Poesía desde la sabiduría de la vida



Tuvimos el pasado día 21 de marzo la alegría y fortuna de escuchar cantar poesía a Antonio Carvajal. Ese hombre callado que había estado escuchando glosar su persona y fecunda trayectoria poética a Vázquez Medel, Antonio Chicharro y Dionisio Pérez, de pronto tomó el testigo y alzó serena y grave su voz para recitar, modulando los tiempos y ritmos de los versos propios y ajenos. Lleva la poesía implícita en su biografía. La música de su voz quedó para siempre entre quienes le escuchamos y las paredes del Paraninfo de la Universidad de Sevilla.
Su poemario Sol que se alude, un magnífico trabajo que ha realizado el equipo de Dionisio Pérez del Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga, compila también Otros poemas afines y Cuaderno de Castilla. Esta obra ha sido reconocida con el Premio Nacional de Poesía 2012. El libro es bello desde su cuerpo. La cubierta negra juega con los colores blanco y negro para presentar al escritor, el título y la colección. El papel del interior de un grosor suficiente para que al pasar con nuestros dedos sintamos su presencia y a la vez gocemos del diseño y presentación de cada poema. Esa triada de colores reaparece para identificar los versos, a quién se los dedica y el título de cada poesía. Se trabaja con la cursiva y la redonda para facilitar la identificación de cada elemento. Los espacios en blanco tan necesarios para dar aire al lector también están presentes.
Va uno leyendo Sol que se alude y va sintiendo y meditando acerca de las preocupaciones, vivencias y emociones que al poeta y su mundo personal se les ha ido presentando a lo largo de su trayectoria. Se reencuentra con los amigos y maestros de este caminar: Aleixandre, Guillén, Jiménez, los Machado, Alberti, Elena Martín Vivaldi, Trina Mercader, María Victoria Atencia, Paco Mercado, Ramírez Milena… Podemos afirmar que con ellos y otros citados por el poeta estamos en disposición de trazar una serie de cuadros biográficos que conforman el mundo vivencial y circunstancial de este alboloteño.
Al escuchar los versos de Carvajal interiorizamos lo que varias generaciones presentes y ausentes de españoles y otros pueblos han vivido. Su visión iberoamericana late desde el poema inicial con el que arranca el poemario, dedicado a Ernesto Guevara. Su denuncia se hace lírica, lanza a quienes las cojan dos reflexiones profundas: una, el movimiento sísmico de la tierra, aquí hecho metáfora. En el texto bíblico, pura crónica. Dos, el dedo en la llaga, frente a los consentidores de ayer y su semejanza con los de hoy.
Y, a continuación, invoca la figura de su querido amigo y maestro Aleixandre, ese hombre capaz de vivir en un tiempo marcado por los extremismos y que se forjó el carácter y el ánimo capaces de torear a aquellos, y hacerlo defiendo la verdad, esa que no conoce de bandos maniqueístas y enfrentados, si no de la conciencia, coherencia y honradez.
Vamos de poema en poema, y nos recuerda a aquel Juan Ramón que no se interesaba por la vida de los casinos de su época y, sin embargo, sí disfrutaba hablando con el vecino agricultor o la chiquilla. En Carvajal esa experiencia vital se hace poesía de la mano de figuras sabias como Paco Mercado. El hortelano auténtico es maestro de vida porque no ha olvidado ni de la dureza que implica ganarse el pan cada jornada ni tampoco que llegará un día en que la sentencia latina mors certa, hora incerta, cualquier persona la viviremos. Pero mientras ese tránsito se vive y acaece, aquí tenemos a la poesía y los buenos poetas para gozar de ésta y tomarla como terapia frente a la amargura y la desesperanza.
Para Carvajal el verso es un canto frente a la miseria y los miserables; es una invocación al David hombre que se jugó la vida defendiendo la dignidad, verdad y justicia. Al estar viviendo, conoce el sabor de la victoria y de la derrota, y lanza su canción invocando a la luz y a la paz.

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