La importancia de la simplicidad para la vida


El pasado jueves 14 de marzo con la ponencia y posterior tertulia entorno a la Simplicidad se daba por concluida la primera ronda del ciclo Filosofía para buscadores. Ya que este foro, dado el interés que ha suscitado desde que fue anunciado y durante su desarrollo, es muy probable, por un lado, que continúe en otros auditorios que ya han mostrado vivo interés porque se desarrolle en ellos. Y, por otro, todo hace indicar que será el comienzo de una serie de nuevos encuentros que promuevan el análisis, el debate y la reciprocidad sobre asuntos que nos ocupan y preocupan con nuevos ponentes.
Si las sesiones anteriores de Filosofía para buscadores tuvieron lugar en la sala de juntas del Centro Cívico Las Sirenas, la que versó sobre Simplicidad la impartió Eugenio Silverio en el salón de actos de la citada institución. De no haber mediado la necesidad de cerrar Las Sirenas, llegada la hora establecida, el animado y sentido coloquio se hubiera prorrogado durante más tiempo en sus dependencias. Fue significativo el caluroso aplauso de cierre, a caballo entre los puntos de encuentro hallados entre ponente y tertulianos, y el hecho de tener que abandonar las instalaciones al anuncio de que era la hora de clausura. Eso nos indica lo interesante y valioso que ha resultado este ciclo, y dadas las circunstancias de nuestro tiempo, que también están siendo observadas y discutidas en otros foros por varias generaciones, la necesidad personal, intergeneracional y social que hay de proseguir con estas iniciativas y aprender a tender puentes entre ellas.
Abordó Silverio la cuestión de la simplicidad advirtiéndonos desde el principio que esta no significa “simpleza ni trivialidad” ni tampoco es una “simplificación” de la existencia. Y cuando estaba terminando de ponernos frente al hecho que supone e implica la simplicidad, también nos advirtió que como sucede con la navaja de Ockham no hay que darle un valor absoluto. La simplicidad, en el sentido filosófico expuesto, y la navaja de Ockham “son maneras de tratar con lo complejo”.
Hechas estas precisiones, como todo buscador concienciado, se adentró a recorrer el territorio del despertar, que según él se transita mediante “el verdadero trabajo de ejercitar la simplicidad”. Como ya hiciera en su anterior ponencia, la dedicada a la consciencia, recurrió a los términos latinos y griegos cura sui y epiméleia heautou. Pero con la particularidad de que los refrescó, les dio nueva potencialidad, al recordarnos al poeta Píndaro en sus odas  dedicadas a atletas. Si el 7 de marzo, citaba a la filosofía a través de la metáfora de la lámpara para el vivir personal y la convivencia, ahora Silverio recurría a la sabiduría de aquellos célebres poetas líricos de la Grecia clásica,  hace más de 2600 años. De esta manera revitalizó, matizándola, la frase pindárica “llega a ser el que eres después, de haberlo aprendido”.  
Su visión del aprendizaje vital “incluye a la simplicidad”, lo que nos muestra para Silverio la necesidad de elaborar “una gramática con nuevos conceptos operativos” y que nos permita la práctica cotidiana “de la interioridad, la pasividad y la atención”. Presentada la faena, con su telón de fondo y su mapa a recorrer, aseveró con humildad y conocimiento de causa que en su propuesta no hay reglas infalibles, al igual que ocurre con cualquier otro planteamiento filosófico existencial. Y a partir de aquí, bajo la superficie, fue descendiendo por el “iceberg” que nos ha ido paso a paso presentando: “Esta nueva interioridad se entiende mejor como un ocuparse de lo que está pasando dentro de uno mismo, como cuando se dice meterse en interioridades, es decir, ocuparse de lo que ocurre interiormente en un asunto, sólo que aquí el dentro, la interioridad de uno mismo, no se comprende como algo reservado, privado o recóndito, es decir, escondido u oculto a los demás, sino más bien como aquello que nos im-plica y nos com-plica como seres personales pensantes y sentientes, seres en continua comunicación con los demás, lo sepamos o no: somos seres transparentes. Esto supone que no hay pensamientos ni sentimientos estrictamente privados, íntimos, sino que se da un fluir anímico que siempre está, de alguna manera, no sólo en contacto con el mundo, sino que fluye y revierte hacia el mundo (a través de la corporalidad, como lenguaje corporal, la expresión corporal, la voz, el tono, el timbre de esa voz, etc.). O sea, esa interioridad jamás es privada en sentido absoluto, sino todo lo contrario, es pura proferencia concreta del alma, es grito, a todas voces, del alma.”
