Toreando a la guerra en República Centroafricana


Desde el pasado 11 de marzo, cada segundo de cada día en la República Centroafricana está marcado por el dolor, la tensión y la lucha civil militar aflorando por sus tierras, ciudades, carreteras y modestos aeropuertos. El movimiento yihadista Seleka ataca a una población inocente que arrastra la injusticia de ser la tercera con menos recursos del planeta, a pesar de contar el país con importantes yacimientos de energías, metales y piedras preciosas, bosques y yacimientos acuíferos. La atención política internacional y mediática, salvo excepciones dignas de mención, es mínima. Ni Francia ni la Unión Europea ni la ONU han tenido aún la decencia de poner su mirada sobre esta catástrofe. En las últimas veinticuatro horas, los rebeldes Seleka han tomado la capital Bangui provocando que el presidente Bozizé huya hacia el Congo.
La labor humanitaria de misioneros cristianos y de ONG´s como Cruz Roja o la Fundación Bangassou se está viendo gravemente afectada por la irrupción otra vez de este grupo de desquiciados y crueles mercenarios de la guerra. Usan la cortapisa del fundamentalismo religioso, enemigo de cualquier sentimiento y sentido religioso espiritual auténtico, para saquear víveres, medios de transporte, sedes y materiales sanitarios, o para intentar apoderarse de puntos estratégicos de transporte y logística.
El día 18 caía la ciudad de Ouango, perteneciente a la prefectura de la capital Bangui, en manos rebeldes. Esa misma jornada la urbe de Bema, que cuenta con un importante río navegable, también pasó a estar dominada por aquellos. Nada más llegar, se apropiaron de carburante y del coche que la misión comboniana tenía allí. “Una de las cooperantes, Marcela, se vio obligada a salir huyendo al país vecino del Congo, mientras su compañera Yovane continuaba allí jugándose la vida y viendo qué pasaba”, nos relata Juan José Aguirre.
Las preocupaciones de este misionero en aquellos días estaban centradas en que ninguna vida humana se perdiera y dentro de lo posible salvaguardar las medicinas, las instalaciones y los materiales quirúrgicos y sanitarios de los dispensarios, dado que buena parte de la labor humanitaria que vienen realizando en los últimos quince años se ha centrado en superar graves enfermedades de la población centroafricana y en que cuenten con unos centros médicos dignos en los que atenderla. Nos señala Aguirre que “en aquellos primeros días comenzaban a escasear las medicinas para el corazón y la tensión. Apenas teníamos reservas para una semana”. Imagínense los lectores lo que esto supone en un país pauperizado y en medio de un conflicto bélico que pasa desapercibido para la comunidad internacional.
Aguirre junto a las personas que tiene a su alrededor, como Inmaculada y Henar, se ponen la meta cotidiana de no desanimarse. Es normal que la desilusión, la impotencia o la desesperanza, aparezcan en sus mentes y corazones a lo largo de aquellas horas en las que el sentido del tiempo cobra una dimensión diferente. Pero la vocación y el compromiso que les ha llevado allí desde hace años, les hace tirar de arrestos para seguir adelante y de apoyarse unos a otros.
Los rebeldes Seleka no han tenido la mínima compasión a la hora de arrojar a hombres y mujeres enfermos de sus camas en los modestos hospitales, con el único fin miserable de llevarse los colchones. Tampoco han dudado de subirse a los techos de las sencillas viviendas para robar las placas solares y las baterías de almacenamiento de energía. En su afán enfermizo de pillaje y vandalismo han quitado las ruedas de los coches que no se han podido llevar o las puertas de las humildes casas del obispado de Bangassou. El equipo de misioneros y cooperantes aún se pregunta a estas horas como la ciudad de Bakouma en la prefectura de Mboumou ha quedado casi intacta.
Hay que andarse con cuidado en el pleno sentido de la expresión ante cualquier circunstancia, incluida la informativa, porque en ese ambiente de desconcierto los rumores tergiversados o carentes de informaciones reales se disparan.
Lo que sí es seguro es que los rebeldes Sekela habían reclamado, antes de que asaltaran Bangui, al presidente centroafricano Bozizé las siguientes reivindicaciones: liberar a los presos políticos o relacionados con la guerra, integrar a 2000 rebeldes en el ejército nacional reconociéndoles sus grados militares, y la vuelta de los miembros del ejército sudafricano que protegen a la capital Bangui a su país.
