El poeta Juan José Espinosa lanza un mensaje de paz vivido


El pasado jueves 11 de abril, el poeta Juan José Espinosa nos habló sobre El silencio dentro del Ciclo Encuentros para el diálogo. Dedicó su ponencia a Pepe Nieto, Puri y Antonio Rayo. Tras la presentación que corrió a cargo del coordinador del ciclo Eugenio Silverio, Espinosa se arrancó con un poema a través del cual notamos el albero, vimos la luna, meditamos acerca del transcurrir del tiempo, escuchamos el sonido de la campana y entre todos ellos sentimos la figura de la muchacha. Nos pidió el poeta silencio, y lo vivimos en comunidad. En la Sala del Centro Cívico Las Sirenas, palpamos el cantar de los pájaros, el crujir de la madera, el movimiento de las ramas del naranjo y los matices de la luz.
A partir de ahí, nos anunció la llegada de la palabra-silencio. Un concepto que va unido al poder sanador del silencio, a la capacidad que nos aporta el silencio para crecer, y también al efecto pernicioso que tiene el silencio porque nos pudre por dentro. Espinosa hizo mención a la sensibilidad que tuvo Robert Boyle para oír el latido de su corazón. O ese talento de Juan Ramón Jiménez a la hora de hallar la música de todo, ya fuera la mar o la calle. Y, tras un silencio personal compartido con la audiencia, nos lanzó la pregunta ¿qué significados tiene el silencio en las relaciones interpersonales? Para contestar acerca de la ambigüedad que el mismo encierra en las múltiples circunstancias.
  Llegó otro momento álgido de su intervención cuando afirmó que en el silencio ocurre la revelación. La persona se reencuentra consigo misma. El silencio es ausencia de ego, de ruido interno. Permite reencontrarse y re-expandirse. Es lo que se conoce, citó Espinosa, como meditación amplia. Recurrió el poeta a Mahatma Gandhi para recordarnos que el espacio que hay en la vida es el silencio. En este terreno unido al tiempo se expresa y hace su obra, ahí reposa su alma. Un espíritu, que al citar a María Zambrano, se tornó poesía, en palabras suyas soplo del espíritu. Y Juan José Espinosa regaló un trozo de su alma cuando al escuchar a una oyente tertuliana que le carraspeaba la garganta, se calló y le regaló a ella un caramelo.
Esa sensibilidad para la vida compartida emergió entre los asistentes otra vez cuando recitó los versos de César Vallejo de su poema Los heraldos negros:
Hay golpes en la vida, tan fuertes¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!
Apareció así la referencia al dolor, a los avatares de la vida, y Espinosa nos refirió la visión de Jung sobre el sentido del silencio más grueso como una lava que se derrama. Es lo reprimido, lo censurado. Como los buenos caminantes, que conocen los trayectos de las transiciones, el poeta Espinosa aludió a Gioconda Belli para mostrarnos la evidencia de que nadie pasa sin que le pase nada.
Y llegó el momento de la tertulia con un público que llenó la sala y se implicó con sus preguntas, reflexiones y matices a la intervención de Espinosa. Hubo reciprocidad, inter direccionalidad. Destacó la armonía que había creado el poeta junto aquel. En ambientes así, surge la tranquilidad, la paz, y se estimula el ser creativo que toda persona puede ser en cualquier circunstancia. Sobre todo en aquella en que aparece un ingrediente clave: el amor. La persona como criatura amorosa, para lo que aludió Espinosa a los versos de Joaquín Romero Murube:
Entre tus brazos de trigo,
paraísos de silencio.
Se cerró esta ponencia-tertulia aludiendo entre el lírico Espinosa y los asistentes a la necesidad de vivir con sabiduría porque ella implica elegir bien desde la bondad. 

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