influencia que en la asimilación y práctica de aquella tiene la educación que se reciba en la familia, en el círculo de amistades y en la propia escuela. Recordemos a este respecto el poder que los afrikáners tenían en aquellas décadas en Sudáfrica.
El éxodo que supuso para millones de personas la Segunda Guerra Mundial permite a Peekay encontrar un nuevo amigo y maestro de la vida, el músico alemán y antinazi Doc. De esta manera la trama va mostrando la influencia literaria de Dickens. Cuando Doc y Peekay están disfrutando del cariño y la compañía mutuo, aprendiendo el pequeño el arte de la agricultura y de la relación con la naturaleza, una nueva adversidad ocurre: la burocracia segregadora de los afrikáners le deniegan a Doc el derecho de residencia y se ve obligado a ser recluido en una cárcel campo de concentración, en la que cientos de sudafricanos de diversas tribus negras son tratados como esclavos.  
En ese marco Peekay recibirá otra enseñanza vital: cómo establecer vínculos con aquellos otros pueblos y personas que también sufren la opresión. Emerge la figura del negro Geel Piet, un zulú de unos cincuenta años, por tanto, de la misma generación que el pianista Doc, y entre los tres se tejerá una amistad y red de cooperación que sirve de guía a cada uno de ellos y al resto de presos de diversas tribus. La crudeza, la ternura, los comportamientos torticeros y la nobleza humana, se transmiten en cada una de las escenas y vivencias que componen esa parte de la película.
Terminada la Segunda Guerra Mundial, aquel campo de concentración se acaba, pero también otros vínculos cotidianos de Peekay que ya va entrando en la adolescencia con muchas vivencias propias de adultos. Lo importante es lo que el crío ha aprendido ya para la vida. Esa fuente de valores de la que emergen el Amor, la Amistad y la Justicia, será su pozo al que recurrir cada vez que la situación se torne difícil.
Quienes se han criado entre poderosos corruptos y sin escrúpulos, o se han formado junto a ellos siendo antes vasallos, pero por servicios prestados a aquellos han asumido ciertos carguitos, pretenden que aquella estructura social injusta y piramidal no se termine. En un mundo, el de los años cincuenta, en el que los nacionalismos anacrónicos del siglo diecinueve, vivían su etapa final, la implantación del apartheid es una lacra de esa manera de convivir.
Peekay vive a caballo entre la escuela británica que le ha acogido como becario y el gimnasio para boxeadores. Hemos de decir que la visión británica que se ofrece en la película es la de aquellos que mantuvieron una distancia prudencial frente a los intereses del propio Reino Unido en Sudáfrica. Una presencia que hoy sigue estando muy presente a través de las multinacionales que dirigen la explotación de las minas de piedras preciosas. 
 En ambos espacios, Peekay sigue tejiendo lazos de amistad intergeneracional y de consciencia sobre la justicia social. Se refuerzan sus redes de compromiso con las tribus negras para que sus miembros tengan la oportunidad de vivir con dignidad, recursos, y puedan acceder a la educación y a la asistencia sanitaria. Y también descubre el amor en pareja, con la aparición en su vida y en la de sus amigos de la joven María Marais, hija de un reconocido profesor afrikáner. Ese hecho le enseñará que la relación sentimental también encuentra obstáculos cuando se vive en una sociedad en la que la creencia y la costumbre establecidas son los que marcan la ética y moral clasistas y separatistas. Prejuicios, más prejuicios, ¡cuántos prejuicios!
Para ir terminando, os enlazo la dirección en la que podréis ver la película. Feliz lunes.
http://www.youtube.com/watch?v=67PTrCZjg-Q

Comentarios

  1. La vi hace muchos años y, efectivamente, tiene mucha miga. Es una de las películas favoritas de mi amigo José Vicente, a quien le mando un enlace con tu entrada.

    Tienes un blog lleno de gratas sorpresas.

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  2. Gracias Rafael, hace unos días me descargué y escuché la homilía reflexión de José Vicente que nos diste a conocer. Feliz lunes.

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  3. Es usted un gran escritor. Gracias por compartir

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  4. Bueno, uno tiene vocación. Gracias. Que tengas un buen día.

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  5. Contigo no hay tiempo de descansar, gran escrito y gran película, una trama muy sentida y con gran proyección social.
    Un abrazo

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  6. Hay que hacerlo, el descanso es necesario. Un abrazo.

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