Silverio invocó a Antonio Machado quien ya nos hizo saber, en boca de Juan de Mairena, que por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre. El límite, por tanto, es la persona, como hombre y mujer. Ambos son “el mundo”. A la vez “límite” y “no-límite”, “un cosmos” donde aparecen “fenomenológicamente todos los fenómenos”.
Como ya hicieran en su día Ortega y Marías, quienes criticaron la teoría de la mónada de Leibniz, Silverio presentó la evidencia de que ni él “yo” ni el “tú” son islas, sino que viven, conviven en el mundo co-implicados. Vivir es una co-implicación inexorable. Por tanto, “cada uno es responsable, es decir, responde-de, está implicado, complicado y es cómplice, en cierta indeterminable medida, lo sepa o no, de cuanto está pasando en el mundo, en los demás, en sus prójimos o próximos.”  
A partir de ahí, nos comunicó la necesidad de recuperar la pasividad, un concepto, una actitud y un comportamiento que erróneamente tiene mala prensa, con las consecuencias nocivas que esa visión trasmitida desde ciertos medios de propaganda tiene en personas y sociedades. Silverio nos propone practicar la pasividad “asumiendo tres dejaciones: dejar de hacer, dejar hacer y dejarse hacer.¿Qué supone ello?
Para Silverio esas tres dejaciones son pura acción”, ya que “lo que hace el simple (el practicante de la simplicidad) es atender aquello real que apremia en la situación, no se queda en las palabras, baja a la concretísima realidad de las cosas, de los conflictos, ayuda, se mueve en la dificultad, reconoce la dificultad, no con palabras y teorías, sino implicándose en ella. La belleza de la simplicidad es la acción inmersiva, coherente e instantánea consigo mismo y con los demás en lo real.
Y antes de que la tertulia intensa, sensible y profunda se desatase con espontaneidad, Silverio presentó una radiografía de nuestro país y de nuestro mundo matizando la necesaria asunción y aplicación de la simplicidad para abordar con esperanza y resiliencia estos tiempos: “Vivimos en plena decepción, con una desconfianza generalizada hacia las instituciones, con el sentimiento de haber sido engañados, cuando no estafados. Vivimos en un país que no es país para jóvenes ¿verdad? (parafraseando el título de aquella película de los hermanos Coen). Estamos hablando del contexto real de nuestra sociedad. Y es preciso despertar. Cada uno debe despertar. Lo ético es ahora despertar uno mismo. Nadie puede hacerlo por mí, por usted. No puedo esperar a que el despertar se institucionalice, se organice… No hay un sindicato del despertar… El volo (con uve, de volición, voluntad), el yo quiero auténtico, no el mero deseo, es íntimo e intransferible, pues pertenece, como he dicho con profusión en estas cuatro charlas, a la individualidad misma.”
Para entre abril y mayo, se abrirá un nuevo ciclo. Esperamos con expectación el mismo. ¿Quién ha dicho que la Filosofía no sirve para nada?

Comentarios

  1. Excelente artículo una vez más Manuel, gracias por acercarnos a tan especial ponencia y posterior tertulia, para todos aquellos que nos es imposible asistir. Mi enhorabuena también a Eugenio Silverio, magnífico, sublime.
    Gracias y un abrazo

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  2. Soy convencido de la simplicidad como actitud, no ejercerla demuestra una gran simpleza emocional si bien no es un camino fácil, pero seguro que el más inteligente o cuanto menos saludable.

    Excelente entrada, sigo pensándola.

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  3. Parece que la mañana lluviosa que se nos ha presentado, anima a la tertulia a través del blog y la Red. Gracias por vuestras aportaciones. Felipe y Cía, la labor del periodista es esa: acercar lo que merece la pena a sus conciudadanos.
    Sergio, la vida es un caminos que hemos de recorrer asimilando y desarrollando la simplicidad. Feliz viernes a ambos.

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