Antonio Jiménez Paz: “Pobre de aquellos que prescindan de la filosofía”


El Rick´s Café se detiene a hablar y conocer más de cerca al poeta Antonio Jiménez Paz. Nos comenta del desasosiego que significa buscarse y también de la alegría de sentir que dos décadas después siente Tratado de ornitología (Baile del sol) como suyo. Habla claro sobre lo que piensa del tiempo que vivimos y goza de la ironía.
Han pasado casi veinte años desde la primera publicación de Tratado de ornitología, y ahora llega esta nueva edición por otra editorial. ¿Qué sientes y piensas echando la vista atrás desde que comenzaste a escribirlo?
Aparte de pensar que casi veinte años apenas son nada, pienso y siento sin rubor alguno que ese libro continúa perteneciéndome, que no encuentro razones para descartarlo; al contrario, me sigo reconociendo al releerlo tanto tiempo después como su autor. Inauguró no sólo una forma determinada de llevar a puerto mi todavía tanteante forma de escribir y concebir la poesía, también la manera de idear un libro de poemas como una totalidad. Su fórmula, su estrategia, esa manera fragmentaria de construir un libro de poesía, donde la importancia no recae en cada uno de sus poemas sino en el conjunto del libro, no me resulta hoy ajena. La he seguido practicando. Creo que incluso es un libro que me enternece, pues me trae recuerdos de mí mismo veinte años atrás, de mi desasosiego por encontrar un modo distinto de entender la poesía. Sí, releyéndolo actualmente, y expresado con sinceridad, me parece que mantiene su validez tanto tiempo después. Quizá sea este conjunto de percepciones la razón para aceptar hoy en día una nueva edición. Sólo corregí uno de sus poemillas, al que le añadí un par de versos, dejando el resto intacto, incluso con la secuencia de sus fotos originales intercaladas, tal como fue concebido desde un principio. Esa incorporación de imágenes no es meramente ilustrativa, siempre pretendieron multiplicar, amplificar, dar una vuelta de tuerca más a su contenido. Nunca podré olvidar aquella primera edición, su diseño tramado entre el dueño de la imprenta y yo, encerrados y rodeados de linotipias por doquier, cómo entre los dos conseguimos madurar aquel manuscrito en todos los sentidos, hasta casi y sin querer convertirlo en una rareza bibliográfica. La única ventaja que pueda ahora tener esta nueva edición sea que el libro puede llegar a más público, si tenemos en cuenta que su versión original, una tirada numerada y casera, de bajo coste, tuvo una difusión muy reducida, casi sin salir de una isla... ¿Volvería a escribirlo? Rotundamente sí. Lo considero un libro clave en mi trayectoria poética.
¿Cómo han evolucionado la persona, el poeta, Antonio Jiménez Paz desde entonces?
Qué duda cabe que ese que en su carnet de identidad figura como Antonio Jiménez Paz ha madurado, que los años no pasan en balde, que hoy es más viejo que antes sin apenas darse ni cuenta... ¿Y el poeta Antonio Jiménez Paz también? Por supuesto, ambos son el mismo, dos caras de la misma moneda, se relacionan y tratan entre sí. A veces hasta conversan sentados en un banco.
¿Cómo era ese amigo al que dedicas este libro? ¿Qué te aportó?
En mis libros procuro que nada sea gratuito. Por tanto ni una dedicatoria o una cita poética que aparezca en cualquiera de mis libros son caprichos. Nada en mi caso es gratuito. Todo tiene un porqué, está pensado, tiene una razón de ser, aunque a veces no resulte muy evidente para el lector. Podré haber acertado o no, pero eso es otro tema... En este caso la cita es una clave más del libro que se suma a lo que en él mismo se pretende plasmar, se suma a esa totalidad significativa de la que te hablaba antes... No puedo describirte cómo era ese amigo por el que me preguntas porque en realidad no lo conocí. La dedicatoria tiene un valor simbólico, no es alguien personal relacionado con mi vida íntima. Pero tampoco es que sea un misterio. Esa dedicatoria podrá descifrarla quien pueda tener noticias de un joven escritor y fotógrafo francés que murió de sida en 1991, tres años antes de la aparición de este libro. Su nombre, Hervé Guibert. Resultaría muy fácil dar con la clave de la dedicatoria quien conozca su obra, o al menos el título de una de sus más famosas novelas que publicó antes de morir.
