Vivir para contarla (1)


El título de la autobiografía de Gabriel García Márquez es muy ilustrativo. Primero vivir, luego narrarla. El filósofo Ortega y Gasset, ya nos advirtió de ello. Lo radical es la vida, la de cada persona. Y a partir de ella y con ella podemos ir haciendo cosas. O al menos intentarlas. El meditador español también nos lanzó otro guiño de enorme profundidad y consecuencia a partir de aquella realidad indiscutible: la persona no se mide por los logros, si no por los intentos, porque en cada uno de ellos nos está diciendo quién quiso ser y cómo quiso vivir.
Para nuestro tiempo, en el que ciertos grupos de interés y de presión viven y pretenden convivir imponiendo el mensaje de que lo importante es triunfar en la vida, y hacerlo según sus parámetros y conquistas, la lectura sosegada, honesta y crítica de esta autobiografía da que pensar. Este mundo en el que el materialismo se ha convertido en una obsesión de demasiada gente e instituciones, incluidas aquellas que han practicado la visión crítica de la historia marxista con excesiva toma de posición extrema.
Se me viene a la mente, mientras escribo, una imagen de Gabriel García Márquez sentado en una sencilla mesa, su máquina de escribir, azuzándose el pelo durante su proceso de escritura y con unas sencillas alpargatas. Esa fotografía ilustró la cubierta de la biografía que el periodista Dasso Saldívar hiciera de Gabo, titulada El viaje a la semilla, publicada por Alfaguara en 1997. Un libro muy valioso para entender la biografía del literato colombiano y que se complementa con el texto que ahora os reseño.
Arranca García Márquez para contarnos su vida y sus circunstancias de aquel legendario y, por tanto, mítico viaje que hizo con su madre a Aracataca para vender la casa de sus abuelos. Esa vivienda que desde los dieciocho años le traía luchando consigo mismo con el único propósito de contar desde allí las historias de vida de su familia, de Colombia y de Iberoamérica. Una novela que desde sus primeras versiones tituló La casa, y que cuando la escribió en su versión definitiva se publicó como Cien años de soledad. Y con su proyecto concreto, esa narración, hacer posible su razón vital de vivir como escritor.
Va uno leyendo Vivir para contarla (Debolsillo) y va uno sintiendo los miedos, las preocupaciones, las ilusiones, los logros, los desencantos, las alegrías de nuestro protagonista y narrador. Pero también aquellos de los hombres y mujeres que con más o menos vinculación han formado parte de su vida y de sus trayectorias vitales. Y con esa maestría que Gabo ha ido desarrollando a lo largo de su existencia, vemos pasar delante de nosotros las vivencias oníricas que sus personajes periodísticos y literarios fueron teniendo. Por cierto, que las mismas dan material para escribir desde una novela hasta un relato corto, pasando por un reportaje sabroso o una obra de teatro tipo auto sacramental. Es lo que tienen los clásicos, son fuentes de inspiración.
Esta obra, como la mayoría de libros de Gabriel García Márquez, es necesario leerla con un buen diccionario a mano. Recuerdo en primero de carrera que nuestro maestro Gaspar Garrote, va el día de G, ya nos alertaba de que el diccionario era buen amigo de los periodistas, y que Gabo escribía desde hacía décadas con varios en su mesa de trabajo. Costumbre esta que también otros novelistas inteligentemente practican. Pues queridos lectores, tengan uno cerca cuando estén leyendo Vivir para contarla. Sentirán no solamente el talento y la sensibilidad de Gabo si no también la precisión con que emplea el léxico. Lo cual como lectores todos acabamos agradeciendo porque una vez consultado el vocablo, terminamos de entender la descripción, el retrato o el diálogo que acabamos de leer. En este sentido, se cumple la premisa de Ortega la claridad es la cortesía del filósofo. Por cierto, que ese antiguo hábito de recurrir al diccionario lo aprendió de su abuelo.
Escuchamos a García Márquez hablar de sus abuelos, de sus padres, de sus hermanos, en definitiva, de su vida y mundo, y sentimos que lo hace con amor, con pasión. Y es que cuando después de mucho batallar, y de haber probado los sinsabores de la vida, se logra vivir como uno quiso vivir, es normal que las emociones afloren en cada página.

Comentarios

  1. Qué gran reseña, enhorabuena una vez más, nada más que añadir, está completa.

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  2. Una reseña con pasión, de un gran apasionado que no muere. Se queda Gabo con nosotros.
    Saludos estimado Manuel.

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  3. Gracias Vianey, comentarios como los tuyos hacen que él y este blog sigan vivo. Besos desde Sevilla a Guadalajara.

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