SOS en República Centroafricana

Población de Bangui reclamando sus derechos frentes a tropas rebeldes Seleka.
En Europa, la mayoría de la población está acostumbrada a ver imágenes de África a través de documentales. Por delante de los ojos de los europeos pasan escenas de bellas praderas, de animales morando o al acecho; son idílicas. Sin embargo, esas vivencias que cooperantes y misioneros en República Centroafricana han podido vivir hasta que se desató la Guerra Civil, hoy son efímeras. Esos hombres y mujeres sueñan con volver a vivirlas. Pero a estas horas son imposibles. El saqueo como en todo conflicto bélico afecta a cualquier persona y entidad. Desde Bangui, nuestra fuente misionera nos informa que la sede de la multinacional alemana de transporte DHL ha sido víctima de la rapiña. Sus empleados salieron a la huida cuando los rebeldes Seleka llegaron a las puertas de la capital centroafricana.
Los almacenes de esa empresa han sido desvalijados, las bolsas abiertas para ver qué contenían. En varias de ellas había importantes medicinas para atender a la población centroafricana a la que el cuerpo de cooperantes y misioneros sirve desde hace años. También la salud de esos hombres y mujeres que atienden a los más necesitados sufre las repercusiones del desastre civil y bélico. El comboniano con responsabilidad sobre la zona nos relata que durante su conversación con el encargado de la oficina de DHL descubrió que el paquete que esperaba también había sido robado, ya que había sido recepcionado por la entidad de transporte justo cuando los Seleka tomaron Bangui. Él conservaba la esperanza de que aún permaneciera en la cercana ciudad de Douala o en el aeropuerto, pero la triste realidad es otra. Dentro de su desgracia, se congratula de disponer una caja de Plavix para un mes que le regaló el dueño de la farmacia, otra de Onnis de 0,4 gramos, y el Tenormin. Sin embargo, teme a quedarse sin el Losartan.
El drama sanitario y de acceso a los fármacos imprescindibles crece a diario como consecuencia de que las conferencias telefónicas y cibernéticas cuestan el equivalente al precio de un diamante. Pero también la angustia y la impotencia se agudizan porque aunque pueden informar a sus compañeros de Bangassou, luego se topan con otros problemas: los pilotos de avión han huido hacia Camerún, los continuos robos que han sufrido de coches impiden llevar el carburante y la bomba de combustible al aeropuerto de Bangassou, y a día de hoy no les queda suministro de gasolina.
Ciudadanos centroafricanos víctimas de la guerra y de la depauperación.
A pesar de esa situación cruda, el comboniano y sus cooperantes le dan vueltas a sus cabezas para ver cómo hacer posible el viaje. La falta de sueño durante estas semanas les está afectando a la hora de tomar decisiones ante el dolor y la barbarie que soportan.
Entre las informaciones valiosas que ha recibido en estas jornadas, destaca que el Doctor Barthélemy Bagaza se encuentra en el Congo. Se vio obligado a cruzar el río, lo que significa que también había perdido el coche de esa unidad médica. Barthélemy Bagaza era el único médico cualificado para atender a la población de Damara. En aquella ciudad, Bagaza tenía la responsabilidad sobre el centro de salud que daba sus servicios a unas 29000 personas.
Desde España, la comunidad de cooperantes y misioneros ha comenzado a recibir las primeras ayudas. La ONG Manos Unidas ya ha contactado con él para ofrecerle ayuda económica en las ciudades en las que trabajan mano a mano. Es consciente de que también podrá contar con el auxilio del resto de provincias combonianas. La carencia de sueño, la impotencia, el dolor y la amargura, sin embargo, están siendo combatidos con una esperanza y capacidad de superación que estremece a cualquiera. Si no hay coches, recurriremos a las motos, al menos hasta que podamos disponer otra vez de aquellos, añade lleno de coraje.
En las guerras, las infraestructuras y los medios de comunicación son estratégicos para los ejércitos enfrentados, e intentan controlarlos con el fin de hacerse fuerte y debilitar al rival. En el caso de la República Centroafricana no iba a ser menos, y como en todo conflicto armado es la ciudadanía la que a diario más sufre en todos los sentidos. El pueblo se ve obligado a pagar los impuestos revolucionarios e injustos que se establecen sobre la marcha. En Bangui prefieren pagar los gastos del aparcamiento de la zona portuaria con el fin de conservar los contenedores de mercancías imprescindibles para la vida diaria. En la ciudad de Alindao se han quedado sin luz ni Internet ya que los rebeldes Seleka han robado las placas y baterías de las viviendas e instituciones. Desde Bangassou se intentará llevar las que no han tocado.
Entre las buenas noticias que desde la fuente comboniana se nos transmite está el hecho de que en la ciudad de Ouango se han salvado por ahora del saqueo la gente, la casa de la misión y el coche.
El problema de República Centroafricana forma parte de un entramado geopolítico que afecta a toda la mitad norte del continente inundada de grupos afines a Al Qaeda. En la frontera con Camerún, en la ciudad de Berberati, la cuarta más grande de República Centroafricana, un antiguo grupo rebelde ha retomado sus actos terroristas. Mientras eso ocurre, en el país vecino de Uganda, los militares americanos y ugandeses se retiran de la zona este del país con lo que las poblaciones civiles ugandesa y centroafricanas se quedan indefensas ante las acciones del LRA y de los Seleka.
El día a día sigue en Europa, en República Centroafricana y sus países hermanos. Toca preguntamos ¿qué más tiene que pasar para que de una vez intervengan los que tienen poder para hacerlo?, afirma nuestra fuente en territorio centroafricano.
Mientras esa demanda civil cristaliza, a cada ciudadano de acá y de allá queda la posibilidad de ejercer la presión a la Unión Europea y a la ONU a través de:
Podéis también colaborar a través de esta cuenta abierta para la reconstrucción de Bangassou:
C/C del Banco Popular nº:  0075-3060-23-0602652779

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