El título de esta obra es osado o, al menos, eso sugiere. ¿Cómo llegaste hasta ese título?
No sé si es un título osado o no. Sólo sé que fue el único título que me pareció se ajustaba a la totalidad del libro, de su proposición, tanto temática como de construcción. Es uno de esos títulos que cuando das con él te dices a ti mismo: “no puede ser otro”.
En el breve estudio introductorio que hace el anterior editor de Tratado de ornitología, Ernesto Suárez, comenta de los problemas de distribución que tienen los artistas canarios desde hace por lo menos tres décadas. Tú que eres también editor y gestor cultural, ¿qué no se ha hecho o no se ha permitido hacer desde las islas, España y Europa para superar esos problemas?
Me aburre este tema, me aburre la canariedad, me aburre la españolidad, me aburre la europeidad. Desde que tengo uso de razón poética pocas cosas, en el sentido que apuntas, han cambiado. O dicho de otra manera: en lo cultural, visto desde cualquiera de estas tres ópticas, todo no ha sido más que un timo. Nada ha mejorado nada, ni con dinero ni sin dinero. El creador, en términos generales, se ha quedado fuera de la mejora, si es que alguna vez la hubo o para algunos la hubo. Vamos, que si a alguien ha beneficiado el timo es a los propios timadores. ¿Quiénes son? Todo el mundo sabe quiénes son. Al menos sospecharlo. Sólo sé que yo no lo soy ni es nadie de mi familia.
¿Cuál es la influencia de tu formación filosófica en tu poesía y en tu vida diaria?
Más de la cuenta. Pobre de aquellos que prescindan de la filosofía, que no adquieran al menos unos conocimientos básicos, porque nacerán y morirán sin haberse enterado ni de la mitad de la misa. La filosofía no es otra cosa que abrirse a la capacidad de la lucidez, de permitirte de forma voluntaria la posibilidad de formularte preguntas y, por tanto, de atreverte a responderlas aunque no lo consigas. El ejercicio del intento es ya un gran aprendizaje. Qué importante es ya de por sí que el ser humano abra una interrogación en medio de su vida. La vida es breve, la filosofía interminable.
¿Qué te atrae del pensamiento y de la figura de Heidegger? Heidegger tiene un toque dramático excesivo en su construcción filosófica de la existencia. Evidentemente la vida es complicada. Es tan humano reír como llorar. Ahora bien, en tu discurrir diario se nota la influencia de la ironía y de la alegría para la vida propia del pueblo canario y español.
De Heidegger me interesan sus escritos más literarios. Mi visión del mundo es tal vez más dramática que la de Heidegger, si es que esto puede tener consistencia dicho así. Puede que donde no coincidamos es en su enrevesamiento expresivo. Yo soy mucho más volátil transcribiendo este tremendismo, menos cargante en la traducción del mundo como drama. Pero por esa sola afirmación suya de que “el problema de la filosofía no es la verdad sino el lenguaje” mereció que pasara a la historia del pensamiento. Pero claro, yo no soy más que un poeta filosofillo y aficionado, él fue un gran filósofo. Y de alguna manera un gran poeta a veces. Así que para un poeta como yo con escribir “dolor” ya basta, me es suficiente para resumir a menos de la mitad la obra de Heidegger... ¿Cómo es posible prescindir de la ironía y de la alegría para describir el existencialismo? La ironía y la alegría van incluidos dentro del mismo concepto de “dolor”, no son cosas aparte. Las incluye, como podríamos decir que el concepto “alegría” incluye el dolor y la ironía. El dolor no se manifiesta únicamente llorando. El dramatismo del mundo es inexpresable. En este sentido Heidegger se perdió un poco. Creo que Heidegger llegó a pensar que sí que era posible, que lo conseguiría. En este sentido fracasó. Pero claro, consiguió abrir una puerta clave con esa aportación fundamental que comentaba al principio. Creo que a él le faltó alguien que le contara un par de chistes de vez en cuando.
