El capital, tiburones sin escrúpulos


    La película de Costas Gravas refleja con claridad lo que es el mundo de los negocios financieros desde los años ochenta hasta nuestro tiempo. Una minoría que solo vive para acumular dinero, poder y egolatría, y no repara para ello en los medios y actuaciones para alcanzarlos. Van quedando al margen los compañeros de trabajo, la pareja, la familia, las amistades, o el pararse a sentir la vida. En cambio, otra serie de realidades y circunstancias emergen con fuerza destructora: las reducciones de plantilla en cualquier sede de la compañía con el único propósito de lograr los millonarios pluses por objetivos cumplidos y el avaricioso enriquecimiento de los accionistas del consejo de administración. Aparece la mujer objeto, interpretada por una de las modelos de pasarela del momento, para crearle un morbo nocivo y adictivo alrededor de su cuerpo anoréxico y del consumo de drogas. Aparece ese mundo oculto y real de discotecas y restaurantes a los que se llega en limusinas, en el que se practican ritos orgiásticos. Al hijo se le intenta tener contento regalándole caprichos y suministrándole dinero en forma de tarjeta de débito. Se hacen falsas amistades al estilo de los magnates de la segunda mitad del siglo veinte, que se relacionaban con unos y otros en función de los intereses que puedan sacar. Por eso, cuando un tío del protagonista, Marc Tourneuil, le canta las verdades en la mesa durante la comida, el presidente ejecutivo recurre a una falsa llamada del móvil para ausentarse. Aquel sabio hombre le ha puesto frente a su espejo, al más puro estilo de Dorian Gray.
El estilo narrativo de este film concuerda con las historias de vida que pretende transmitirnos. La rapidez desmedida, el estrés, la ansiedad, el vivir con vértigo cada momento de cada día. En definitiva, la existencia de unos autómatas. En este sentido, la aparición de elementos tecnológicos como las grandes pantallas televisivas, las videoconferencias, el avión privado o los móviles, muestran las trayectorias de seres que han dejado de ser personas. Esa obsesión por el poder y lo material, en lugar de usar con sapiencia esos recursos, les lleva a sentirse alguien por el hecho de utilizarlos. Son unos Don Alguien en el mundo oficial y de la imagen falsa. No son nadie en el mundo real de las personas.
El título de esta película tiene una clara intencionalidad y recuerda al libro de Marx para establecer una prolongación entre el siglo diecinueve y el veintiuno. Curiosamente, Tréveris, la ciudad donde nación Karl Marx, es fronteriza con Francia, Bélgica y Luxemburgo. Esta cinta está centrada en una compañía financiera de capital francés, pero que lucha dentro de un mundo globalizado injusto, en el que los paraísos fiscales como el luxemburgués y otros están haciendo un daño terrible a los ciudadanos de cualquier país. Y todo ello con el consentimiento de gente de la política oficial que se sienta en Bruselas y otros lugares afines.
La recreación de esas condiciones y escenarios es magnífica, gracias a la excelente labor de interpretación de los artistas, a la dirección del cineasta, al trabajo del equipo de producción y a la calidad del guión. Todos y cada uno de ellos meten al espectador en la trama que pretenden narrar. Costas Gravas y compañía juegan a lo largo de El capital con un sabio recurso narrativo: poner al personaje principal en la tesitura de las trayectorias posibles, y recurre a los flash back para concretarlos. Ese método está cargado de una profunda huella humana y, por tanto, filosófica. Es lo que Ortega y Marías denominaron trayectorias biográficas. Vemos aquí cómo lo que con tanta pasión y conocimiento de causa Marías explicaba en sus cursos se hace evidente: lo que pasó y lo que pudo haberse evitado. Y, por tanto, ser de otra manera.

Comentarios

  1. Sinceramente, buenísima, a mi me dejó helado, aún después de dos semanas, al pensar en esta "película", entre comillas, porque no hay mucha diferencia de la realidad, si cabe aún más grotesca, patética y oscura, no tengo palabras... Manuel, gracias por guiarme hasta ella en su momento.
    Tuve la suerte de verla solo y concentrado en cada detalle, por eso también digo, no es una película que volvería a ver, a diferencia de otras, no porque sea mejor o peor, si no por su dureza, realidad y el dolor que me profirió. Yo aún soy "persona".
    Un abrazo.

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  2. Espero que ese dolor pase por dos motivos: el primero, ese proceso de crecimiento personal que implica. El segundo, porque logremos acabar con esa cruda realidad, lo que nos permitirá crecer a la mayoría de las personas, familias, grupos y sociedades.
    Un abrazo.

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