Toma de contacto con el enigma de la Sábana Santa


                           Fotografía de Rafael Sánchez
El Rick´s Café, paso a paso, va a ir realizando una serie de reportajes acerca de la exposición de la Sábana Santa y entrevistas a personas que intervienen en su organización y en el proceso de investigación que hay abierto sobre la misma. Nos hemos citado con Álvaro Cruz, comisario de la muestra, con el profesor y escultor Juan Manuel Miñarro, y con el investigador José de Contreras.
La exposición, que desde el 6 de marzo y hasta el 28 de junio estará en el Antiquarium de Sevilla –en el subsuelo del Metrosol Parasol–, arrancó en la Catedral de Málaga en febrero de 2012.
Tras el gentil recibimiento del personal de la misma, comenzamos a adentrarnos en este interesante mundo y fenómeno que abarca a cuestiones humanas, científicas, filosóficas, artísticas y religiosas.
El caballero Geoffrey de Charny inicia esta historia allá por el año 1340 durante su participación en una Cruzada a Jerusalén, nos apunta José de Contreras. Se desconoce a día de hoy cómo la Sábana Santa llega hasta sus manos y custodia, de hecho el noble asumió el compromiso de no revelarlo. Cabe la posibilidad, indica Contreras, de que alguien de otra religión, un musulmán, le hiciera entrega de este objeto sacro. Si este acontecimiento algún día fuera posible comprobarlo, muestra el respeto que ciertas personas tenían hacia lo sacro en aquella época con independencia de la fe que se profesase.
Juan Manuel Miñarro, que en sus tiempos de estudiante universitario ya tenía interés por la figura de Jesús de Nazaret y el fenómeno de la Síndone, varias décadas después ejerciendo ya como profesor, investigador y escultor, comienza a hacer sus indagaciones personales en 2001. Cinco años después, en 2006, entra a formar parte del equipo de profesionales del Centro Español de Sindonología que desde diferentes áreas de estudio llevan tiempo investigando sobre la Sábana Santa. Se trata de una investigación interdisciplinar e internacional. Miñarro durante todo ese proceso personal y científico se percata del desconocimiento mediático que hay sobre el tema. Por ejemplo, nos habla de un dato que a nivel social y comunicativo se desconoce por la mayoría de la opinión pública: en la revista científica Thermochimica Acta, en su número 425 del año 2005, entre las páginas 189 y 194, el químico y científico Raymond N. Rogers señalaba que en la prueba del carbono 14 que se realizó a la Sábana Santa en el año 1988 se habían tomado como muestras una superficie que contenía un porcentaje superior -60%- de un añadido de tela que se habría hecho en la Edad Media en un proceso de restauración de la misma. En palabras de Rogers en ese estudio: “La evidencia combinada de la cinética química, la química analítica, el algodón contenido y el espectro de masas de la pirólisis prueban que el material procedente del área de la Sábana Santa para el radiocarbono es significativamente diferente que el de la tela principal. La muestra de radiocarbono no era, por lo tanto, parte de la tela original y no es válida para determinar la edad de la Sábana Santa” (Thermochimica Acta Vol. 425, pág. 193).
Durante la conversación con Miñarro, nos comenta el rigor anatómico del cuerpo del Hombre de la Sábana Santa, que según sus estudios se puede observar en su anatomía, piernas, brazos y cabeza. A través de la Síndone se puede apreciar la mecánica de la crucifixión. Vemos el estómago inflamado fruto de los graves problemas de respiración. Para Miñarro, los cánones bizantinos o renacentistas no sirven para sacar el modelo del Hombre de la Sábana Santa. Y aporta un dato curioso extraído desde la perspectiva del estudio forense de la misma: hay entre la barba y el torso un espacio de 7,5 centímetros que coincide con la franja que corresponde a la imagen del Sudario de Oviedo.
                                                   Fotografía de Rafael Sánchez
Cuando Miñarro hace un análisis en el que combina la Sábana Santa y el Sudario de Oviedo, se obtienen una serie de datos y reflexiones. En el Sudario tenemos el perímetro de la cabeza. En la Síndone se aprecia el volumen de una cabeza mosomorfa, cuya distancia epicraneal sería de 18,42 cm. Entre las preguntas que se hace Miñarro es ¿por qué no hay referencia lateral?
Según Miñarro se hace necesario retomar los estudios de antropología física de los años cincuenta del siglo veinte que ayudan a interpretar las medidas de la cabeza. Estamos hablando de un hombre entre 1,80 m y 1´78 m, que tenía una anchura y altura equilibrada. Sería un homotipo de un varón de unos 37 años.
Miñarro en sus estudios y planteamientos de hipótesis ha comprobado que el hemirostro derecho nos presenta la imagen destrozada de ese lado como consecuencia de una paliza. Mientras que al aplicarlo sobre el hemirostro izquierdo se aprecia una imagen ideal.
Otro curioso planteamiento que Miñarro realiza es el tiempo aproximado que transcurrió entre la serie de sucesos biográficos e históricos que el Hombre de la Síndone habría vivido. Nos apunta en concreto a los que se dieron entre la crucifixión y la lanzada en el costado, la solicitud para enterrarlo de José de Arimatea a Pilatos, y el proceso de amortajamiento y depósito en el sepulcro. Podrían ser unas seis horas durante las cuales se habría producido la fibrinolisis, cuando son 36 horas el periodo habitual de una fibrinolisis. Ésta es la disolución enzimática de un coágulo de sangre. Si esa reducción tan significativa del tiempo en que se produjo el fenómeno biológico y orgánico de la fibrinolisis se pudiera algún día corroborar, ¿qué fenómeno se habría producido para hacerlo posible? Dejamos ahí la pregunta.
                           Fotografía de Rafael Sánchez
Eso ayuda a entender los rastros de sangre que hay en la Síndone, especialmente en aquellas zonas más sintomáticas como las zonas de ambos brazos en las que se realizó el clavado, las de ambos pies y la lanzada en el costado. Pero también en las zonas de la cabeza y el cráneo sobre las que se le colocó el casco de espinas.
La figura de Geoffrey de Charney para José de Contreras necesita seguir siendo investigada, como él está haciendo. En la exposición, en su sala 1, se puede ver una reproducción de una vidriera en la que aquel aparece. Desde el punto de vista de Contreras, esa vidriera está realizada tomando como referencia un grabado que se tendría que hallar en la sepultura del caballero medieval. En el citado grabado hay un texto encriptado.
¿Qué mensajes se pueden encerrar en ese texto encriptado?
Desde la perspectiva de Contreras aparece la figura del perro a los pies de Geoffrey como símbolo de la fidelidad. Hay una clara referencia a la procedencia de la Síndone, la Basílica de la Resurrección del Santo Sepulcro. Hay cuatro pilares y tres arcos que también aparecen en el sello del Códice Sináitico –manuscrito del siglo IV de la versión griega de la Biblia–. Y aparecen cuatro símbolos que representan al Patíbulo, el lugar de la Mortaja del Hombre, el Sepulcro y el lugar de la Resurrección.
En sus observaciones, Contreras apunta a la formación de dos estrellas de David, en las que se encontrarían también, por un lado, un pentágono, que es la figura geométrica que simboliza a la Resurrección. Y, por otro, el círculo, que a lo largo de la historia ha sido el símbolo de la eternidad de Dios. Greoffrey de Charny por la posición de sus manos y su boca está orando que es la manera de dialogar en esta vida con Dios. 
Mientras las investigaciones prosiguen su curso, os enlazo la web de esta exposición itinerante: sabanasantaexpo.com/

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