Lo de la alusión que tú haces a “pueblo canario y español” creo que aquí sobra. Yo no soy hombre de nacionalidades. Son definiciones que para mí no tienen ningún sentido, a no ser como meras referencias puntuales geográficas y en determinados contextos.
En este poema: De nada sirve mi treta,/saber de ti/si jamás nos han presentado,/ pájaro de mis adentros. Parece que se quiere conocer a alguien desde la intimidad. ¿Una especie de amor platónico?
Si esa es tu conclusión creo que no has entendido el poema. No te culpo. Muchas veces la sencillez verbal provoca más problemas de comprensión que la verborrea poética.
En otro poema comentas que los pájaros vuelan pero tienen problemas para anidar. ¿Pájaros con miedos al compromiso de ser pareja?
El único que tiene miedo al compromiso en pareja soy yo, el Antonio Jiménez Paz persona real. Los pájaros no tienen problemas para anidar. El pájaro con quien seriamente tiene problemas es con el cazador, ese estúpido ser humano.
Y en cambio, el siguiente poema es una invocación a ese pájaro con mil y una noches con el que se quiere compartir tres o cuatro.
¿No ves que juego? Mucha de mi poesía es juego de imágenes, aúno muchas en una. Tres o cuatro versos, y en mi caso sin títulos –sin apoyo alguno para el lector--, siempre son más que tres o cuatro versos. Ahí se incluye una referencia paratextual a “Las mil y una noches”, y luego juego. El “yo” en mi poesía no es un yo personal. Reconozco que mi lenguaje poético es ambiguo y que este hecho pueda dificultar una interpretación por parte del lector. Así que creo que lo más justo para ellos no es interpretarlos, sino dejarlos que te entren por un lado y te salgan por el otro, dejarlos que te traspasen sin detenerlos. Si lees el poema hoy tendrá un significado, mañana otro distinto. Son escurridizos. Pero la llovizna también lo es y nadie se preocupa por evitarla, por desentrañarla: la gracia está en “dejarse lloviznar”. Sabe que la llovizna es llovizna, que pasa. Así creo que son mis poemas, al menos los de este libro, donde la importancia –ya lo dije más arriba– es su totalidad.
Son el sueño y el dormir, ¿terapias frente a la cruda realidad?
No. Más bien creo que son derechos a reivindicar dentro de nuestra cruda realidad. Dormir bien: ¿habrá algo más saludable para el ser humano? El problema de soñar es que uno tenga pesadillas, pero bueno. La mejor terapia frente a la cruda realidad es contar con un estado del bienestar asegurado y consistente, mínimo si así lo quieres entender. Dentro de poco tendremos que pagar un impuesto hasta por soñar. Es lo que nos falta ya en esta sociedad cruel que alguien o algo está intentando adrede resquebrarla aún más.
En estos versos de otro poema: como el primer pájaro/que se me abrió de hojas. ¿Reflejas el dolor por el desamor y cierta actitud de resentimiento?
No, para nada. No tiene nada que ver con la pregunta que me formulas. Es el lector el que tiene que dotar al término “pájaro” de contenido... Y te ayudo: supón que en lugar de “pájaro” leemos “libro”. Pero allá cada uno. Este poemario (palabra que no me gusta mucho), por su misma propuesta estética, que al fin y al cabo es una propuesta estética del juego, está necesitado de un lector con un papel predominante para poder completar su sentido, cualquiera de sus sentidos posibles.
