Una biografía simbólica


Este libro que ha escrito el P. Giuseppe Fiorini Morosini sobre San Francisco de Paula, y que ha traducido al español el P. Abilio León Pérez, presenta la obra, personalidad y vida del eremita que fundó la Orden de los Mínimos en el siglo XV. Cuenta esta edición española con una presentación del arzobispo emérito de Sevilla Carlos Amigo Vallejo. Y en su introducción, el autor, el P. Fiorini nos habla de que la realizó con la perspectiva del 499 aniversario del fallecimiento de San Francisco de Paula, ocurrido el 2 de abril de 1507.
A lo largo de la obra se nos va presentando San Francisco de Paula desde que su padre y madre, devotos de San Francisco de Asís, solicitaron la intermediación divina de aquel para tener un descendiente. Como homenaje al fundador de la Orden Franciscana, al nacer y ser varón le llamaron Francisco. Años después, al llegar a la adolescencia, el nacido en Paula comenzó a sentir la vocación hacia la vida religiosa y espiritual siguiendo el sendero que habían abierto San Francisco de Asís y sus seguidores unos siglos antes, pero a la vez buscando su propia ruta. Se retiró, tras comunicarlo a sus progenitores, a una zona agrícola y allí comenzó a llevar una vida sencilla, dedicada a la meditación, la oración, el cultivo del terreno agrícola y el trato con sus vecinos. Poco a poco, ante la serie de episodios en los que la intervención de San Francisco de Paula fue causando una gran expectación entre las personas de aquella zona de Italia, se fue gestando un áurea de bondad sobrenatural en él. Eso, según se relata en el libro, no le hizo caer en la egolatría ni en la soberbia ni en la vanidad. Al contrario, le confirmó su opción hacia la nobleza de sus actos y haber encontrado su misión en la vida.
Durante la narración de los sucesivos capítulos, que resulta grata de leer por la valiosa traducción realizada y el buen uso del castellano desde un estilo literario ameno, se van sucediendo episodios que relatan los primeros milagros realizados, sus curaciones, la aprobación de la congregación, la fundación de los primeros eremitorios, las difíciles relaciones con Fernando de Aragón –Rey de Nápoles entonces–, su viaje a Sicilia, la invasión musulmana de la costa italiana, su periplo a Francia…
Y todo ello inscrito en un cuadro social e histórico en el que el retrato que se hace de San Francisco de Paula es el de una persona comprometida con las personas de su tiempo que formaban parte del pueblo. Por eso, cuando su trayectoria ya era tomada como una referencia durante los procesos de la Reforma Protestante y de la Contrarreforma, la vía que él propondrá será la necesaria evolución de la acción de la Iglesia desde abajo hacia arriba. Además, se ofrece una visión de su actuación que buscaba la conversión de aquellos reyes y poderosos que asumían con despotismo y avaricia el poder, con el propósito de producir en ellos el citado cambio que acabara con esa manera de gobierno y convivencia.
Resulta iluminador durante la lectura de este estudio como se habla abiertamente de las diferencias y pugnas que surgían en aquella época en el seno de la Iglesia y de las diversas congregaciones religiosas. Ya que en palabras del autor y del traductor “… la aparición de un nuevo instituto religioso originaba celos entre las demás órdenes por motivos económicos y de prestigio. La novedad ejerce siempre un cierto atractivo, sobre todo en los que buscan un mayor compromiso evangélico; es lo que ha ocurrido siempre en la Iglesia cada vez que ha aparecido un nuevo instituto”. Esto nos recuerda, si hacemos un sencillo ejercicio de memoria y análisis, a lo que ocurría en la edición novelada y en la cinematográfica de El nombre de la Rosa, de Umberto Eco, cuando las posiciones de determinados personajes chocan no solamente por los sucesos criminológicos que se relatan si no también por su visión de la vida y acción religiosa.
La edición de San Francisco de Paula: vida, personalidad, obra, que ha realizado Editorial La Serranía, de la bella localidad malagueña de Ronda, es elegante. El papel es de calidad, recurre a una fuente de buen tamaño que ayuda a la lectura. Prosigue el estilo de los ensayos con citas a pies de página sencillas que en ningún momento obstaculizan el proceso lector. Es más, ayudan a identificar con agilidad las fuentes citadas. La extensión corta de los capítulos, en total cuarenta y uno, también facilita su seguimiento. Y su cubierta, está hecha a partir de la combinación de una serie de elementos que, por un lado, nos presentan al Santo orando en un excelente cuadro de Bartolomé Esteban Murillo –uno de los grandes talentos de la pintura universal de todos los tiempos–. Y, por otro, las imágenes de dos monasterios, el italiano de Paula y el francés de Tours.

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