Dos días después, el 20 de marzo, un cooperante, Ángel, logra llegar hasta Bangui. En cambio una monja centroafricana que pretendía acompañarle no ha podido hacerlo porque le han negado la posibilidad. Por su parte, Marcela ha logrado su propósito de llegar sana y salva al Congo. Durante su viaje Marcela hace saber a sus compañeros en la capital centroafricana que el nuevo vicario, Abbé Yvon Congo Adama, podrá regresar desde Bangui a Bangassou. La presencia de éste allí supone, dados sus recursos y talante, la posibilidad de abrir nuevos cauces de intermediación y de apaciguamiento de los ánimos coléricos. Abbé Yvon hace de interlocutor con los pilotos del aeropuerto para conseguir que se reanuden los vuelos internos dentro del país sin que caigan en poder de los Seleka.
Aguirre, después de unas jornadas de tensión extrema, se encuentra junto a los suyos recuperando la calma. Como nos hace saber, para ellos esa paz interior y colectiva radica “en poder oír el cantar de los pájaros y escuchar el rumor que producen las ramas de los grandes árboles del jardín mecidas por el suave viento”.
La cooperante Inmaculada Cortiguera, pareja de Ángel, ha tenido un sueño la noche anterior que muestra el deseo que ella y su gente anhelan desde que se desataron las hostilidades: “he soñado con Bangassou. En el sueño Ángel y yo estábamos guardando en la maleta lo que debíamos traer, nos preguntábamos qué cosas debíamos guardar y qué hacer con lo que quedaba en la casa. Me he despertado con esa sensación extraña de estar todavía en ese sueño, y en la oración-meditación de la mañana me preguntaba por qué tener tantas cosas que no sabes cómo guardarlas, que te quitan la paz porque no sabes qué hacer para que no te las roben.”
Inmaculada nos muestra con sus palabras las diferencias de vivir en República Centroafricana a hacerlo en la capital de España. No deja lugar a la duda: “siempre he mantenido que, a pesar de vivir con menos comodidades que en mi casa de Madrid, vivía mil veces mejor que mis vecinos del barrio de allá. Teníamos una mesa y unas sillas, un frigorífico en funcionamiento gracias a los paneles solares, la cocina a gas, una cama con colchón y sus sábanas. Los platos, sartenes, cubiertos, vasos y cacerolas, como todo lo demás, sacados de los contenedores que cada año se envían desde Córdoba.”
Inmaculada se emociona y se enternece recordando como al poco tiempo de llegar a República Centroafricana sus semejantes africanos se reían de ella en sus intentos de coser con la máquina de su vecina Patricia. Nos dice “que no lo consiguió, como tampoco conseguí hacer un buen fuego en las tres piedras porque me lloraban los ojos con el humo”. Y, sin embargo, “la blanca inútil” como ella misma se catalogó a sí misma en aquellos momentos, no se dio por vencida y continúo con su proceso de adaptación a sus nuevas circunstancias. Desde entonces, ha aprendido a compartir su sofá mullido con los niños y mujeres que van a su casa para que puedan echar una siesta o descansar un rato, porque aquel les ofrece unas mejores condiciones para conciliar el sueño que las esterillas de las casas de aquellos. También a guardar recursos básicos como jabones o cuadernos para cuando sean necesarios. El lema de ella es ahora “compartir y convivir. Convivir compartiendo”.
La ONU, después de que los Seleka han atacado las ciudades norteñas de Bouka y Batangafo para cortar la otra gran carretera que une la República Centroafricana con Camerún, ha condenado esos ataques y Francia empieza a hacer movilizaciones porque hay muchos franceses en Bangui y en el cercano Mali. ¿Qué harán la ONU, Francia y la Unión Europea después de que los rebeldes Seleka hayan tomado Bangui ayer?

Comentarios

  1. Gracias por hacer publico este escarnio.

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  2. Lo que no entiendo es que España sea el tercer país en la venta de armas ligeras y de municiones, si no se comienza por desmantelar semejante mafia política, nunca dejará de haber guerras, sobre todo en países tercermundistas, el problema nace de dentro de los países desarrollados y el interés de sus políticos de que haya estas batallas.

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  3. Hay demasiados intereses creados que son necesarios ir superando.

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