Caramba, amor,/cuán breve es el pájaro/ de tu nombre. ¿Por qué el amor es breve?
¿Que por qué es breve? Porque si no, no sería amor.
En todo el poemario, hay solo dos poemas que llevan título o encabezamiento. Uno, Obligado ser pájaro. El otro, Pajarillo. ¿Qué te impulsó a esos matices?
Eso no es así, no. Sólo hay un poema en todo el libro que lleva título, y que es el último, el que lo cierra como colofón. Tal poema es el que humaniza el poemario, de tal manera que el tratado de ornitología anunciado no viene más que a tratar sobre el pájaro más tonto de todos: el ser humano, ése que precisamente sabe de antemano que no está dotado para volar, que su mayor logro es el fracaso.
Ese otro poema al que te refieres, y que está dentro –no sé ahora en qué página concreta del libro– no es un título. Es... es... es... ¿cómo te diría? Una especie de señal de tráfico, una indicación en medio del camino, un cartel en medio de la autopista, una orden. De ahí que aparezca en mayúsculas. Pero no es un título sino el primer verso del poemilla.
¿Por qué Dios es ave como los buitres? ¿Qué tipo de ave es?
Dios es ave porque de alguna manera se afirma de él que está en todas partes. Es decir, vuela. ¿Que qué tipo de ave es? La más carroñera de todas las existentes y pensables, con perdón para los buitres.
¿Qué tienen las pocas ciudades que hacen fiesta en honor a las aves? Nos puedes citar algunas.
Que suelen ser las más habitables y agradables. ¿Te imaginas que una ciudad instituya una fiesta cada vez que un pájaro cante? ¡Sería la repera! Y sus habitantes mucho más felices... Y no, no conozco ninguna, así que no te puedo citar una.
En tu blog, http://antoniojimenezpaz.blogspot.com.es/, podemos disfrutar de tu mirada llena de ironía con títulos de futuros poemas. Es una mirada hacia el universo cotidiano en el que vives. ¿Qué rayos de luz, además de tu visión irónica, aprecias en este mundo personal, familiar, mediática y socialmente en crisis?
Este blog es para mí un entretenimiento, donde conjugo algo tan vulgar como una foto de móvil sin tratamiento técnico alguno con un breve texto algo creativo, ambos de mi autoría. Viene a ser como un laboratorio experimental, con unos logros más que irregulares... En cuanto a tu pregunta, vaya por delante que para mí la ironía no es una defensa ante algo o alguien. Es un valor como el que más, y no sé bien por qué a veces en muy baja estima. Una cosa es ser irónico y otra “hacer el payaso”, con perdón hacia los payasos esta vez... ¿Que qué rayos de luz aprecio en este mundo personal, familiar, mediática y socialmente en crisis? Ninguno: esto que estamos viviendo va a convertirse en un agujero negro si continuamos permitiéndolo. Para empezar, no hay crisis en ninguna parte, esto de la crisis no es más que una farsa, un sustantivo amañado para ocultar lo que está sucediendo y que realmente es otra cosa. Pero me parece que gran parte de la ciudadanía es culpable de alguna manera, en el sentido de que se lo cree y permanece impasible. Y esto ya me parece muy grave... La poesía, en circunstancias como esta, apenas nos sirve para nada, por no decir que rotundamente para nada, tal vez en contra de lo que piensan muchos poetas.
Antonio, tú que también nos deleitas con tus entrevistas, sobre qué te gustaría hablar que no hayamos hablado.
No sabes cuánto te agradezco que no me hayas sacado algún tema. Gracias.

Comentarios

  1. Gracias, Manuel, por esta entrevista, por tu manifiesto interés en mi humilde libro de poemas.
    Un abrazo.

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  2. De nada Antonio, ando releyéndolo. Un abrazo.

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