Religiones, espiritualidades y cambio social


El pasado 12 de marzo tuvo lugar en el centro Arrupe de Sevilla un nuevo encuentro del Movimiento Interreligioso y Laico, que se viene celebrando en esta ciudad desde el año 2008. Se produjo la conferencia y tertulia con el propósito de seguir ahondando en cómo las diferentes religiones, espiritualidades y visiones laicas pueden fomentar un cambio en la persona y en las generaciones que a su vez promuevan un compromiso social real a favor de una democracia participativa. Curiosamente, el Centro Arrupe son unas dependencias del colegio jesuita Porta Coeli, y unas horas antes se había producido la primera deliberación y el primer resultado del cónclave cardenalicio. Dos días después, ayer jueves, la opinión pública mundial conocía la elección del jesuita Francisco I, como nuevo Pontífice de la Iglesia Católica.
La tarde noche, en una jornada de intensas lluvias, fue de lo más grata dada la cordialidad, franqueza, alegría, inteligencia y sensibilidad que ofrecieron Manuel Delgado, el presentador del acto, los seis participantes por sus confesiones religiosas, espirituales y laicas, y el público asistente. Intervinieron, José Antonio Segovia por la Asociación laica Iniciativa cambio personal, justicia global. Yihad, por la Comunidad islámica Muhammad. Inmaculada Gali, en representación de la Comunidad Betania que practica una visión cristiana desde su fusión con el budismo de corte zen. Anabel Calvo, como representante de la Comunidad Bahá’í cuya línea de vida habla sobre la revelación de Dios por mensajeros a lo largo de la historia –Abraham, Krishna, Zoroastro, Moisés, Buda, Cristo y Muhammad–. Auxiliadora, hizo de portavocía de la Asociación Universitaria Brahma Kumari que desde 1937 promueve un cambio positivo personal y mundial desde su labor de pensamiento y acción en cien países. Y Ana habló en nombre de la Comunidad Arrupe.
En cada una de sus intervenciones, pudimos sentir la honda preocupación de cada uno de ellos y en el seno de sus respectivas comunidades por los problemas personales y colectivos de nuestro tiempo. Hablaron y debatieron acerca del desempleo, los desahucios, la exclusión social o la integración de las comunidades de inmigrantes. Cada uno desde su experiencia personal y colectiva afirmaron la necesidad que tiene cada persona por formarse su propia consciencia. Esta tarea es ardua, exige compromiso, silencio y meditación, pero también a cambio posibilita a quien se comprometa a hacerlo a lo largo de su vida a formarse una mirada diferente desde una toma de posición positiva sobre las circunstancias que le rodean.
Vivimos en una época de tensiones que llegan en demasiados casos a desembocar en situaciones de dramatismo, desesperación y violencia. Por eso ven necesaria una educación cívica que promueva la paz interior e interpersonal, ya que “darás paz si eres capaz de haber creado tu paz”. La tranquilidad y el sosiego son conductas y actitudes que chocan con aquellas que solo buscan como modelo de vida la acumulación de dinero, propiedades y otros bienes materiales –una visión ultra materialista de la existencia y la convivencia–. A este respecto, nos recordaron las palabras de Jesús de Nazaret “no solo de pan vive el hombre”.
Estos hombres y mujeres junto a sus comunidades celebran cuatro rezos anuales en los que leen y filosofan a partir de los textos sagrados de cada uno de los grupos y de obras laicas cuyas enseñanzas y testimonios de vida enriquecen la vida propia y la convivencia. Su labor común promueve cuatro actos anuales coordinados con la Organización de Naciones Unidas, concretamente el Día Internacional de la Paz, el Día Internacional del Medio Ambiente, el Día Internacional de los Derechos Humanos y el Día Internacional de Erradicación de la Pobreza.
Comparten una visión que rechaza distinciones arbitrarias como las que se aplican a los inmigrantes, para ellos no se puede tolerar la separación legal y administrativa con papeles y sin papeles, dado que esas personas en la mayoría de los casos han tenido que abandonar sus países de origen para buscarse una vida digna.
Durante la tertulia complementaria, animada y sabrosa dadas la agudeza y finura con que se manifestaron los contertulios, se sacaron a la luz situaciones cotidianas que se producen desde el ámbito domestico a los barrios. La actual situación local y mundial, donde millones de personas se muestran indignadas como consecuencia de la pérdida de derechos y oportunidades, la corrupción de las instituciones de las democracias representativas y la consolidación de las oligarquías establecidas, clínicamente la podemos calificar de enfermiza. Y frente a esas enfermedades enquistadas en el seno de los pueblos, éstos se manifiestan con actos reivindicativos ya que necesitan echar afuera lo que les quema por dentro a diario.
Es más, coincidieron los asistentes en que un número significativo de las enfermedades que se padecen en nuestro tiempo, como están demostrando estudiosos e investigadores de las diferentes áreas de la salud, se producen por la somatización de las injusticias soportadas en cualquier circunstancia de la vida. Es una realidad que ya hace décadas advirtió con sabiduría Krishnamurti: no es sano estar adaptado a una sociedad enferma.
Ha llegado el momento de dejaros a vosotros en compañía del silencio y de la quietud. Cada uno habrá de retirarse a la montaña, al jardín, al río, en definitiva, a la naturaleza. Para que desde esos lugares y estados intentéis plantearos esta cuestión: cómo tendemos redes de colaboración entre cada grupo civil, espiritual y religioso, invitándonos a compartir caminos de ida y vuelta, caminos de intersección, para conciliar lo personal, lo interpersonal, lo intergeneracional y lo social.
Una vez que cada uno haya dialogado consigo mismo y se haya puesto en la posición del otro y de los demás, vendrá la hora de regresar a cada ciudad para hacer una nueva puesta en común.

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